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Fabiola Santiago

Los republicanos de Florida ayudaron a Trump y al asalto al Capitolio | Opinión

Simpatizantes del presidente Donald Trump tratan de pasar a través de una barrera de la policía, el miércoles 6 de enero de 2021, en el Capitolio, en Washington. (AP Foto/Julio Cortez)
Simpatizantes del presidente Donald Trump tratan de pasar a través de una barrera de la policía, el miércoles 6 de enero de 2021, en el Capitolio, en Washington. (AP Foto/Julio Cortez) AP

Sí, hay que invocar la Enmienda 25 y destituir al presidente Donald Trump de su cargo.

Esa acción punitiva, esencial para comenzar a reparar las heridas hechas en el alma de Estados Unidos, no acabará con la podredumbre política que condujo a un día de angustia e infamia que nunca olvidaremos. Pero no solo eso, también destrozó la reputación de una nación que se considera faro de la democracia.

El asalto al Capitolio por una turba de supremacistas blancos mostró las amplias divisiones en los “Estados Desunidos de América” como ocurrió en la Florida, donde los políticos republicanos complacieron los caprichos de Trump, adoptaron su discurso de odio, abandonaron el bipartidismo y se unieron a la política racista bajo el lema MAGA (“Make America Great Again”).

Ellos también deben pagar, al menos políticamente, por el sedicioso motín.

Estos políticos cerraron filas y empezaron a radicalizar a sus partidarios con desinformación que fue gritada en mítines, plasmada en legislación y difundida en los medios de comunicación de derechas, desde el poderoso Fox News hasta un tabloide racista, programas de televisión y foros en internet de Miami.

Con palabras y hechos, complacieron y permitieron los delirios de omnipotencia y grandeza de Trump, convirtiendo a la Florida en el estado perfecto para hacer que un rabioso populista se sienta como en casa.

Mientras escribo esta columna, motivada por el manejo digno del vicepresidente Mike Pence de la certificación electoral después del caos, estos políticos y sus secuaces todavía siguen difundiendo falsedades y echando leña al fuego para avivar las llamas de los que están descontentos.

Las palabras de Pence, una formalidad, son aún más conmovedoras tras haber afirmado su propia derrota y reconocido la histórica elección de Kamala Harris, la primera mujer —y una mujer de color— en ocupar el cargo de vicepresidenta.

No, los terroristas domésticos no ganaron, pero se despertaron esta mañana con una nueva línea de fuego.

“Algunas personas los engañaron”, tuiteó el senador Marco Rubio, quien deshabilitó el botón de respuesta a su tuit para que solo las personas a las que él sigue pudieran responder, un esfuerzo por blanquear su participación en la creación del “Rey Trump”, en donde incluso él mismo llegó a elogiar las tácticas violentas de los simpatizantes MAGA en un mitin de Trump en Miami-Dade.

No voy a citar el resto de lo que el senador dijo aquí para no participar en su esfuerzo por confundir la grave situación en que han puesto al país.

La Florida también agregó otra mancha a su vergonzosa historia política cuando el senador republicano Rick Scott votó para quitarles el derecho al voto a los votantes de Pensilvania, y dos de los republicanos de Miami en la Cámara de Representantes, Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart, votaron a favor de descertificar a los electores de Arizona y Pensilvania.

Racismo y cambio

La violenta insurrección, con sus inequívocos símbolos y retórica supremacista blanca, fue un retroceso en el reconocimiento nacional de la desigualdad racial que impulsó una participación sin precedentes de los votantes negros y latinos en esta elección, pero que aún no ha logrado darle el mismo respeto a las vidas y la humanidad de los negros y latinos.

También se trataba de cambios demográficos en los estados que dan forma a un Estados Unidos nuevo, más progresista y multicolor.

La facilidad, la comodidad y el derecho con que la turba rompió la barrera formada por la policía del Capitolio y profanó el edificio, incluso pudimos ver algunos de ellos tomándose selfies con agentes policiales, son la mejor expresión de este retroceso.

Esto nunca hubiera ocurrido si las multitudes reunidas —alentadas por el presidente— fueran negros, latinos o indígenas. Dice mucho que después del caos que causó cinco muertes, Trump describió a la multitud de hombres y mujeres blancos que atacaron como “buena gente.”

Si hubieran sido negros o latinos, la caballería habría estado lista y preparada para atacar, como sucedió en Miami-Dade durante las protestas del movimiento “Black Lives Matter” (Las vidas de los negros importa). Incluso en pequeñas ciudades como Miami Lakes, los oficiales de policía se prepararon con equipos antidisturbios para las manifestaciones de BLM. Sin embargo, los oficiales en uniforme regular se tomaron selfies con los participantes en los agresivos mítines de los grupos MAGA.

Estos agentes fueron disciplinados, pero basada en publicaciones de algunos de ellos en redes sociales durante este momento oscuro y sin precedentes en la historia de Estados Unidos, algunos miembros de la policía no han aprendido nada.

Incluso cuando un coro de voces republicanas, incluido Pence, finalmente se levantó para llamar a los alborotadores “maleantes” (thugs) que cometieron un acto de sedición, incluso después de admitir que la violencia fue incitada por el propio presidente, algunos justificaron lo que sucedió y compararon la acción terrorista con las protestas mayormente pacíficas del movimiento BLM.

Y, por supuesto, estaban difundiendo rumores de que lo que estaba haciendo la nación MAGA era la labor del grupo Antifa disfrazado, pero esta información fue rápidamente desacreditada con fotos, videos y datos creíbles sobre los participantes.

Sí, en la Florida, el racismo histórico profundamente arraigado como el que alimentó el asedio del Capitolio de EEUU —con manifestantes irrumpiendo en espacios sagrados para erigir la bandera confederada, símbolo de la opresión negra— va más allá de Trump.

Pero Trump y el Partido Republicano de la Florida dieron nueva vida a su audiencia principal.

Liderando el grupo estaban el lenguaje tácitamente racista y las acciones de líderes como el gobernador Ron DeSantis, discípulo incondicional y sirviente de Trump, que impulsaba la legislación para convertir a la Florida en un estado fascista que reprime la disidencia.

Aunque DeSantis ahora puede afirmar que estaba tratando de prevenir el tipo de violencia que se vio en el Capitolio, sus acciones represivas estaban inspiradas por el movimiento Black Lives Matter. Fueron las protestas BLM las que él quería callar, no los mítines divisorios de los grupos MAGA que él mismo alentó y a los cuales asistió sin usar una máscara a pesar del impacto de una pandemia mortal.

Fue él, el entonces presidente de la Cámara de Representantes del estado, José Oliva, y la Legislatura dominada por los republicanos quienes hicieron todo lo posible para privar del derecho al voto en las elecciones 2020 a los ex presos afroamericanos y latinos, a quienes dos tercios de los votantes de la Florida les restauró su derecho al sufragio en en un referendo en 2018.

La facilidad y comodidad con la que legislaron contra las minorías es la razón por la cual los “Proud Boys”, una violenta organización política neofascista dirigida por hombres como Enrique Tarrio, un afrocubano estadounidense de raza mixta de Miami arrestado en Washington antes de las protestas, tuvo un papel destacado en la base y el liderazgo del Partido Republicano del Condado Miami-Dade.

El “caudillismo” sigue vivo en la Florida

Mezcle el racismo arraigado con el culto que adora a los populistas furiosos, y es una mezcla embriagadora en la Florida, que no descansará del fenómeno del “trumpismo” una vez que el adorado caudillo se establezca como residente permanente del estado.

Entre los hispanos, un grupo que Trump despreció desde el primer día de su candidatura y que inconcebiblemente votó en números récord por él, defendiendo su retórica incendiaria, el fenómeno de apoyar a un hombre fuerte —como se demostró cuando la bandera de Estados Unidos que estaba en el Capitolio fue lanzada al suelo y reemplazada por una bandera de Trump— también trasciende el presidente actual, que por mucho tiempo se negó a reconocer su derrota.

¿De qué otra manera se puede explicar que personas que huyeron del régimen de Fidel Castro ahora están instando a Trump a usar el ejército para sofocar la democracia, algunos incluso hicieron la solicitud frente a la Torre de la Libertad de Miami, un acto casi sacrílego?

Nunca lograremos ningún progreso real en este país, y ciertamente no en el estado de la Florida, hasta que reconozcamos el problema que representa el racismo arraigado y el apoyo fanático a un presidente indigno y antidemocrático que puso a prueba y casi mata a la democracia estadounidense.

Los líderes electos en la Florida le dieron a Trump la fuerza que necesitaba para hacer implosionar al país. Ahora deben trabajar para convencer a las masas enardecidas, desde la popular ventanita del Versalles hasta el Capitolio del estado de la Florida, que prevaleció la democracia.

Las palabras de los líderes importan.

Conviertan estas palabras en mensajes de verdad y sanación, para que ayuden a limpiar la mancha que ahora lleva el Partido Republicano.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de enero de 2021 a las 11:54 a. m..

Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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