Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Fabiola Santiago

Trump quiere eliminar la política de reunificación familiar que creó el Miami de hoy

Celia Llamo abraza a su hermana Amparo Llamo al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami, desde Cuba, en el 2006.
Celia Llamo abraza a su hermana Amparo Llamo al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami, desde Cuba, en el 2006. Archivo del Miami Herald

Hasta que Donald Trump entró en la política, sólo había escuchado a los republicanos denigrar abiertamente a las familias cuando no encajaban con su ideal de la unidad familiar de esposo y esposa. Era algo terrible cuando criticaban a las familias gay, a las familias de padres solteros y todas las demás configuraciones que aborrecen, en lo fundamental por razones de dogma religioso.

Pero la nueva guerra de los republicanos contra las familias inmigrantes es un golpe a la esencia de lo que el Partido Republicano decía representar: los valores familiares. Y su nueva herramienta y estrategia en esta ofensiva es golpear la psiquis del país con el término despectivo de “inmigración en cadena”.

Han tomado la frase directamente del diccionario de los supremacistas blancos y quieren hacerlo algo común para seguir tratando de colocar el debate nacional sobre la inmigración como un asunto de seguridad nacional.

Los republicanos lo usan para hablar mal de la reunificación familiar, uno de los fundamentos de la ley de inmigración federal de 1965 para dar a los familiares de ciudadanos estadounidenses prioridad en el sistema de cuotas que decide quién entra al país. Y es la política migratoria que creó el Miami de hoy.

Raúl Roger se reúne en el 2002 con su hija, Liset Roger (derecha) y su esposa, Nancy Pérez (izquierda), al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami. Roger no las veía desde que salió de la isla en 1994.
Raúl Roger se reúne en el 2002 con su hija, Liset Roger (derecha) y su esposa, Nancy Pérez (izquierda), al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami. Roger no las veía desde que salió de la isla en 1994. Carl Juste Archivo del Miami Herald

A los republicanos les parecía bien esa ley cuando la mayoría de los ciudadanos estadounidenses que reclamaban a familiares eran europeos blancos. Pero ahora que la etnia principal que reclama a familiares son los mexicoamericanos, el presidente Donald Trump y los republicanos la emprenden contra la inmigración legal.

Los republicanos de extrema derecha, quienes han encontrado en Trump el presidente perfecto para impulsar su agenda, usan la frase para justificar su plan de limitar las reclamaciones de inmigración a solamente cónyuges e hijos menores de 18 años.

En ese plan no cuenta la abuela, ni los hermanos y hermanas.

Y esto viene del mujeriego de Trump, quien ha salido a buscar esposa al extranjero más de una vez, pero en la Europa Oriental blanca, naturalmente.

Este es el mismo Trump que usó el sistema de visas para la reunificación familiar para traer de Eslovenia a los padres de Melania. Su hijo Barron no habría disfrutado del privilegio de vivir con sus abuelos maternos en la Trump Tower si lo que su padre desea ahora para otras familias estadounidenses hubiera sido ley hace un decenio.

El mismo Trump no hubiera llegado a la Casa Blanca si su abuelo paterno y su madre no hubieran seguido a sus hermanos a Estados Unidos.

Pero de repente es un imperativo nacional negar esa posibilidad a los ciudadanos estadounidenses de origen cubano, dominicano, haitiano, jamaiquino, colombiano, salvadoreño, chino, indio, para nombrar solamente a los principales grupos de inmigrantes afectados.

Jorge Ramos, presentador de Univisión y autor, tiene razón cuando dice que “cuando Trump dice que quiere poner fin a la ‘inmigración en cadena’ en realidad ataca a las familias hispanas”.

Y eso es exactamente lo que Trump trata de hacer —romper los sagrados lazos familiares, un factor clave del éxito de los hispanos en Estados Unidos— en complicidad con el Partido Republicano y personas con posturas de línea dura en materia de inmigración que acuñaron el término “inmigración en cadena” para deshumanizar a los inmigrantes.

Con las mismas características con que ha manejado otros temas y hemos llegado a aborrecer, Trump ha llevado el término a un nivel altamente tóxico.

En diciembre, Trump encontró la excusa perfecta para impulsar la frase después del fallido intento de un hombre de Bangladesh de hacer explotar una bomba en el Metro de Nueva York. Trump se apresuró a a decir que el hombre había “entrado al país como parte de la cadena de inmigración de familiares”.

Según esta lógica, ya deberíamos haber tomado medidas drásticas para abordar el problema de los asesinos en masa por blancos nacidos en Estados Unidos, ese grupo de blancos estadounidenses que asesinan a sus esposas y que aparecen todas las semanas en el programa Dateline de NBC, y todos los otros delitos que se cometen en el país en los que la mayoría de los agresores son blancos, nacidos en Estados Unidos, empezando por los delitos económicos.

Marie-Esperancia Fortin, de Naples, Florida, abraza a sus dos hermanas al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami, desde Haití, en 1996.
Marie-Esperancia Fortin, de Naples, Florida, abraza a sus dos hermanas al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami, desde Haití, en 1996. Carl Juste Archivo del Miami Herald

Según esta lógica, también debemos prestar atención a cómo estamos contribuyendo a la violencia y la degradación del país con el uso constante del vocabulario de los supremacistas blancos. Pero, en su lugar, seguimos insistiendo en más expresiones contra los inmigrantes, contra los musulmanes, lo que alimenta el odio dentro y fuera de Estados Unidos.

En vez de bajar de tono la repugnante retórica en su discurso del Estado de la Unión, Trump se puso a vender la separación familiar como una medida que “protege el núcleo familiar”.

Y en algo que ya es común en el presidente, repitió la frase “inmigración en cadena” dos veces en unos pocos párrafos, para entonces mentir vilmente al país sobre las visas de reunificación familiar.

“En este sistema inservible, un solo inmigrante puede traer a un número virtualmente ilimitado de familiares lejanos”, dijo.

Los únicos familiares que los ciudadanos norteamericanos pueden reclamar para recibir la residencia permanente o una visa son los cónyuges, hijos de cualquier edad, y padres y hermanos si el reclamante tiene más de 21 años.

La eliminación de esos ya limitados derechos lo único que hace es debilitar a las familias estadounidenses. Los abuelos y otros familiares con frecuencia se dedican a la importante labor de cuidar a los menores y mayores en la familia. El tener una red de apoyo fortalece a la familia.

Solamente un salvaje insensible como Trump puede defender lo contrario.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de febrero de 2018, 9:24 p. m. with the headline "Trump quiere eliminar la política de reunificación familiar que creó el Miami de hoy."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA