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Fabiola Santiago

Tal vez Cuba ‘no le deba nada’ a Estados Unidos, pero sí le debe mucho al pueblo cubano

El gobernante cubano Raúl Castro y el vicepresidente Miguel Díaz Canel en el Congreso del Partido Comunista cubano, en abril del 2016.
El gobernante cubano Raúl Castro y el vicepresidente Miguel Díaz Canel en el Congreso del Partido Comunista cubano, en abril del 2016. AP

La pregunta de la que depende la tambaleante relación de Cuba con Estados Unidos y las esperanzas del pueblo cubano por una vida mejor es: ¿Miguel Díaz-Canel, el aparente sucesor de los hermanos Castro, es por fin un reformista o un político de línea dura?

Un video de una reunión en febrero entre el vicepresidente cubano y miembros del Partido Comunista –mucho antes de que el presidente Donald Trump diera a conocer en Miami su nueva política sobre Cuba– parece responder esa interrogante .

La forma demasiado familiar en que Díaz-Canel atacó rabiosamente a EEUU no presagia nada bueno para el futuro. Tampoco lo hacen las revelaciones de que intenta acabar con la empresa privada, la prensa independiente y la actividad de los disidentes, aunque no representen una grave amenaza.

“No debemos nada a cambio” para tener mejores relaciones, terminó diciendo Díaz-Canel después de mencionar la invasión de Bahía de Cochinos y el embargo norteamericano, y presentar el régimen cubano –al que llama convenientemente “Cuba”, como si hablara a nombre de la isla entera– como el Santo del Caribe. Según su punto de vista, esclavizar al pueblo cubano bajo una implacable dictadura durante seis décadas no es nada y no merece ninguna sanción.

Díaz-Canel, de 57 años, suena y actúa como cualquier otro troglodita octogenario del régimen cubano.

Quizás la Cuba de Díaz-Canel no le deba nada a Estados Unidos, pero sin duda le debe muchas cosas al pueblo cubano.

Le debe el espacio para aprender lo que es ser una persona libre, no un ciudadano confinado a los caprichos del patriarcal estado cubano que dicta todo, desde la cuna a la tumba, y persigue y castiga a cualquier persona que se atreva a disentir del dogma aunque sea levemente.

Le debe a los cubanos una vida decente, como la que con tanto entusiasmo han tratado de buscar con las oportunidades que llegaron con la apertura estadounidense del 2014 y las tibias reformas económicas que bajo Raúl Castro le han permitido prosperar a algunos cuentapropistas.

Desde fabricar losas y jabones hasta los paladares, estas pequeñas empresas empiezan a solidificarse por toda la isla. Con escaseces, pero al menos es un comienzo. Sin embargo, hasta la semilla del éxito es algo que temen el dominante estado y Díaz-Canel. Es mejor mantener al pueblo sometido, con apenas lo suficiente para sobrevivir, y utilizar el poder del régimen para controlar a la población. Es difícil participar en la batalla de las ideas y en la política cuando hay que pasarse el día tratando de dilucidar cómo alimentar a la familia en una empantanada economía controlada por el estado. La única posibilidad de mejorar es ser un comunista leal para que entonces el estado le arroje al pueblo las migajas de los turistas que visitan un Disneylandia comunista.

Díaz-Canel está lejos de ser un reformista, y tampoco es mejor que los hermanos Castro.

Gracias a la maravilla del video, ahora comprendemos por qué el regimen emprendió una nueva ofensiva contra los populares paladares en La Habana, tras invocar eufemísticas “irregularidades” y anunciar que no daría nuevas licencias para nuevos negocios ni alquileres de casas.

También sabemos que el vicepresidente que se supone sutituya a Raúl Castro en el 2018 está también furioso con los disidentes que se hacen llamar la “oposición leal”: es decir, los socialdemócratas que no se consideran contrarrevolucionarios y no confrontan el dogma de la revolución cubana. Y que tengan cuidado la prensa extranjera, los blogueros y las embajadas. Los tiene en la mirilla. La censura no es ningún problema para Díaz-Canel, ha dicho con jactancia.

El aparente sucesor de la dictadura piensa que el espíritu emprendedor y alegre es muestra de amistad hacia Estados Unidos y “un diseño americano” para lograr “la reconquista política y económica” de Cuba. A lo mejor está hablando sobre la invasión de turistas norteamericanos en sandalias que financian la cúpula militar cubana. Sin embargo, ni siquiera el criticado presidente Trump tiene ambiciones de conquistador, solo quiere colocar su nombre en una torre y un campo de golf.

Este espectáculo de bravuconería no hace sino mostrar a las claras que el complejo de caudillo que tiene Díaz-Canel está aumentando. El Fidelito que palpita dentro de él quedó captado en video.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de agosto de 2017 a las 5:22 p. m. con el titular "Tal vez Cuba ‘no le deba nada’ a Estados Unidos, pero sí le debe mucho al pueblo cubano."

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