Fabiola Santiago

El maltrato policial a los hombres negros en Miami-Dade es vergonzoso

El agente de bienes raíces Robert Menard, de 30 años, describe el maltrato policial que sufrió en noviembre de 2017 en Miami-Dade.
El agente de bienes raíces Robert Menard, de 30 años, describe el maltrato policial que sufrió en noviembre de 2017 en Miami-Dade. fsantiago@miamiherald.com

¿Qué hay de malo en que dos primos estén sentados dentro de un BMW frente a su casa conversando – uno de ellos un agente de bienes raíces y el otro un constructor— para que esta situación requiera que toda todo el Equipo de Prevención de Delitos se lance, con toda su artillería y sirenas a todo volumen?

¿En qué mundo es justo que un entrenador de atletismo de escuela secundaria, que trabaja en un doctorado en gestión deportiva y hace malabarismos atendiendo dos empleos, termine siendo arrebatado de su auto a punta de pistola, forzado a tirarse al suelo y encarcelado sin una razón válida?

Esto sucede en el mundo de los hombres negros y la policía en Miami-Dade.

Ocurre cuando la suposición de culpabilidad, el perfil racial y el “sesgo racial implícito” entran en juego en las labores policiales, como lo señala el abogado de estos jóvenes, Yechezkel “Chezky” Rodal, en una demanda presentada el 4 de abril.

Potentes estereotipos tan arraigados en el subconsciente que afectan las acciones y decisiones que toman los oficiales de policía, y que menoscaban la buena labor del resto de la fuerza policial.

“Eso es lo que sucedió aquí”, dice Rodal, quien presentó una demanda por derechos civiles en un tribunal federal en representación del agente de bienes raíces Robert Menard, de 30 años, y Steven Payne, estudiante de St. Thomas University, de 26 años.

La demanda, y un video de la cámara corporal de la policía en el caso de Menard, muestran cómo algunos agentes de policía de Miami-Dade tratan a los jóvenes negros. El comportamiento es espeluznante: sacan armas innecesariamente; hacen falsas acusaciones de resistencia; insultan con malas palabras cargadas de ira.

En el caso de Payne, la policía aún no ha entregado el video de la cámara corporal al abogado. En ambos casos, el oficial de policía que desató su ira sobre estos jóvenes en el 2017 era el mismo: Carlos D. Angulo, del Equipo de Prevención del Delito en el Distrito Intercostal. Pero, según muestra el video de Menard, otros oficiales también cometieron faltas, o no hicieron nada para evitar que un hombre inocente fuera maltratado.

“Tengo un arma apuntando a mi cara, y yo no había hecho nada”, me dice Menard. “Estoy mirando fijamente el cañón de su pistola, con una luz intermitente, y tengo las ventanas abajo y mis manos arriba. Un ligero movimiento y él me habría disparado.”

Menard había recogido a un primo para ir a un juego de los Dolphins y estaba sentado en su BMW negro, que estaba orientado al norte, frente a su casa, hablando para pasar el momento cuando vio a un policía de Miami-Dade acercarse apresurado por la calle en dirección opuesta.

En segundos, varios carros de policías habían arrinconado a Menard y a su primo, y los oficiales con chalecos antibalas y portando armas de gran calibre se abalanzaban sobre su automóvil. Luego de apuntarle su arma, Angulo lo sacó del auto cuando al oficial no le pareció que corpulento Menard se movía lo suficientemente rápido.

Durante los siguientes 20 minutos, este joven no hizo nada distinto que soportar la condescendencia y las falsas acusaciones de que estaba “resistiendo” a Angulo, quien repetidamente le lanzó la maldición “f ----- g”. Solo el sargento, dice Menard, tocó a Angulo en el hombro y le llamó la atención para tratar de aliviar la ira del policía. Los demás oficiales observaron o agregaron sus propios comentarios intolerantes, tales como “usted es como la gente con quien usted se asocia”.

“¿Fue por las rastas de mi primo?”, se pregunta Menard.

Ah, y por el delito de no aceptar en silencio que era un “criminal” y preguntar —“¿Es todo esto necesario?”— y decirles que iba a presentar una queja, Menard recibió una multa por tener un tinte demasiado oscuro en sus ventanas, que luego fue descartada. Mientras todo esto sucedía, el primo de Menard fue cuestionado por el oficial que lo custodiaba sobre lo que hacía para ganarse la vida.

Si esto es lo que es la prevención de delitos en Miami-Dade, entonces hay que repensar la idea , señores líderes del condado.

Esto no fue una detención de sospechosos, como los policías en el lugar afirmaron en lo que la demanda llama una “simple fabricación”. Un vecino del otro lado de la calle tomó fotos de la escena y confirma el relato de Menard de que su auto estaba estacionado mirando hacia el norte y todos los autos que lo rodearon, incluidos aquellos sin marca, miraban hacia el sur.

Menard y su primo, que no forma parte de la demanda, estaban donde les correspondía. Pero en el video se escucha a los oficiales que siguen refiriéndose al evento como una detención, y en algún momento, un policía le dice a otro que “esto se pone feo rápido” cuando no estaban en peligro en absoluto, y el único que estaba agitado de manera inapropiada era Angulo.

Del mismo modo, Payne estaba donde se suponía que debía estar cuando el oficial Angulo lo vio conduciendo hacia su segundo empleo, la pista de entrenamiento del Michael M. Krop Senior High School.

Venía de la escuela primaria, donde trabajaba como consejero de lectura para niños. Por la vía vio a una de sus atletas caminando hacia la pista y le ofreció un aventón por el resto del camino.

Poco después, notó que un coche de la policía daba una vuelta en U y comenzaba a seguirlo de cerca, permaneciendo cerca de él mientras Payne daba dos vueltas a la derecha. Se detuvo para dejar pasar al oficial, pero “me cortó de frente, saltó con su arma ya desenfundada y gritó: ‘¡Salga del f ----- g coche!”

Cuando el muy delgado Payne salió con las manos en alto y aterrorizado, el arma aún apuntaba hacia él, y se tiró al suelo. Angulo lo esposó, y después de que llegaron otros agentes, “me tiró en el coche de policía con las ventanas cerradas. Hacía mucho calor!” Angulo les dijo que Payne “no estaba respondiendo a ninguna de mis preguntas”.

Dice que Angulo “ni siquiera me leyó mis derechos Miranda”, y lo llevó a la cárcel, acusándolo de conducción imprudente. Remolcaron su auto con su celular encerrado adentro. Pasó la noche en la cárcel y, como resultado, perdió sus dos empleos en las escuelas públicas, a pesar de que su caso fue descartado.

“Me puso en un lugar tan sombrío”, dice.

El prejuicio en la acción policial no es una podredumbre exclusiva de Miami. Tampoco es nada nuevo el abuso de los afroamericanos por parte de la policía aquí. El condado tiene una larga historia de conducta indebida de la policía, especialmente hacia los afroamericanos, que continúan siendo estereotipados y señalados automáticamente como agresivos, violentos o sospechosos.

Pero dada la reciente serie de casos en los que la policía ha sido filmada en video tratando abusivamente a los residentes negros, es hora de hacer algo real al respecto, y mucho más que simple palabrería sobre “nuestros valores esenciales de integridad, respeto, servicio y equidad”.

La policía necesita vigilancia civil.

La Comisión del Condado Miami-Dade votó en 2018 para restablecer el Panel de Revisión Independiente de los ciudadanos, pero el alcalde Carlos Giménez vetó la medida. Estaba equivocado, y estamos viendo los resultados. Los líderes de la comunidad deben presionarlo a él y a la comisión para que se retome y apruebe.

En estos dos casos los oficiales parecen haber usado las videocámaras corporales a su antojo. Se debe exigir a la policía que encienda sus cámaras corporales en el momento en que se acerquen a un ciudadano, no cuando les convenga. ¿Por qué no tenemos el video de la cámara de Menard mostrando el arma del oficial? ¿O la filmación de que sacaron a Payne de su auto a punta de pistola y lo arrestaron?

Pregunta Rodal: “¿Con qué frecuencia hay una auditoría de las videocámaras corporales de los policías?”

No pude obtener una respuesta directa de la policía de Miami-Dade sobre nada de esto. Solo un documento sobre la política acerca de videocámaras corporales, que de manera reveladora no incluye la seguridad de los ciudadanos en la lista de objetivos de llevar cámaras corporales.

El director Juan Pérez me envió una declaración similar a la que promulgó en Twitter después del reciente derribamiento violento de una mujer negra de 26 años, Dyma Loving, quien llamó a la policía para informar que un vecino le había apuntado con un arma. El oficial Alejandro Giraldo fue suspendido. Loving también ha demandado al departamento.

“Aunque no puedo comentar sobre ninguna de las acusaciones relacionadas con el Departamento de Policía de Miami-Dade que pueden estar pendientes en un litigio, puedo asegurar a la comunidad que el MDPD sigue comprometido con los más altos estándares de rendimiento, conducta ética y veracidad en todas las relaciones”, dijo Pérez.

Veamos cómo funcionan esos estándares en la realidad: Angulo sigue de policía. Enviarlo a terapia como resultado de una investigación interna que tomó meses y meses para concluir no es suficiente.

Las vidas de Menard, quien sufre de trastorno de estrés postraumático y está en terapia, y de Payne están marcadas para siempre.

Menard ya no conduce un BMW “para no llamar la atención”. ¿Podrá el futuro Dr. Payne responder a la pregunta en una solicitud de empleo, “¿Alguna vez ha sido arrestado?”, y obtener un trabajo después de la respuesta?

El Departamento de Policía de Miami-Dade les debe a estos hombres no solo compensación, sino también una disculpa pública, y al resto de la comunidad una política policial justa de una vez por todas.

No había razón suficiente para que ninguno de los dos mirara el arma de un oficial de policía temiendo por sus vidas, aparte de que son hombres negros y en la mente de mucha gente, sospechosos preconcebidos.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.

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