Cada día que pasa aumenta el peligro para los ‘dreamers’
Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, debió haber estado en Miami el martes.
Para comenzar, pudiera haber echado un vistazo al futuro en una emocionante interpretación de God Bless America de un grupo a capela formado por alumnos de todas las Américas.
La presentación clausuró una reunión cumbre en la Universidad de Miami de líderes empresariales, religiosos, de la educación, políticos y cívicos de todo el espectro político. Con una narrativa poderosa, liderazgo y llamado a la acción, el momento que crearon pareció colocar a esta ciudad de inmigrantes en el lugar que le pertenece: en el frente de la batalla por la legalización de los jóvenes estadounidenses conocidos como los dreamers.
Es un esfuerzo en grande que debió hacerse hace tiempo.
Ya hemos visto suficiente sufrimiento, suficientes familias separadas. Hemos sido testigos de injusticia, partidismo y cobardía política. Hemos visto a demasiados de los nuestros dar la espalda a los inmigrantes — lo que ellos mismos fueron en su tiempo— y unirse al coro trumpiano de la demonización de la inmigración, el falso orgullo y patriotismo barato.
“Estoy furioso con la falta de empatía de mi comunidad”, dijo el empresario cubanoamericano y republicano Mike Fernández. Y esa furia lo ha acicateado a hacer algo. Fernández no sólo organizó la reunión, sino que ha formado el IMPAC Fund para financiar el esfuerzo por la legalización de los que viven sin autorización entre nosotros, algunos de ellos desde hace décadas.
Está furioso, agregó Fernández sin mencionar al presidente, con la retórica “planeada para dividirnos”. Ha tratado de dar la vuelta a la narrativa invitando a los dreamers a contar sus historias, a líderes legislativos a prometer su apoyo y a los defensores a fijar un curso de acción. Quizás fue solamente un subproducto del talento extraordinario que hubo en el salón, pero fue positivo sentir esa vibra comunitaria miamense que parecía haberse debilitado después de la última elección presidencial.
Pero en momentos en que al Congreso no le queda mucho tiempo para hacer lago con los dreamers, finalmente estamos haciendo lo que nos toca, y Fernández y los otros probaron que tenemos el poder económico y político para repeler la agresión del presidente Donald Trump contra los inmigrantes. Los dreamers no deben ser una pieza de negociación en el debate sobre la ley de gastos o la ley tributaria. No deben ser causa de división, sino una razón para unirnos.
En encuesta tras encuesta, la mayoría de los estadounidenses han dejado en claro que quieren que los dreamers se queden, que sigan avanzando en el único país que llaman suyo, y convertirse en lo que se merecen: ser ciudadanos plenos.
Los legisladores surfloridanos presentes —el republicano Carlos Curbelo y los demócratas Frederica Wilson y Ted Deutch— dicen que tienen los votos en el Congreso para aprobar ya una versión bipartidista del Dream Act.
¿Y ahora qué pasa?
Ryan, el presidente de la Cámara, debe priorizar el asunto de la legalización y pedir una votación de inmediato. Cada día que no no hace, Ryan coloca a los dreamers en peligro de deportación porque 122 pierden a diario la única protección que tienen, el programa DACA, que Trump anuló y que vence en marzo.
El primer paso es así de sencillo: Ryan tiene que convocar a una votación.
La presión entonces cambiará al Senado, donde también hay suficiente impulso para aprobar una ley.
Con el alboroto por la ley tributaria de Trump y la fecha tope del 8 de diciembre para financiar las operaciones del gobierno, no se debe restar atención a los dreamers.
Estos jóvenes —activos, enérgicos, comprometidos con su país— han probado una y otra vez que representan lo mejor de Estados Unidos.
Y en su misión, los dreamers ya están marcando la diferencia.
Nos están ayudando a todos a devolver la conversación, secuestrada por Trump y su búsqueda del poder, a la noble idea de que esta nación diversa la forjaron, y la forjan, olas de inmigrantes.
Sr. presidente de la Cámara, es hora de dejar de hacerle el juego a la división que siembra el presidente y proteger a estos jóvenes.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2017, 1:38 p. m. with the headline "Cada día que pasa aumenta el peligro para los ‘dreamers’."