Fabiola Santiago

A Trump no le gustan las preguntas de Jim Acosta. A Castro tampoco

Una pasante trata de quitarle el micrófono al periodista de CNN, Jim Acosta, durante una conferencia de prensa con el presidente Donald Trump el 7 de noviembre de 2018 en la Casa Blanca.
Una pasante trata de quitarle el micrófono al periodista de CNN, Jim Acosta, durante una conferencia de prensa con el presidente Donald Trump el 7 de noviembre de 2018 en la Casa Blanca. AP

Al presidente Donald Trump no le gustan las preguntas de Jim Acosta.

Ni tampoco le gustaron a Raúl Castro cuando el periodista de la CNN cuestionó al dictador cubano sobre el tema tabú de los presos políticos durante transmisiones en vivo difundidas dentro de Cuba y todo el mundo.

“¿Por qué tiene su país presos políticos cubanos?”, preguntó en español con acento de americano Acosta, cuyo padre cubano huyó de la isla en 1962. “¿Y por qué no los suelta?”.

La pregunta bomba de Acosta y el consiguiente intercambio con el irritado Castro fue punto culminante de la conferencia de prensa conjunta con el presidente Barack Obama durante su histórica visita a Cuba en 2016. Fue todo un bautismo en cuanto a reuniones presidenciales al estilo estadounidense para Castro, quien, acostumbrado a una prensa estatal aduladora, tartamudeaba confundido y contestó con una negación diciendo que le mostraran la lista. Una mentira que fue rápidamente delatada por los inventarios de presos y detenidos políticos publicados en Internet.

En otro momento en la larga historia de represión en Cuba, Acosta podría haberse encontrado en un avión de regreso a casa por haber puesto a Castro en aprietos. Pero el corresponsal jefe de la Casa Blanca de CNN en ese momento no recibió la patada.

Pero ahora sí la recibió —de parte de la Casa Blanca Trump. ¿Qué tal esa ironía?

CNN presentó una demanda y el viernes un juez federal ordenó a la administración que le devolvieran sus credenciales para cubrir la Casa Blanca inmediatamente. Pero este caso basado en la Primera Enmienda que garantiza libertad de prensa no ha terminado. Ya Trump dijo que cuando expire la orden del juez se los vuelve a quitar. Y la orden del juez Timothy J. Kelly fue limitada al argumento de CNN de que los derechos de Acosta a un proceso justo garantizados en la Quinta Enmienda fueron violados cuando le suspendieron sus credenciales “caprichosamente y arbitrariamente.”

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El periodista de CNN, Jim Acosta, entra la sala de prensa de la Casa Blanca el 16 de noviembre, después que una decisión de un juez le restauró la credencial que el gobierno del presidente Donald Trump le había suspendido. Manuel Balce Ceneta AP

Trump le quitó las credenciales a Acosta después de un irascible intercambio con el presidente acerca de la supuesta “invasión” de inmigrantes de México y el despliegue de tropas en la frontera como si fuera una zona de guerra. “Eres una persona grosera y terrible”, le dijo Trump a Acosta. “No deberías estar trabajando para CNN”.

Y para justificar el castigo, la administración acusó a Acosta de “poner sus manos sobre una mujer joven”, una pasante que fue quien invadió el espacio personal de Acosta para quitarle el micrófono que estaba usando para debatir las preguntas de Trump.

Para confundir al público, la Casa Blanca incluso ha llegado al punto de revelar una grabación adulterada del encuentro, que hace que las acciones de Acosta parezcan más agresivas y malinterpretan lo que sucedió. Configurar videos para hacer que alguien se vea culpable es territorio de Castro.

¿En qué país estamos?

Antes de convertirse en presidente, Trump estaba acostumbrado a una cobertura de prensa en gran medida positiva (y trivial) sobre su riqueza, su programa de televisión y su celebridad. Más tarde, durante la campaña electoral, exigió la atención de los medios de comunicación con un indignante reclamo tras otro que exprimía para lograr la máxima atención de los medios.

Pero el presidente Trump ha estado en pie de guerra con los medios de comunicación desde el primer día, refiriéndose a los periodistas como “el enemigo del pueblo”. Cada vez que no le gusta un informe o alguna opinión sobre un tema, lo llama “noticias falsas”. Ha tratado de intimidar a la prensa diciendo que eliminará las licencias de transmisión y reforzará las leyes de difamación. Molesto por perder el control republicano de la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad del periodo, se ha lanzado a despotricar en Twitter con comentarios épicos cada vez más desquiciados.

El odio hacia los medios de comunicación que está alimentando es peligroso y, si los estadounidenses valoran su libertad, no deberían permitirlo.

La demanda de CNN, respaldada por 12 organizaciones de noticias, entre ellas Fox News, partidarios de Trump, busca que Acosta vuelva a su puesto y argumenta que su eliminación constituye una violación de los derechos de la Primera Enmienda para informar libremente sobre el gobierno. Llame y escriba a la Casa Blanca y hágales saber que no es así como debe comportarse un presidente estadounidense, quien debe ser el principal defensor de nuestras libertades. Escriba un tuit al presidente, @realDonaldTrump, diciéndole que usted respalda a Acosta: #StandWithAcosta.

Hacer preguntas difíciles a nuestro presidente constituye el meollo de la democracia estadounidense. Es uno de los pilares que diferencia a Estados Unidos de los regímenes dictatoriales.

¿Podría Acosta haber formulado sus preguntas en un tono más neutral que, como ha sostenido el Instituto Poynter para Estudios de los Medios en la Florida, contribuye a un mejor periodismo?

Quizás.

Pero el estilo directo de Acosta no es razón para prohibirle el trabajo que ha desempeñado durante dos administraciones, y sienta un terrible precedente, un paso hacia la erosión de las libertades de prensa.

Al presidente Barack Obama no le fue mejor cuando Acosta, quien cubrió la guerra de Irak desde Bagdad, hizo preguntas sobre su subestimación de ISIS. Pero la diferencia radica en cómo respondió Obama; no con ataques personales contra el reportero, sino enriqueciendo sus argumentos y defendiendo su caso.

Trump critica a los periodistas porque no sabe cómo defender adecuadamente las políticas en las que cree, sin mentir ni agitar a su base de partidarios, y agitarse a sí mismo.

Es Periodismo 101: los periodistas hacen preguntas. A los entrevistados no siempre les gusta. A veces, se tiene el tiempo y el lujo de trabajar con preguntas difíciles y polémicas en una entrevista. A veces solo se tiene una oportunidad.

Este último es el escenario en las sesiones informativas de la Casa Blanca.

Como los dictadores que ha elogiado por ser “amados” por la gente complaciente, al presidente Trump no le gustaría nada más que estar rodeado de periodistas que lanzan preguntas halagadoras sobre su grandeza, su aptitud natural para la presidencia, y la elocuencia con la que eleva una conversación.

Pero gústele o no, los medios estadounidenses están despiertos y saben lo que está en juego.

Y, como lo sigo diciendo con demasiada frecuencia en estos días, esta sigue siendo una democracia, no Castrolandia.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.

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