Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Prevalece el amor

Al fin, uno de los derechos humanos más básicos pero ampliamente prohibidos — el derecho de contraer matrimonio con una persona amada, independientemente de su género, y formar una pareja — ha tenido su audiencia en el más alto tribunal de la nación y se ha anotado un triunfo.

Ahora, la ley de la nación se basa en el amor y el sentido de pertenecer, no en la exclusión.

¿Verdad que el amor es algo maravilloso?

Si el respeto hacia las parejas del mismo sexo que presentaron las historias de sus vidas ante el tribunal, y la dignidad con la que los magistrados de la Corte Suprema de Estados Unidos emitieron su dictamen mayoritario nos parecen irreales — como una “justicia que nos llega como un rayo”, como calificó el presidente Obama el histórico dictamen sobre la igualdad matrimonial — es porque el camino hacia esta victoria ha sido largo y escabroso.

Hay que repetirlo para creerlo: las parejas del mismo sexo tienen ahora el derecho constitucional de contraer matrimonio en todo el país. Las uniones maritales son legales con igualdad para todos y dejan de ser sólo el privilegio de los heterosexuales. Y aunque la Florida era uno de los 36 estados en que las parejas gay ya habían ganado en las cortes el derecho a casarse, el recalcitrante resto del país tiene ahora que aceptar la igualdad matrimonial.

“Esta decisión afirma lo que millones de estadounidenses ya creen de corazón. Cuando todos los estadounidenses son tratados como iguales, todos somos más libres”, dijo el presidente Obama en una declaración televisada en la Casa Blanca que puso fin a una semana marcada por una tremenda evolución cultural. “Hoy podemos decir con toda certeza que hemos hecho a nuestra unión un poco más perfecta”.

No existe una búsqueda de felicidad más noble que la de enamorarse, casarse y formar una familia.

Sin embargo, la lucha de las parejas gay para que se les trate con respeto y para recibir iguales beneficios legales que las parejas heterosexuales tuvo que enfrentar grandes obstáculos en cada punto del camino. En la Florida, la batalla por los derechos gay fue librada ferozmente y perdida en un referéndum de los años 70, aunque en aquel entonces el derecho a contraer matrimonio no era ni remotamente parte del debate. Tan reciente como el 2008, los votantes de este estado rechazaron un referéndum a favor de reconocer legalmente la unión de sus vecinos y amigos gay y fue necesario tomar una acción persistente en las cortes para hacerlo realidad.

Hasta el presidente Obama, quien es ahora un defensor del matrimonio gay, estaba en contra de la medida cuando se postuló por primera vez para la presidencia.

Su cambio de opinión, como él ha explicado, tuvo lugar cuando sus hijas le preguntaron por qué los padres gay de sus amigos recibían un trato diferente del que recibían otros padres. Es difícil mantener un prejuicio recibido de la generación anterior cuando el amor, la aceptación y la inclusión te miran de frente en tu propio hogar.

Lo mismo ocurría en muchos hogares del país, en medio de grandes cambios en la opinión pública, cuando seis de cada 10 personas declaraban en las encuestas que creían que los matrimonios del mismo sexo debían ser legales.

Finalmente, la Corte Suprema ha resuelto el asunto.

“Ninguna unión es más profunda que el matrimonio, pues encarna los más altos ideales del amor, la fidelidad, la devoción, el sacrificio y la familia”, escribió el magistrado Anthony Kennedy en la opinión de la mayoría. “Al formar una unión marital, dos personas se convierten en algo mucho mayor que lo que una vez fueron. Como lo demuestran algunos de los demandantes de estos casos, el matrimonio encarna un amor que puede incluso trascender la muerte”.

Pensar que las parejas del mismo sexo no respetan el concepto del matrimonio es incurrir en un malentendido, escribió Kennedy: “Su argumento es que sí lo respetan, y lo respetan con tanta profundidad que ellos también procuran lograr esa realización”.

La histórica decisión — el segundo dictamen importante de la semana pasada — culminó un notable impulso de cambios culturales que pueden haberse estado forjando durante décadas pero que alcanzaron su fruición rápidamente, uno detrás del otro.

Después de una traumática matanza de asistentes a una iglesia afro-americana y las conmovedoras palabras de perdón de los familiares de las víctimas hacia el pistolero racista, la bandera Confederada, un símbolo de apoyo a la esclavitud, fue retirada de los terrenos del capitolio estatal en Charleston y de algunas importantes tiendas en todo el país.

El jueves, la Corte Suprema ratificó un elemento clave de la Ley de Cuidados de Salud que provee subsidios en los seguros de salud federales a todos los que cumplan los requisitos, incluyendo a personas que viven en estados como la Florida que han obviado “Obamacare” y se niegan a establecer oficinas de intercambio de seguros de salud administrados por el estado.

La batalla sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo era uno de los temas que demostraban lo alejado que estaba Estados Unidos de los principios de sus fundadores. Países desarrollados más progresistas, como España, por ejemplo, legalizaron el matrimonio gay hace 10 años. ¿Cómo pudieron los instigadores culturales de la revolución sexual y el movimiento de amor libre haber detenido en su curso la igualdad en el caso del matrimonio gay?

En su mayor parte, la oposición se debe a la convicción religiosa.

En Miami, la primera reacción negativa a la decisión de la Corte Suprema vino en una declaración del arzobispo católico Thomas Wenski, quien pronosticó que todo tipo de maldad se desataría contra la familia como consecuencia de esta decisión. Los evangélicos tampoco demoraron su reacción y comenzaron a llamar a casas privadas como la mía para comunicar “un mensaje de la Biblia”.

Me dieron ganas de gritar: Dejen a Dios tranquilo. A él le va bien en su tarea.

Pero los religiosos tienen también su derecho a sus creencias, como lo hizo notar el magistrado Kennedy en su sensible y reflexiva opinión que aboga por el respeto a las diferencias de creencias.

Que haya paz entre nosotros, digo yo.

Piensen en el joven intimidado o excluido por su manera de ser y el apoyo que esta decisión les da. Piensen en todas las parejas gay entre sus amigos y familiares y el camino que han tenido que transitar, igual que cualquiera de nosotros que optan por casarse, excepto por la intolerancia que personas ajenas han infligido en su mundo y acaso también en su relación.

Que vivan eternamente felices en igualdad de unión en todos los estados de la nación.

Desde que ha habido vida humana en este planeta, el amor ha convertido a simples mortales en poetas, en padres y en parejas. Ahora ha conmovido a magistrados de más alto rango en el país. El amor al fin persuadió a una mayoría de 5-4 en la Corte Suprema para afirmar el derecho al matrimonio como una cuestión de legitimidad y justicia.

“Ellos piden igualdad de dignidad ante los ojos de la ley”, escribió el magistrado Kennedy. “La Constitución les otorga ese derecho”.

¿Verdad que es estimulante que el amor prevalezca como primera prioridad?

  Comentarios