Fabiola Santiago

Pregúntenle a los 2,975 puertorriqueños muertos si la respuesta de Trump fue ‘fantástica’

El presidente Donald Trump lanza rollos de papel absorbente a residentes de Puerto Rico afectados por el huracán María, con quienes se reunió el 3 de agosto de 2017 en Guaynabo.
El presidente Donald Trump lanza rollos de papel absorbente a residentes de Puerto Rico afectados por el huracán María, con quienes se reunió el 3 de agosto de 2017 en Guaynabo. AP

Casi un año después de su paso, el número de víctimas mortales del huracán María en Puerto Rico asciende ahora a 2,975.

Es una diferencia colosal frente a los 64 muertos reportados originalmente por el gobierno, y la prueba más contundente de lo trágicamente inadecuada que fue la respuesta de la administración Trump al catastrófico desastre nacional. También es una acusación al liderazgo de la isla, que trató de ocultar el alcance de la devastación aferrándose obstinadamente a cifras imprecisas, incluso después de que investigadores científicos y medios respetados como el New York Times que cubrían las secuelas sacaron a la luz datos diferentes.

El gobierno ahora reconoce que casi 3,000 personas murieron en los meses posteriores al desastre ocurrido en septiembre. En su mayoría eran ancianos, enfermos y personas pobres sin acceso a la atención médica y las provisiones esenciales que necesitaban para sobrevivir.

Esto es 1,000 muertes más que las ocurridas en 2005 cuando el huracán Katrina azotó a Nueva Orleans y otras zonas de Louisiana, matando a unas 1,200 víctimas, desastre que el presidente Donald Trump caracterizó como una “catástrofe real” después de María en uno de sus esfuerzos por minimizar la tragedia de Puerto Rico.

Contemplemos la asombrosa estadística para una pequeña isla de 3.7 millones de personas y preguntemos: ¿Habría alguien que se atreviera a felicitarse por las labores de rescate y recuperación si esto hubiera sucedido en Florida o en cualquier otro lugar del territorio continental de Estados Unidos?

No obstante, y a pesar de la más reciente evidencia, Trump continúa en total negación y, cuando se le preguntó si debería reconsiderar la respuesta de su administración al desastre a raíz de las nuevas cifras, persistió en emitir nuevos autoelogios.

“Creo que hicimos una labor fantástica en Puerto Rico”, dijo Trump a los periodistas. “Todavía estamos ayudando a Puerto Rico. El gobernador es un tipo excelente y está muy contento con el trabajo que hemos hecho. Hemos metido miles y miles de millones de dólares en Puerto Rico y fue muy difícil. No olvidemos que su planta eléctrica estaba muerta antes del huracán. Si se consultan sus registros anteriores, se verá que esa planta estaba muerta, que estaba cerrada, estaba quebrada. Debían una enorme cantidad de dinero. La tenían cerrada. Y luego, cuando llegó el huracán, la gente dijo: ‘¿Qué vamos a hacer con la electricidad?’. No se trataba realmente del huracán. Eso ocurrió antes del huracán. Pero hemos invertido mucho dinero y mucho esfuerzo en Puerto Rico y creo que la mayoría de las personas en Puerto Rico aprecian realmente lo que hemos hecho. Pero Puerto Rico tuvo muchas dificultades antes de que fuera golpeado por la tormenta”.

Entonces, según Trump, Puerto Rico no tenía electricidad antes del huracán. No había luces encendidas en la isla. Los hospitales no tenían energía, etc., etc. Eso es una mentira colosal.

Antes del huracán María, la isla tenía una red eléctrica obsoleta y graves problemas financieros, pero miles de personas no morían por falta de elementos esenciales, como medicamentos para la diabetes, tratamientos de diálisis, alimentos y agua, ni por el calor sofocante. Tampoco es imposible para un país como Estados Unidos, con operaciones militares extremadamente bien financiadas, enviar auxilios rápidamente a una isla solo porque está rodeada de agua, como Trump dijo en su pueril explicación de la exagerada demora en responder apropiadamente al desastre.

En cuanto a esos miles de millones que Trump dice que le otorgó a Puerto Rico, se asignaron $38,000 millones para mitigar una catástrofe de proporciones históricas, pero el desembolso ha sido extremadamente lento.

“La administración mató a los puertorriqueños con negligencia”, dijo la alcaldesa de San Juan, Yulín Cruz, a CNN. “La administración de Trump nos hizo creer que estaban ayudando cuando no estuvieron a la altura, y no permitieron que otros países nos ayudaran”.

“Qué vergüenza para el presidente Trump”, agregó. “Es una pena que el presidente Trump ni una sola vez, ni siquiera (el 31 de agosto), haya dicho: ‘Me solidarizo con el dolor del pueblo de Puerto Rico’ ”.

Sin eximir de su responsabilidad por las propias fallas a las autoridades locales de Puerto Rico, ella no podría ser más precisa. Trump no mostró ninguna simpatía por estos ciudadanos estadounidenses que sufrían, y sí mucho desprecio en un momento dado, al calificar de holgazanes a los puertorriqueños.

Y si Trump, quien a mitad de su presidencia todavía ejerce como un principiante en Washington, piensa que con referirse al gobernador de Puerto Rico como “un tipo excelente”, iba a amortiguar la nueva indignación producida por las cifras revisadas que los investigadores de la Universidad George Washington están sacando a primer plano, está muy equivocado.

El gobernador Ricardo Rosselló, un republicano que recibió a todos los políticos que llegaron a la desolada isla para la consabida sesión de fotos y atendió amablemente a Trump, incluso durante el humillante lanzamiento de toallas de papel del presidente a una multitud, finalmente se disgustó lo suficiente como para responder sin cortés deferencia.

La respuesta de Trump al desastre jamás llegó a ser “fantástica”, señaló en una conferencia de prensa en San Lorenzo.

A Puerto Rico se le trató como “una colonia”, dijo Rosselló. Los auxilios se retrasaron en comparación con la forma en que se tratan otras emergencias en el continente. “La respuesta fue más lenta y la burocracia más excesiva”, racionando la cantidad de ayuda que llegó a las personas y obstaculizando las operaciones de recuperación, dijo.

Los puertorriqueños afectados recibieron $2,993 por familia de parte de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, informó el diario El Nuevo Día. Sin embargo, los afectados por Katrina, por Harvey en Texas, por Sandy en Nueva Jersey y otros desastres obtuvieron hasta $6,987 por hogar.

Si alguna vez existió, la fiesta política de amor Trump-Roselló ya terminó.

María es el Katrina de Trump, otra mancha en su presidencia, y nadie en la isla le va a ahorrar la verdad.

Lo mínimo que el presidente podía hacer era mostrar cierto remordimiento, cualquier cosa menos vocear autoelogios y felicitaciones.

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