Pese a encontrar resistencia, ‘el padre de la Miami moderna’ luchó por su visión
Si eres miamense conoces el chiste.
Si le ponen tu nombre a un parque o a una calle mientras estás vivo, la próxima vez que sales en las noticias es porque te acusaron de algo o vas directico a la cárcel.
“Tienes que morir antes de que pongan tu nombre en algo”, me dice Maurice Ferré.
Pero su tono jovial revela que está emocionado: el parque Museum Park del embarcadero de Miami ha sido nombrado Maurice A. Ferré Park en honor al visionario ex alcalde de la ciudad que gobernó durante seis períodos.
Y aquí está entre nosotros para saborear el momento.
“Creo que según ellos, de todos modos ya yo estoy cerca de ello”, dice Ferré, bromeando a medias. “Tengo 83 años y un cáncer agresivo”.
Es un luchador, siempre lo ha sido, y eso es lo que ha hecho con la enfermedad. El jueves, cuando los comisionados dieron la aprobación final al nombramiento, Ferré se presentó ante la Comisión de la ciudad y pronunció palabras de gratitud.
Su candidatura para el honor ya había logrado un milagro. El nombramiento fue aprobado por unanimidad en la primera lectura de la ordenanza presentada por el comisionado Willy Gort el 15 de noviembre. Incluso su antiguo enemigo, el comisionado Joe Carollo, tuvo elogios para él.
“Me conmovió mucho”, dice Ferré.
Le dicen “el padre de la Miami moderna” y no es una exageración.
Los ojos estaban puestos sobre Nueva York, no en el Caribe ni en América Latina, cuando Ferré, nacido en la aristocracia en Puerto Rico y educado en escuelas preparatorias de EEUU, comenzó a dejar su huella en Miami como joven empresario en la década de 1960, cuando la ciudad empezaba a recibir las primeras oleadas de exiliados cubanos.
Su padre, José Ferré, un industrial, pertenecía a los mejores clubes privados y en 1965 desarrolló lo que entonces era el edificio más alto de la ciudad, la New World Tower (ahora restaurada como 100 Biscayne). Poco después, el hijo, graduado de finanzas de la Universidad de Miami, quien trabajaba en la empresa familiar, ingresó a la política.
Fue elegido a la Cámara de la Florida en 1967, y se convirtió en 1973 en el primer alcalde hispano de Miami y el primero del país nacido en Puerto Rico.
“Sin embargo, no fui elegido por los hispanos”, recuerda Ferré. “El voto hispano fue menos del 5 por ciento... Yo era parte del mundo anglo porque era blanco y aristocrático y todo aquello que hacen de Estados Unidos un lugar híbrido y tan complicado... No era un ‘líder hispano’ y eso me dio la flexibilidad para hacer y ver cosas”.
Ferré me recuerda que fue alcalde hasta 1985 durante una década de agitación racial y social y un cambio demográfico vertiginoso, resistido por el establecimiento anglosajón, incluida la Cámara de Comercio y el Miami Herald.
La comunidad empresarial “pensaba que Miami tenía que mirar hacia el norte, no hacia el sur”, dice Ferré. “Mi posición fue que esto podría ser así, pero la geografía dice lo contrario. Puedes superar muchas cosas pero no puedes superar la geografía. El destino de Miami está ligado a nuestra geografía”.
Vio el potencial del distrito de Brickell Avenue, donde su padre había adquirido la propiedad del Dr. James M. Jackson, aquel Jackson del famoso hospital público, para convertirse en un centro bancario internacional. Y también vio la necesidad de que la ciudad adquiriera la mayor cantidad de tierra frente al mar para el disfrute del público y en consecuencia negoció transacciones para lograrlo. Entre los proyectos que encabezó estaban Bayside y Bayfront Park.
“La remodelación del centro de la ciudad comenzó con sus ideas”, señaló Carollo.
Y agregó: “No se puede hablar de Miami sin nombrar a Maurice Ferré. No puedo pensar en ningún funcionario que haya tenido más impacto que él”.
Ferré lamenta que parte de la zona del embarcadero se haya dedicado a estructuras de concreto como el American Airlines Arena (la gente que ve los juegos de Heat no disfruta de las vistas del mar), pero en esta etapa de su vida no quiere criticar demasiado y hacer que amigos como el dueño de Heat, Micky Arison, se enojen con él.
Sin embargo, presionado, dice que espera que el Parque Maurice A. Ferré, donde la Comisión del Condado quiere construir dos museos más, uno dedicado al exilio cubano y otro afroamericano, se “mantenga verde”.
No puedo estar más de acuerdo. Y sobre el tema de si el nombre del parque se debe ampliar a Maurice A. Ferré Museum Park para mantener la marca de la ubicación, como algunos han sugerido, Ferré dice que no tiene opinión al respecto.
“Debe ser el nombre como los miembros de la comisión estimen que sea”, dice.
De cualquier manera, sus partidarios están recaudando dinero a través de un fondo establecido en la Fundación de Miami para construir una entrada con su nombre en el parque o marcar su legado con una escultura o monumento comisionado a un artista de Miami.
A Ferré no le interesa hablar de nada de eso.
Sin embargo, está conmovido por el aprecio de Carollo.
“Las cosas nunca dejan de sorprender en Miami”, dice. “Esto es tan Miami”.
Y agrega: “Los enemigos ahora somos amigos”.
“Es por eso que todos nos quedamos aquí”, dice. “Es un lugar loco, lleno de sorpresas. Así que, ¡pa’lante!”.
Por su propia esencia de Miami y mucha más historia que la contada, este es un honor bien merecido.
Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.