Fabiola Santiago

Kaepernick, Foerster y el doble rasero para juzgar la ‘caída’ del hombre blanco

El entrenador de la línea ofensiva de los Miami Dolphins offensive Chris Foerster en un entrenamiento de la NFL en Davie, Florida, en agosto del 2016.
El entrenador de la línea ofensiva de los Miami Dolphins offensive Chris Foerster en un entrenamiento de la NFL en Davie, Florida, en agosto del 2016. AP

Para mí, el aspecto más fascinante de los deportes no es el juego, ni quien gana o pierde, sino la interacción humana con las reglas, especialmente las que no están escritas. A pesar de la presencia y logros de las mujeres, sigue siendo un mundo de hombres. A pesar de la presencia y los logros de los negros, sigue siendo en lo fundamental un mundo de blancos.

Si usted es un fanático de los buenos, quizás no vea lo que yo veo.

Pero para los que ven ese mundo desde afuera como yo, la NFL estos días es como una placa de Petri, y vale la pena estudiar el comportamiento de los microorganismos.

La batalla del momento es por el derecho a arrodillarse en protesta por la injusticia racial cuando tocan el himno nacional. O, como hicieron los Miami Dolphins hace poco después que el presidente Donald Trump criticó fuertemente a los jugadores y amenazó a los dueños de equipos de la NFL por ejercer la libertad de expresión, mantenerse de pie con los brazos entrelazados con el dueño del equipo como muestra de unidad.

Nuestro presidente no entiende que es su responsabilidad defender nuestra libertad de expresión, no restringirla ni alimentar las críticas de aquellos a quienes nada les gustaría más que suprimir el primero y más precioso derecho que tenemos como estadounidenses. Los Dolphins le mostraron cómo respetar un punto de vista, y se ganaron así el agradecimiento de nuestra diversa comunidad, aunque no el apoyo de todos. Bravo por los Dolphins.

Pero ahora hay otra controversia que vale la pena estudiar porque expone aún más la gran división racial en este país.

Kijuana Nige, una ex novia de Chris Foerster, hombre casado y coach ofensivo de los Dolphins, colgó en los medios sociales un video del hombre consumiendo cocaína. Foerster se había grabado él mismo y le había enviado el video, dijo Nige. Foerster estaba por entrar a una reunión y quería decirle a ella con este gesto, y palabrotas sexuales, cuánto la extrañaba.

Nige, quien es negra, dijo que colgó el video debido a las críticas contra los jugadores de la NFL que protestan por la desigualdad racial. “A él (Foerster) lo justifican rápidamente, pero critican duramente a cualquier jugador de minorías por lo de himno, por poner a pelear perros, por marihuana, por asuntos domésticos…”, escribió ella.

Y tiene razón en el tema de la desigualdad racial.

La noticia sobre el video salió a relucir un domingo por la noche después que los Dolphins derrotaron a Tennessee 16-10 y los periodistas reportaron lo que vieron: Foerster oliendo cocaína. Pero el lunes ya estaban diciendo que había olido un “polvo blanco”, a Nige le sacaban los trapos sucios, y la rehabilitación de Foerster –quien aceptó la responsabilidad en un comunicado y renunció– ya estaba a todo vapor.

En una columna sobre los problemas que afectan continuamente a los Dolphins, un columnista del Miami Herald especuló que Nige quizás trató de sacarle dinero a Foerster. Un editor del Herald me dijo que “nunca se confirmó” que la sustancia que Foerster estaba oliendo era cocaína. Eso sencillamente se asumió. Por eso todos se echaron para atrás”.

Pero, ¿el comunicado de Foerster en que reconoció lo sucedido y renuncia no lo confirma todo? ¿En qué mundo estaría él oliendo talco, harina o azúcar? Si no era cocaína, ¿por qué renunció y se fue a la rehabilitación?

Es cosa de hombres, ya sé, y todo encaja y es válido en un contexto deportivo.

Solamente espero que la próxima vez que se acuse a un deportista negro de fumar marihuana digamos que estaba fumando “hojas verdes” y que le demos el mismo beneficio de la duda.

Foerster no tendrá problemas rehabilitándose.

Cuenta con el apoyo de familiares, abogados y un centro de rehabilitación, así como el importante respaldo de un mundo deportivo que, aunque de una manera sutil, ya está de su lado. Además, ¿quién sabe? A lo mejor escribe un libro y recorre el país predicando el evangelio antidrogas. La buena literatura no llega a los populares programas de talk show, pero este tipo de cosa sí.

Nadie va a odiar visceralmente a Foerster. Nadie le va a decir que no es un patriota. Nadie considerará el hecho de que consume drogas como una razón contra el derecho de todos a disfrutar sin drama de un juego de football.

Los hombres blancos no se dañan mucho al caer.

¿Y los negros? Se les acaba todo.

Pregúntenle a Colin Kaepernick, cuyo acto de valor para llamar la atención sobre los numerosos casos en que la policía ha disparado contra hombres negros desarmados ha resonado entre los humanistas pero no en la NFL. Kaepernick no puede encontrar un equipo de la NFL que le dé trabajo, y el comisionado de la liga ordenó que quiere que todos los jugadores se mantengan de pie durante el himno nacional. Es lamentable.

A diferencia de Foerster, Kaepernick no tiene nada de que arrepentirse. Esto todavía es una democracia.

Kaepernick no se mostró oliendo cocaína en un video, pero se enfrentó al establishment blanco de Estados Unidos en uno de sus foros e industrias más queridos: los deportes.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

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