Demos gracias por la Primera Enmienda este Thanksgiving
En el primer Día de Acción de Gracias del presidente Donald Trump en la Casa Blanca, los peregrinos son prescindibles, y la dignidad de los medios de comunicación también.
Vestida de rojo festivo, su secretaria de prensa, Sarah Huckabee Sanders, enumeró el lunes ante el podio en la sala de prensa de la Casa Blanca las razones por las que siente gratitud en el Día de Acción de Gracias.
Su lista fue básicamente un resumen de las llamadas políticas de “ley y orden” y “Estados Unidos primero” del presidente Trump, y Sanders agradeció a los protagonistas encargados de defender el país, nuestras fronteras y nuestras calles.
El momento quizás pudiera haber pasado desapercibido como otra muestra superficial de retórica vs. sustancia, pero entonces Sanders hizo algo que ninguno de nosotros hemos visto en décadas como periodistas.
Literalmente obligó a los corresponsales que cubren la Casa Blanca a celebrar también la fecha.
No iba a responder preguntas, dijo, a menos que los reporteros dijeran qué agradecían esta temporada festiva.
Y no era juego.
Anterior a ella, el secretario de Justicia Rex Tillerson se paró en el mismo podio y anunció más sanciones contra Corea del Norte. Pero ahora los que no le siguieran el jueguito a Sanders no iban a poder hacer ninguna pregunta en esta última conferencia de prensa antes del Día de Acción de Gracias. O, como suele ocurrir, la desobediencia significó perder la oportunidad de no recibir respuesta a esas preguntas que cualquier periodista que se respete hace de todas maneras.
El espectáculo se convirtió en un agradecimiento forzado —muy al estilo de Trump— y ejemplo de cómo, en una conferencia de prensa que se trasmitía en vivo por C-SPAN, los poderosos medios de comunicación podían ser obligados a obedecer.
Uno por uno, los reporteros complacieron a Sanders con expresiones de gratitud por la esposa, los hijos, la salud, un bebé que está por llegar, etc. Un reportero probó fuerzas e intentó hacer una pregunta. De eso nada, lo interrumpió Sanders: no le respondería a menos que obedeciera sus reglas del juego. Y él obedeció. Sanders no le dijo nada relevante.
Yo miraba la conferencia de prensa y esperaba que alguien tuviera el valor de decir lo que algunos de nosotros estábamos pensando y Cecilia Vega, de ABC News, no defraudó.
“Yo estoy agradecida por la Primera Enmienda”, dijo.
A lo que solamente tengo una cosa que agregar: Señorita Sanders, yo agradezco que Trump no era presidente cuando llegué a este país.
Esta presidencia, sin corazón ni humanidad, es una afrenta a los valores de generosidad y buena voluntad, abundantes cuando esta refugiada cubana llegó en el otoño de 1969. Y dado lo que ha sucedido en los últimos 11 meses, este Día de Acción de Gracias no será como los demás. Será un celebración hueca marcada por la mezquindad, el escándalo y el espíritu antiinmigrante en la Casa Blanca, todo lo contrario de la historia de inmigrantes que celebra la fecha.
En medio de la farsa de gratitud de Sanders, la noticia real y no abordada fue que el gobierno de Trump eliminó el Estatus de Protección Temporal (TPS) a los haitianos, que da 18 meses para salir del país a 59,000 personas que sufrieron un devastador terremoto que dejó 300,000 muertos y quienes encontraron refugio en Estados Unidos.
Esta decisión inhumana, a pesar de las súplicas incluso de conservadores, ocurre poco después del apresurado y cruel fin del DACA, el programa que protegía de la deportación a jóvenes inmigrantes que llegaron al país cuando eran niños —estadounidenses por cualquier definición excepto su estatus legal— gente con tantos logros y una participación activa en sus comunidades que se han ganado el mote de soñadores.
Una exhortación al Congreso para que apruebe alguna versión del Dream Act este año hubiera sido una buena noticia este Día de Acción de Gracias. Una exhortación al Congreso para encontrar una solución permanente a la situación de los haitianos que llevan años establecidos aquí y que tienen hijos estadounidenses pudiera haber dado a nuestra comunidad razón verdadera para sentirse agradecida.
Pero este año no tenemos mucho de qué dar gracias.
Tenemos un presidente que va a pasar el Día de Acción de Gracias en su lujosa residencia Mar-a-Lago en Palm Beach, donde una cantidad importante de los trabajadores son extranjeros importados, ni estadounidenses de nacimiento ni inmigrantes. Las normas que él fija para otros nunca se aplican a este clásico Narcisista en Jefe.
Y además de mofarse del espíritu de la fecha, este Día de Acción de Gracias también nos obligan a participar en un tragicomedia que pisoteó uno de los principios sagrados de esta nación, una prensa libre e independiente.
No recuerdo los detalles de mi primer Día de Acción de Gracias en este país, un mes después de llegar. Pero mi corazón de 10 años acogió con gratitud a un gran país que había enviado al hombre a la luna y había dado refugio a mi familia.
Para nuestra verguenza, los peregrinos en la era de Trump solamente enfrentan rechazo.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de noviembre de 2017, 6:03 p. m. with the headline "Demos gracias por la Primera Enmienda este Thanksgiving."