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Fabiola Santiago

Algo huele mal con el alcalde Giménez y el trabajo de sus hijos

Los hijos cabilderos del alcalde Carlos Giménez se lucran al representar a clientes en negocios con el condado ante su padre. Aunque Giménez dice que no hay nada ilegal en el trabajo de sus hijos.
Los hijos cabilderos del alcalde Carlos Giménez se lucran al representar a clientes en negocios con el condado ante su padre. Aunque Giménez dice que no hay nada ilegal en el trabajo de sus hijos. El Nuevo Herald

Los hijos cabilderos del alcalde Carlos Giménez tienen derecho a ganarse la vida como les parezca. Pero no deberían poder salirse con la suya lucrándose constantemente al representar a clientes en negocios con el condado ante su padre.

Es nepotismo descarado y conflicto de intereses a simple vista.

La Comisión de Ética y Confiabilidad Pública del Condado Miami-Dade está repleta de consultas y quejas sobre Giménez y sus hijos, quejas que se remontan a cuando este fue elegido alcalde por primera vez en 2011. Sin embargo, nunca sucede nada al respecto.

Los hijos, uno de ellos cabildero registrado en el condado y activo, siguen apareciendo como empleados de contratistas o representantes de entidades que buscan hacer negocios con el gobierno de la jurisdicción.

¿Por qué los hijos del alcalde no pueden esperar al menos hasta que papá haya salido del cargo para competir por su parte del botín del condado? ¿El mundo no es lo suficientemente grande para que puedan hallar clientes y negocios en otros lugares?

El gobierno del condado no es una tienda familiar donde todos reciben su parte del negocio de la familia. Pero sí que lo parece con los hermanos Giménez, que presionan a favor del estadio de fútbol y otros proyectos relacionados, una pequeña propuesta para una fábrica de acero en Homestead y un complejo de rehabilitación, todos ellos en búsqueda de propiedades del gobierno para su construcción.

En el último episodio de la saga de lucrarse a partir del condado, su hijo Julio Giménez, un ejecutivo constructor, empleado anteriormente por el gran contratista de la jurisdicción, Munilla Construction Management, forma parte de un grupo que trata de afianzar las tierras del condado para construir una instalación de rehabilitación para jóvenes delincuentes mediante la entidad sin ánimo de lucro Neighbors and Neighbors Association.

El proyecto, inspirado en la calle Delancey de San Francisco, se describe como un complejo comercial y estancia para personas menores de 27 años que podrían vivir y trabajar allí como alternativa a pasar tiempo en las cárceles de Miami-Dade o después de su liberación.

Julio Giménez trató de minimizar su participación, y le dijo al reportero Douglas Hanks, quien reporta sobre el condado para el Miami Herald, que ofrece su tiempo como voluntario para apoyar una buena causa.

“Ofrecí mi ayuda”, dijo.

Si este no fuera un proyecto con enredos políticos, la organización sin fines de lucro, que tiene otros contratos con el condado no necesitaría la ayuda del hijo del alcalde. En un mundo ético, un buen proyecto logra una audiencia justa, sin importar quién tenga o no tenga conexiones. Pero este es el intento de un trato de apropiación de tierras públicas por parte de una persona que se gana la vida en la construcción y posiblemente se beneficie del proyecto a medida que avanza. Y esta persona es el hijo del alcalde.

Esta situación apesta.

Giménez se ha declarado impedido para tomar decisiones sobre el proyecto de rehabilitación; pero dejarlo en manos de las personas que trabajan para él es simplemente ajustarse dentro de los límites permitidos por la ley.

Como empleados suyos y personas nombradas por él, el vicealcalde Maurice Kemp y el director de Correccionales Daniel Junior son los suplentes del alcalde. Sus medios de sustento, las revisiones de su desempeño laboral y sus carreras dependen de Giménez.

El proyecto de rehabilitación y encarcelamiento, que forma parte de una polémica tendencia nacional por la privatización de las cárceles, está lejos de ser el tema más destacado entre los problemas de Giménez & Hijos.

El hijo, Carlos J. Giménez, es mediador del grupo David Beckham, y el alcalde Giménez ha revolado por toda la ciudad desde el inicio de la campaña para traer a la Liga Profesional de Fútbol (MLS) a Miami con Beckham y sus inversionistas en búsqueda de la construcción de un estadio —en terrenos públicos, por supuesto.

Padre e hijo. El estrellato de Beckham. Dinero grande.

Qué cómodo.

Y no, en este caso, Giménez no se declara impedido debido a un asunto técnico: el hijo es cabildero registrado en ese proyecto con la ciudad de Miami, no con el condado.

Estas son sutilezas, una verdadera discusión bizantina.

Todo es legal, insistió Giménez en una declaración emitida a través de su portavoz. Y rechazó entrevistas al respecto.

Giménez dice que declara cabalmente la relación, que informa al presidente de la Comisión del Condado, que emite una recusación y que deja las decisiones en manos de ese órgano gubernamental.

“Cuando fui elegido alcalde, le pedí a la Comisión de Ética de Miami-Dade una opinión sobre la política de recusación con respecto a los miembros de mi familia, y hago exactamente lo que recomendó la Comisión de Ética”, dijo el jueves. “Hay un proceso de recusación, y no tengo comunicación con los alcaldes adjuntos asignados a ningún proyecto del que me declare impedido. No tengo ninguna participación en absoluto”.

“La Carta Estatutaria del Condado explica los conflictos de intereses y los requisitos de recusación”, agregó. “Fue aprobada por la mayoría de los votantes del condado de Miami-Dade, y cumplo con ella”.

El acuerdo puede ser legal, pero no es correcto, y por supuesto, tampoco es justo para otros proveedores que no tienen la conexión con papi.

La relación les da a sus hijos una ventaja indebida. Papá es el más enterado. Incluso si Giménez permaneciera silencioso sobre los asuntos del condado con sus hijos, lo cual dudo mucho, el solo aspecto de constantes conflictos de intereses debería generar inquietud suficiente para todos.

¿Por qué se permite que esto continúe sin que se examine seriamente?

Le pedí comentarios al director ejecutivo de la Comisión de Ética y Confianza Pública, José Arrojo, quien fue nombrado para el cargo en septiembre pasado. Dijo a través de una portavoz que “se está poniendo al día sobre las opiniones pasadas con respecto al alcalde y sus hijos” y que me contactaría más tarde.

Tiene mucho que leer. Todavía estoy esperando.

¿Y qué pasa con la Comisión del Condado?

La convierte en un perro guardián improbable para Giménez. Lo último que quieren los comisionados es examinar asuntos familiares, ya que algunos tienen parientes en buenos empleos en el condado.

Todo esto es incestuoso y, al menos, el público merece saberlo.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de diciembre de 2018, 1:26 p. m..

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