La escultura de los jonrones en el Marlins Park pertenece a Miami
Miami, por Dios. ¿No vamos a dejar mucho a los arqueólogos del futuro para que estudien el paso de nuestra generación por estas tierras?
Creamos algo que con el tiempo se hace muy querido, y cuando uno menos se lo espera es borrón y cuenta nueva.
Ahora le toca a Derek Jeter, el nuevo propietario de los Marlins. No lleva mucho tiempo en Miami, pero ya quiere eliminar a nuestra Homer, la escultura de $2.5 millones que se activa con cada jonrón en Marlins Park, que no es de Jeter sino de los contribuyentes, quienes pagaron (gritando y pataleando) la mayor parte del estadio.
¡Manos fuera, Jeter!
Los Mets de Nueva York tienen su histórica y a veces problemática Manzana de los Jonrones. Los Medias Blancas tienen sus rehiletes explosivos, los Filis la Campana de la Libertad, y los Astros de Houston su locomotora del siglo XIX en lo alto del muro del jardín izquierdo.
Nosotros tenemos nuestros peces saltarines.
Homer puede ser tan picúo como los flamencos rosados en el jardín, pero es nuestra.
Homer nos llega al alma como un par de chancletas, lo mismo sea las que nos ponemos cuando nos hacen la pedicura o las que las abuelas usan para hacer cumplir las reglas en casa.
Estamos hablando del tipo de cosas que forman el carácter de una ciudad, los recuerdos, y es motivo de risa en esta comunidad políticamente dividida. A los niños les encanta el carnavalesco aparato y los visitantes de otros lugares quedan encantados por la monería tropical.
“Si no se enciende, incluso la gente que no le gusta empieza a quejarse: ‘¿Por qué no se enciende?’ ”, dice mi sobrino, que tiene boletos de temporada. “Cuando lo ves en acción, es fabuloso”.
Pero entiendo las razones de Jeter; con Homer no hay amor a primera vista.
La primera vez que vi a Homer, odié la escultura. Como pieza de arte, me pareció horrible.
Yo acababa de terminar un período de varios años como escritora de artes visuales en el Herald y mi sensibilidad de crítica se disparó. ¿Quién dice que ese tareco es una escultura? Me pregunté si el artista pop neoyorquino Red Grooms se estaba burlando de nosotros cuando soñó con todos esos colorines y símbolos folclóricos.
Dinero botado.
“Que se dediquen al deporte”, mascullé desde mi asiento detrás de primera base.
El dueño anterior, Jeffrey Loria, tuvo esa clase de efecto sobre nosotros.
Entonces sucedió algo mágico.
Era la Noche de la Herencia Cuba en el estadio y los Marlins jugaban contra los Rockies de Colorado. Había una atmósfera cargada en el estadio y afuera también. Ozzie Guillén, el agitador manager de ese momento, se había convertido en un paria de la comunidad por sus comentarios favorables sobre Fidel Castro. Hanley Ramírez era la estrella de los Marlins que había que seguir esa noche. Por los Rockies lanzaba el abridor más viejo de la liga, Jamie Moyer.
En la cuarta entrada, cuando los Marlins perdían de mala manera, el lanzador de los Rockies empezó a sudarla. Literalmente, desde mi asiento veía cómo se le cansaba el brazo, el uniforme empapado en sudor, una bola tras otra, mientras daba una base por bola tras otra a los Marlins.
Con las bases llenas, Giancarlo Stanton se acercó al plato.
Entonces Stanton golpeó la bola con tal fuerza que rompió el vidrio en la nueva pizarra de anotación.
Homer volvió a la vida, iluminándose en naranja, verde, rosado y azul para celebrar el jonrón de Stanton, y todos los jugadores que, uno tras otro, anotaban carrera. Desde la base de Homer empezaron a salir volando peces.
Eso es lo que se llama un jonrón con todas las de la ley.
Y así nos acostumbramos a Homer. Y ahora es una parte clave de la experiencia en el Marlins Park.
Los fanáticos —no los políticos, y lamento tener que empezar en mal tono con Jeter, pero tampoco él— deben decidir la suerte de Homer. Jeter debiera pensar en esto como una oportunidad de acercamiento al público. Divertirse un poco, poner el asunto a votación.
¿A quién le interesa si al alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, no le gusta?
Tampoco le gustaban nuestras bibliotecas en su primer período, quería deshacerse de todas, reducir presupuestos y horas de trabajo. Pero los electores le mostraron que estaba equivocado. Así que se hizo un converso, las financió e incluso se tomó una foto leyendo a los niños.
A menos que el alcalde los haya convencido a ustedes de que alguien le haya echado brujería a Homer, que impide que los Marlins ganen, no entiendo por qué se necesitaría la aprobación de Giménez.
Es a sus clientes a los que tiene que escuchar Jeter, a la gente de Miami.
Hemos pasado mucho con este estadio. Nos pidió tener paciencia mientras reconstruye la franquicia, pero si su coqueteo con el Ayuntamiento tiene que ver con dinero, que se olvide de eso. No hay más plata.
Escuchen lo que me escribió el lector Mark Minervino: Es “inaceptable tomar decisiones caprichosas sobre algo que es propiedad del Condado y los contribuyentes, sin dar a los ciudadanos una voz. Después de todo, Loria pagó 30 por ciento del costo total del estadio, ni siquiera la mitad. Los ricachones de Pinecrest, Cocoplum y Fisher Island toman así las decisiones para redecorar, pero eso es indebido para las propiedades financiadas con dinero público. El costo de sacar [a Homer del lugar] va a ser exorbitante, para no hablar del despilfarro de deshacerse de una obra de arte como esta. No mencionemos que es una pieza única, lo que hace casi imposible recuperar algo en una subasta. Después de acabar con un equipo al que básicamente le faltaban dos abridores para llegar al campeonato, basta ya. Dejen la escultura donde está, o pónganla en un referendo, de manera que nosotros, los contribuyentes, podamos dar nuestra opinión”.
Tiene razón. El Marlins Park es de los contribuyentes a quienes engatusaron para que lo pagaran. La escultura multimillonaria viene con el estadio.
Si no los convenzo con todo esto, imagínense lo que sucederá dentro de varias generaciones —después que el aumento del nivel del mar nos convierta en la Atlántida.
¡Lo que se van a divertir los arqueólogos al descender en escafandras para ver ese estadio que parece una nave espacial en el centro de la ciudad, miren adentro y encuentren a Homer!
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2018, 2:53 p. m. with the headline "La escultura de los jonrones en el Marlins Park pertenece a Miami."