Fabiola Santiago

Con demócratas como Bill de Blasio, tendremos a Trump por otros 4 años

Bill de Blasio (izq.), alcalde de Nueva York, participa en el primer debate presidencial demócrata el miércoles, 26 de junio de 2019, en Miami. A la derecha está el congresista Tim Ryan.
Bill de Blasio (izq.), alcalde de Nueva York, participa en el primer debate presidencial demócrata el miércoles, 26 de junio de 2019, en Miami. A la derecha está el congresista Tim Ryan. NYT

Si los republicanos de Miami que se lanzaron a Twitter con justa indignación durante los debates demócratas quieren jugar al juego de quién tiene el título del mayor error en el tema de Cuba, cuenten conmigo.

Pero no es el despistado alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, usando una frase del Che Guevara como punto final a su presentación ante la huelga de trabajadores del Aeropuerto Internacional de Miami.

"¡Hasta la victoria siempre!", dijo De Blasio a trabajadores que incluían a cubanoamericanos, usando la frase más famosa atribuida al guerrillero asesino, lema presente en Cuba en las vallas publicitarias durante la mayor parte de los últimos 60 años.

Por feo que esto sea, la mayor metida de pata pertenece al republicano Mitt Romney.

“Hugo Chávez ha tratado de robarse una frase inspiradora: ‘Patria o muerte, venceremos’. No le pertenece. Pertenece a una Cuba libre", dijo el gobernador de Massachusetts el 9 de marzo de 2007 a una multitud de republicanos anticastristas reunidos en una cena el Día del Lincoln en Miami-Dade.

Esa frase "inspiradora" le pertenece nada menos que al dictador Fidel Castro, un cubano que traicionó a toda Cuba —culpable de seis décadas de crímenes contra su pueblo— y un personaje peor que el mercenario argentino Guevara.

"Patria o muerte: venceremos" es el grito de guerra más famoso a favor del socialismo y el comunismo en Cuba. Está por todas partes en las vallas publicitarias y en paredes también.

De la boca de Romney, es el arañazo más estridente que se haya escuchado en una pizarra. Pero esto no impidió que toda la plana mayor de los republicanos de Miami apoyara su campaña presidencial del 2012, acompañándolo en el podio y aplaudiéndolo durante otros grandes errores.

¿Qué más puedo decir que no haya repetido hasta la saciedad a oídos sordos?

Ser ignorante acerca de la historia cubana y de la realidad y las complejidades modernas de la isla, así como del resto de América Latina, es una marca registrada de ser estadounidense en ambos partidos.

Ellos no nos ven. Ellos no nos conocen.

Cuba, a 90 millas de la península de Florida, es la lección que Estados Unidos nunca aprende.

El rugido de nueva incredulidad, ira y dolor en Miami, hogar de las familias de víctimas de Guevara, causado por los comentarios de De Blasio ensombreció todo los demás acontecimientos del resto del día, y con razón.

No es solo, como lo dicen las noticias, que los exiliados cubanos llaman a Guevara asesino en masa.

Es un hecho histórico que lo fue.

Después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, Guevara dirigió ejecuciones masivas de cubanos que habían apoyado el régimen anterior. No solo enviaron a muchedumbres ante pelotones de fusilamiento sin un juicio adecuado, sino que la práctica de ejecutar a los opositores políticos establecida por Guevara y Fidel Castro se arraigó en el concepto de justicia de Cuba.

Y las ejecuciones se extendieron a delitos menores que la traición, como vimos en 2003 cuando fueron ejecutados tres cubanos comunes que secuestraron un ferry en La Habana para huir del país. Esto, mucho después de que Guevara partiera para librar su guerra de guerrillas en Bolivia, donde fue ejecutado en 1967 por militares bolivianos.

Si hubiera vivido, Guevara podría haber sido juzgado por crímenes de lesa humanidad, como ha debido suceder con Castro. El hecho de que los ignorantes y los mercaderes que intentan ganar dinero con la imagen de boina de Ernesto "Che" Guevara, lo hayan convertido en un ícono de la cultura pop, es repugnante.

¿Podemos acallar el mito ya, estadounidenses?

Al evocar a un violador de derechos humanos —aun sin saberlo, como dijo De Blasio cuando inmediatamente ofreció una disculpa— le entregó a los republicanos de Miami lo que esperaban con impaciencia durante los debates demócratas y no habían obtenido: la metida de pata con respecto a los asuntos de Cuba.

Los alcaldes republicanos de Miami y el condado Miami-Dade, los senadores Marco Rubio y Rick Scott, y un elenco de agentes del Partido Republicano repicaron sobre la torpeza todo el día como si De Blasio no se hubiera disculpado y la mayoría de los demócratas electos de Miami y los líderes del partido no se hubieran lanzado inmediatamente a Twitter exigiendo que lo hiciera.

No pueden reclamar una mejor posición moral cuando Mitt Romney cometió un peor pecado político al mostrar su ignorancia y la de su personal sobre Cuba y Venezuela, pero de todas formas conservó el apoyo incondicional de los republicanos de Miami para convertirse en el candidato republicano a la presidencia en 2012.

De Blasio, cuyas excentricidades incluyen una luna de miel en Cuba, no tiene ninguna posibilidad de convertirse en el candidato demócrata. Pero su comentario se convirtió en el tema más destacado en Miami durante los dos días de debates.

¿Por qué importa todo esto además de ser un asunto de decencia humana elemental el no ofender a las víctimas de dictaduras?

Porque los candidatos demócratas a la presidencia tienen que superar los golpes constantes del Partido Republicano local sobre el coco del socialismo si queremos deshacernos de nuestro propio hombre fuerte, el presidente Donald Trump, a quien no le importa el estado de derecho o la separación de poderes en esta democracia.

Con demócratas como Bill de Blasio, tendremos a Trump por otros cuatro años.

Lo que dicen los demócratas sobre Cuba y Venezuela es importante si quieren ganar la Florida.

No trataron estos temas durante los primeros debates, que se centraron en temas nacionales importantes. Los moderadores no preguntaron sobre Cuba o Venezuela, y los candidatos no lo mencionaron por iniciativa propia.

Pero ignoran estas cuestiones a su propio riesgo.

El poderoso voto cubanoamericano de Miami está en juego.

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