Tras escándalos sexuales, los demócratas renuncian. Los republicanos siguen en las suyas
La elección de Donald Trump, el famoso empresario con un historial sórdido de comportamiento sexual indebido, y ahora la incapacidad de los republicanos de responder con medidas significativas a alegaciones creíbles de abuso sexual, han dejado más en claro que el Partido Republicano ya no opera desde ninguna altura moral.
Esos coros escandalosos de 2016 sobre la ley y el orden —¡Ilegales! ¡Delincuentes! ¡Violadores! ¡Que la encierren!— han probado solamente ser una proyección, a la luz de los escándalos políticos y alegaciones de acoso y abuso sexual por parte de hombres poderosos durante los últimos dos meses.
La manipulación engañosa de ciertos temas solamente dura un tiempo, y entonces la verdad sale a relucir con un sol.
Esta es la conclusión sobre las agresiones sexuales por parte de hombres en cargos públicos en Washington y en todo el país: mientras el senador Al Franken y el representante John Conyers, ambos demócratas, han renunciado a raíz de de alegaciones cada vez más fuertes de acoso y agresión, el depredador infantil republicano Roy Moore sigue en la campaña al Senado por Alabama, el Jamonero en Jefe Trump sigue en la Casa Blanca y Jack Latvala no se ha retirado del Senado de la Florida ni de la campaña por la gobernación del estado en el 2018.
A todos estos hombres republicanos los persiguen historias condenatorias de varias mujeres que alegan que las besaron a la fuerza, las toquetearon y, en el caso de Trump, incluso violación.
Los demócratas pidieron la renuncia de Conyers y Franken. Sin embargo, hasta ahora no se observa ningún impulso en el liderazgo republicano por abordar algo tan horrible y sórdido en sus filas. Ni en Washington, ni en Alabama ni en la Florida.
En materia de los escándalos sexuales, solamente los demócratas están haciendo lo correcto: colocar primero a sus electores —y la causa del derecho de las mujeres a la dignidad— renunciando, a pesar del alto costo para un partido derrotado que hizo grandes avances en las últimas elecciones.
La asombrosa diferencia en la reacción política fue evidente cuando Franken, un campeón de los derechos de las mujeres, anunció el jueves en el pleno del Senado que renunciaría en las próximas semanas. Al no poder hacer frente a una investigación de ética sobre alegaciones de que besó y toqueteó a la fuerza a varias mujeres antes de ser elegido, y también en el cargo, Franken reconoció que no podía “servir efectivamente” al pueblo de Minnesota.
Pero Franken no se calló la boca, y señaló que él renunciaba “mientras un hombre que ha alardeado en grabaciones sobre su historial de agresiones sexuales sigue en la Oficina Oval, y un hombre [Moore] que ha abusado repetidas veces de niñas hace campaña por el Senado con el apoyo total de su partido”.
¿No es esa la horrible verdad, republicanos?
En la Florida, un bastión de arrogancia republicana que apoya a Trump, la misma testarudez y falta de respeto por las mujeres que defienden sus derechos sale a relucir en momentos que Latvala se aferra a su cargo y a sus ambiciones políticas.
Rachel Perrin Rogers, principal asistente legislativa de Wilton Simpson, líder de la mayoría en el Senado, ha acusado a Latvala de acosarla sexualmente a lo largo de cuatro años, de tocarla indebidamente en un elevador en el edificio del Senado y de acariciarle una pierna en el Governors Club. Rogers presentó el mes pasado una queja oficial ante la Comisión de Reglas del Senado y se iniciaron dos investigaciones. Latvala niega haber hecho nada indebido y dice que todo es por motivos políticos.
Latvala debe renunciar y los republicanos de la Florida deben apoyar a esas mismas mujeres cuyos derechos reproductivos han coartado con tanto entusiasmo en la Legislatura.
Pero lo cierto es que la plataforma oficial del Partido Republicano, modificada en la realidad de esta presidencia, este Congreso y sus representantes en todo el país, es una gran falsedad. Los republicanos deben leer con cuidado lo que prometieron por escrito a a sus miembros. Las mujeres que cuentan lo que les ha sucedido no van a desaparecer. Y muchos están observando con cuidado cómo responden a todo esto los funcionarios electos. El 2018 está a la vuelta de la esquina.
La falta de una reacción contundente y apropiada al acoso sexual de los republicanos es un gran contraste con la actitud de los demócratas.
Eso fortalece la nueva y bien ganada reputación del Partido Republicano como partidarios de la agresión sexual, que no tiene nada que ver con la sexualidad, sino con la necesidad enferma de ejercer poder sobre otro ser humano.
Y el mejor ejemplo de ello está en la Oficina Oval.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de diciembre de 2017, 5:05 p. m. with the headline "Tras escándalos sexuales, los demócratas renuncian. Los republicanos siguen en las suyas."