Fabiola Santiago

Se desmorona el sueño de un museo de la diáspora cubana en Miami

El Museo de la Diáspora Cubana nombró directora interina a Carmen Valdivia, y la contraparte de la Junta Directiva del Museo que se opone al despido de la antigua directora, Ileana Fuentes, emprendió acciones legales.
El Museo de la Diáspora Cubana nombró directora interina a Carmen Valdivia, y la contraparte de la Junta Directiva del Museo que se opone al despido de la antigua directora, Ileana Fuentes, emprendió acciones legales. pportal@miamiherald.com

Es doloroso ver lo que está sucediendo con el Museo Americano de la Diáspora Cubana, cariñosamente apodado “El Cubano”, en un esfuerzo por moderar esa gran cantidad de magnas aspiraciones que encierra el nombre oficial.

Hay dos juntas directivas en conflicto, la directora fundadora del museo fue despedida, acusaciones de mala gestión, nepotismo, un presidente de la junta acusado de organizar un golpe de estado —y se ha causado mucho daño a una institución ya frágil.

Lo que debió haber sido una joya de museo, una exhibición permanente del arte y la cultura cubana en Miami, está enfrascado en un escándalo y en una demanda legal.

Política. Disensión. Incompetencia.

Es por eso que no podemos tener cosas buenas en Miami.

Como alguien que solía escribir de las artes y una miembro de la comunidad cubanoamericana, sabía que este museo iba a derrumbarse desde el principio.

Por un lado, nació con $10 millones en dinero de bonos aprobados por los votantes, entregados por la Comisión del Condado Miami-Dade para renovar el edificio de Coral Way donde actualmente se encuentra, pero no cuenta con una dotación privada e independiente con la cual pueda operar el museo.

Se debe asignar la culpa de ese error directamente a quien le corresponde: a los políticos que apelan a un segmento del mayor grupo de votantes del condado, un grupo demográfico que o bien se muda de Miami para jubilarse en una ciudad menos costosa o que lamentablemente es parte de una generación que se nos va.

No conozco ningún museo que exista sin un patrocinio constante y confiable, pero todos los involucrados asumieron el viejo dicho de que “si lo construimos, vendrán”. No llegaron en números suficientemente grandes y, lo que es más grave, tampoco llegaron los fondos privados.

¿Qué hizo el condado?

Volcar más dinero —financiación de $550,000— en un museo que solo abre los fines de semana.

Ahora el museo está bajo auditoría para establecer cómo se gastó la primera cuota. Debo agregar que este dinero fue otorgado por la Comisión después de que sus comisarios cubanos de línea dura se enfurecieran cuando el Pérez Art Museum Miami (PAMM), independiente, pero también subsidiado por el condado, organizó una fabulosa exposición multifacética de artistas radicados en Cuba junto con artistas cubanoamericanos.

Cuando digo que Miami es una ciudad de fantasmas que nos persiguen, esto es lo que quiero decir.

Detrás de las calamidades y la controversia hay una regresión al primer museo de arte cubano en Miami que sucumbió en llamas políticas en otro desagradable espectáculo cuando quienes querían exhibir el arte cubano hecho en la isla pelearon con quienes querían prohibirlo. ¿Quién quiere recordar los momentos cuando una bomba casera explotó en la puerta del pequeño museo?

Yo no; pero ya se sabe lo que pasa cuando olvidamos la historia.

En cuanto a los posibles donantes, verifiquemos la siguiente realidad: el dinero cubanoamericano grande está financiando un estadio de fútbol, causas sociales, justicia para la inmigración, educación y campañas políticas. Y está comprometido con financiar proyectos de arte y cultura prevalecientes que tengan un historial. Hay poca confianza en este museo, que se beneficiaría si fuera asumido por una institución educativa que pueda manejarlo adecuadamente, y no como si fuera un feudo privado o una plataforma política para un partido.

El poco dinero privado que recibió El Cubano tenía muchos compromisos: los donantes quieren imponer lo que debe exhibir el museo, qué tipo de museo debería ser, me dice un miembro de la junta. Un sector quiere que sea una vitrina que muestre la historia del exilio. El otro quiere que permanezca tal como se concibió El Cubano originalmente: una muestra de arte y cultura con la historia como telón de fondo.

Lejos de atraer público o fondos, las divisiones solo obstaculizan el ya desaventajado museo que tiene un historial de muestras demasiado reducido durante sus primeros dos años de existencia.

Un museo debe ser, ante todo, revelador, y con mayor razón en una metrópolis como la nuestra, con una gran oferta excepcional de arte y cultura que atrae a un público internacional sofisticado.

Para sobrevivir y prosperar, las exhibiciones de El Cubano deben atraer al público local y servir como destino a visitantes nacionales e internacionales. Debe ser un puente entre generaciones y comunidades, no convertirse en el proyecto de vanidad de ningún activista político.

Cuando se tienen coleccionistas privados de clase mundial que exhiben artistas cubanos altamente cotizados, un museo cubano debe tener la visión de exhibir con una precisión impecable lo que no estamos percibiendo sobre nosotros mismos.

Durante décadas, los artistas cubanos en nuestro medio que producen obras maestras e impactantes han sido subestimados por la corriente convencional. Merecen una retrospectiva de museo; merecen exposiciones grupales curadas por expertos. Este debe ser uno de los propósitos vitales de este museo: crear algo único que otros museos estadounidenses quieran recoger para hacer muestras itinerantes.

Es desgarrador ver cómo el sueño de un museo dedicado al arte y la cultura del exilio cubano se desmorona.

Esperamos que el juez Reemberto Díaz resuelva el problema y coloque al museo de nuevo en un rumbo legal. En cuanto a las facciones beligerantes, deberían autoexaminarse detenidamente, poner fin a las tonterías políticas y unirse por el bien de esta comunidad.

El destino de El Cubano no tiene que recorrer el deslucido derrotero de su antecesor.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.

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