Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: El sueño de la universidad

Tal como suelen hacerlo muchos de estos niños, Giancarlo Tejeda mantuvo en secreto el estatus migratorio de su familia.

No confiaba en sus maestros favoritos ni en sus condiscípulos, no hablaba de las vicisitudes de sus padres, ambos maestros en Colombia que ahora se ganaban la vida modestamente en la economía clandestina de Miami — él en la construcción y ella limpiando casas — sacrificando sus profesiones por el futuro de sus hijos.

“Yo sabía que tenía que protegerlos, mantenerme callado e integrarme”, me dice el joven de 18 años, ahora en el último año de secundaria en el Centro Educacional de Miami Lakes. “Y yo quería ser como los demás estudiantes. No quería ser diferente”.

Tan tímido como intelectualmente dotado, Giancarlo está hablando ahora sólo porque el secreto — que había sido traído a este país a la edad de 3 años y que a su familia se le había negado el asilo que habían solicitado — amenaza con descarrilar su sueño de toda la vida.

“La universidad, estudiar en la universidad es mi sueño”, dice.

Desea estudiar ingeniería biomédica y ha estado trabajando duro toda su vida de estudiante para dar el salto a la universidad, tomando una carga completa de clases de nivel avanzado a la vez que una segunda senda vocacional en la escuela sobre tecnología informativa.

Ocupa la vicepresidencia del club de ciencias e ingeniería en el Centro Educacional de Miami Lakes. El proyecto de mano biónica del grupo logró el tercer lugar en un reciente concurso regional.

Se está graduando con los más altos honores, los más altos grados y ha sido aceptado en la Universidad de Nueva York (NYU por su sigla en inglés) y en la Universidad de la Florida (UF). Sin embargo, debido a su situación legal — un DREAMer (status concedido por el presidente a estudiantes que llegaron al país en su niñez con padres ilegales) y por ende con estatus de acción diferida — no tiene derecho a recibir subsidios federales, ayuda financiera ni préstamos.

“A menos que él encuentre una manera de pagar su matrícula, sus libros y el costo de dormitorio y estancia, es posible que no pueda asistir a la universidad”, lamenta su maestra de literatura, Neyda Borges. “He tratado de hacer gestiones con UF y con NYU, pero no he podido encontrar mucha ayuda. ... Es realmente tarde en el año, los chicos tienen que aceptar o declinar sus ofertas de admisión antes del primero de mayo, y la mayoría de las becas y subsidios ya han sido otorgadas”.

Su maestra ha ayudado a Giancarlo a crear una iniciativa de recaudación pública de fondos en www.gofundme.com/rb6p5dtg. Personas generosas del sur de la Florida están enviando donaciones, y es algo reconfortante de verse.

Pero una educación universitaria puede llegar a ser muy costosa.

En NYU, la matrícula de un curso completo más los gastos pueden llegar a los $60,000 anuales. Pero gracias a la Legislatura de la Florida, que el año pasado corrigió algo que estaba mal y aprobó que DREAMers como Giancarlo puedan pagar matrículas de residentes del estado, él podría tener derecho a la matrícula estatal en UF, donde el costo de la matrícula y los gastos de vida para un estudiante de primer año, según la universidad, serían $20,590 al año.

“NYU es mi primera preferencia, pero estaría agradecido de poder asistir a cualquier universidad, incluyendo a FIU, en este momento”, dice.

Se requerirían los esfuerzos de una gran comunidad para vencer los obstáculos financieros y enviar a Giancarlo a la universidad a tiempo para ser parte de los estudiantes del primer año en el curso de 2015. Pero si hay un lugar en Estados Unidos que puede ayudarlo, apuesto a que son las personas generosas del sur de la Florida.

Giancarlo merece esta oportunidad.

“Le he estado pidiendo a Dios que nos ayude”, dice su madre Isabel Prada. “Él siempre ha sido bueno, inteligente, entusiasta y un colaborador”.

Para este chico inteligente a quien le encanta la ciencia, la robótica y que aprendió por sus propios esfuerzos a tocar el bajo y la guitarra, y lo hace en su iglesia, no fue difícil esconder las heridas y cicatrices del perpetuo estado de inseguridad que conlleva vivir anónimamente en las sombras de esta comunidad adinerada.

Y así se mantuvo callado demasiado tiempo, perfeccionando su inglés y avanzando en sus conocimientos de ciencia e historia a través de documentales en la televisión pública PBS. “Mis padres no podían costear la televisión por cable”, dice, “y a mi padre y a mí nos encantaba ver los documentales de PBS y luego discutirlos”.

El único error de cálculo de Giancarlo fue pensar que si lograba ingresar en una de las universidades de mayor prestigio, la aceptación vendría con una beca. Por lo que no le pidió ayuda a nadie en asuntos de finanzas ni reveló su secreto hasta ahora.

Era fácil en Miami, hogar de muchos niños de otros sitios, ser un rostro más y esconderse detrás de la máscara del éxito escolar.

No debemos nosotros, sin embargo, permitir que el silencio descarrile los sueños de un joven digno de triunfar en nuestra sociedad.

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