FABIOLA SANTIAGO: Balseros cubanos, dilema y drama
Cuando hombres de Miami a bordo de un bote de pesca los divisaron en mar abierto y sereno, los balseros cubanos estaban desorientados y remando en dirección contraria, de vuelta hacia la isla.
El capitán del bote SeaHunter, de 37 pies, que el domingo estaba participando en el Torneo Skippers Dolphin desde Cayo Largo, se sentía “dudoso” sobre si debían tomar alguna acción fuera de llamar a la Guardia Costera de Estados Unidos.
Pero los cubanoamericanos abordo insistieron en que se sentían obligados a acercarse a los balseros, ocho hombres quemados por el sol agrupados en una balsa hecha de poliespuma y madera. Querían hablar con ellos, darles ayuda si la necesitaban.
“Fue un momento de mucha emoción para mí”, me dijo el viernes Manny Lemus Jr., de 39 años. “Mi padre y mi abuelo fueron balseros en 1969, unos de los primeros”.
Se acercaron a los balseros, les dieron comida y agua, y supieron que habían estado en el mar cinco días guiados por un rudimentario GPS, cuya batería ya estaba muerta.
“Nos rogaron que no llamáramos a los guardacostas, y no lo hicimos”, dijo Lemus.
Todos sabían que junto con el rescate de los guardacostas venía la repatriación, un regreso a la vida de la que los balseros habían arriesgado sus vidas para huir. Pero los cubanoamericanos también sabían que no podían obedecer los deseos de sus corazones de remolcarlos o transportarlos a tierra, por lo cual podrían enfrentar cargos por contrabando humano.
¿Qué hacer? ¿Qué era legal? ¿Qué era moralmente correcto?
Tal vez no son lo mismo.
Un mini-éxodo dramático a la vez que familiar de balseros cubanos se desarrolla en alta mar entre los dos países. Y es frecuente que los únicos testigos sean pescadores que tropiezan con balseros o con sus improvisadas chalupas vacías, señal de haber sido interceptados por los guardacostas, que suelen dejar a la deriva las balsas que no pueden destruir o remolcar.
Hay ocasiones en que una balsa vacía es una señal de algo peor: muerte en el mar.
Todas estas incidencias — y no saber cuál será el destino final de los ocho cubanos — continúan atormentando a Lemus, gerente de servicio en la empresa de su padre, Manny’s Auto Service.
Él fue uno de varios navegantes que tropezaron con el grupo. Todos manejaron la situación de manera ligeramente diferente, pero nadie recogió a los cubanos para ayudarlos a llegar a tierra por temor a ser acusados por las autoridades de Estados Unidos.
“Uno puede meterse en un gran lío por hacer eso”, dijo Lemus.
Una situación muy diferente a la del éxodo de 1980, cuando exiliados cubanos alquilaban cualquier bote disponible de Miami o de Cayo Hueso para salir a recoger a sus familiares en el Puerto de Mariel.
Lemus y sus amigos hicieron lo que pensaron era lo que más se aproximaba a rescatarlos: Les señalaron a los balseros el rumbo a seguir hacia el faro en tierra y trataron, en vano, de encontrar una batería para el GPS.
La Guardia Costera dice que hay una sola cosa legal — y segura —– que hacer en un caso como éste: Llamarlos a ellos.
“Pueden darles agua, comida, tirarles un chaleco salvavidas si tienen uno extra”, me dijo el suboficial de la guardia Mark Barney. “Cualquier cosa adicional los colocarían en una situación de potencial amenaza. Se trata de migrantes indocumentadas que uno no sabe quiénes son”.
Trate de decirle eso a un cubanoamericano que ha vivido esa experiencia. A Lemus nunca le pasó por la mente que se encontraba en una situación peligrosa con personas extrañas.
“Mucha gente no los reporta por razones personales. No están de acuerdo con la ley o se sienten mal por reportarlos. Cuando uno hace eso está ayudando a alguien a entrar en Estados Unidos ilegalmente y puede ser utilizado en su contra”, advirtió Barney. “Remolcarlos puede ser malinterpretado como contrabando”.
Si a la gente no le gusta la política de Pies Mojados–Pies secos, la cual establece que los cubanos que no lleguen a tierra deben ser repatriados, “que llame a su congresista”, dijo Barney.
Pero ¿quién piensa de esa manera cuando se enfrenta a un drama humano en el mar?
Rodney Barreto, que salió a pescar con su esposa Shelia y se encontró a esos mismos balseros más tarde ese día a unas 20 millas de Cayo Largo, ve la situación legal como “malo si lo haces y malo si no lo haces”. Barreto, ex presidente de la Comisión de la Florida para la Conservación de la Pesca y Fauna Silvestre de la Florida y presidente del Comité Anfitrión del Sur de la Florida para el Super Bowl, les dio a los balseros agua y naranjas.
De nuevo, los hombres le rogaron que no llamaran a los guardacostas y golpearon el costado de la balsa para demostrarle lo fuerte que ellos pensaban que estaba su pequeña embarcación y que podía navegar el tramo que les faltaba. Estaban tan cerca.
“Estaban muy orgullosos de su balsa”, dijo Barreto.
Pero ya era demasiado tarde.
Ya alguien había llamado a la Guardia Costera — alguien en un bote que había sido de la Infantería de Marina y sintió que era lo correcto, le dijeron a Barreto — y allí estaban ya los guardacostas.
“Fue muy triste que los recogieran”, dijo Lemus.
Barreto filmó el rescate de la Guardia Costera, así como la desilusión de los hombres, quienes aceptaron el desenlace con humor y una nueva petición: “¡Pónganos en televisión!”.
Barreto, cuyo abuelo vino a Miami de Cuba a principios del siglo 20 cuando oyó hablar del ferrocarril de Henry Flagler, dijo que él también se sentía afectado por la experiencia.
“Hay que detenerse a pensar lo que significa para alguien montarse en una balsa de poliespuma y lanzarse al mar sin saber lo que va a ocurrir en el trayecto”, dijo. “Las cosas deben estar bastante malas para hacer eso”.
Barreto puso sus fotos y su video en Facebook, donde la gente opinó con comentarios acerca del creciente número de balseros que llegan a nuestras costas o son interceptados en el mar.
“¡La próxima vez llegamos!” uno oye a uno de los balseros gritar en el video de Barreto, como si no sólo estuviera consolándose a sí mismo sino también a aquellos que querían un final más feliz.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de junio de 2015, 8:46 p. m. with the headline "FABIOLA SANTIAGO: Balseros cubanos, dilema y drama."