Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Más de lo mismo, cubanito

Pssst…. Oye, joven cubanito, ¿oíste lo que dijo el viejo?

No, no los fósiles políticos Castro No. 1 y Castro No. 2, sino el segundo-al-mando del Partido Comunista de Cuba, el grave y bien vestido camarada octogenario José Ramón Machado Ventura, más conocido por Machadito.

En caso de que necesites un recordatorio de cómo comportarte cuando esos americanos desembarquen de sus cruceros de $3,000 y 200 millas náuticas, Machado Ventura apela a ustedes — los fieles hijos e hijas (y nietos a estas alturas) de la Revolución — para que enfrenten un nuevo desafío: Los jóvenes cubanos, dice él, no deben permitirse sentirse “deslumbrados” por el brillo de todo el fulgor americano que venga a contonearse por las calles cubanas.

“El primer desafío [de una nueva era en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos]”, dijo Machado Ventura en una entrevista con Juventud Rebelde, el periódico de la juventud comunista, “es no dejarse deslumbrar por el consumismo y las cosas bonitas que atraen la atención de los jóvenes”.

¿Cómo se atreven los cubanos de a pie a soñar que el botín de esta nueva época es para ellos?

Los dólares defenderán, dijo Machado Ventura, lo único que hay sobre la mesa cubana: un “socialismo próspero y sostenible”. En otras palabras, que lo que viene es más de lo mismo que han vivido durante todas sus vidas.

Y ustedes lo oyeron a todo volumen y con claridad.

Ésa es la razón por la cual estás invirtiendo tu moneda convertible extra en Styrofoam.

Con sus palabras, Machado Ventura te manda el mensaje de que se restauran las relaciones diplomáticas, pero tú, joven cubano — en cuyo nombre todas estas cosas buenas están sucediendo — necesitas entender con claridad que la infusión de dinero efectivo de esta Guerra Tibia está destinado al mismo propósito al que fueron a parar los recursos de la Unión Soviética y Venezuela: a reforzar el poder de la nomenclatura, sus familiares y sus colaboradores cercanos, que ya no emulan para obtener del gobierno una lavadora o un televisor sino para lograr un permiso para operar un restaurante chic o anunciar una habitación en el sitio de Airbnb.

¿Qué más evidencia de que esa extravagancia es un pecado contra el socialismo que lo que le ocurrió al más joven de los hijos de Fidel en Turquía, y que tú viste con tus propios ojos gracias a una de las muchas ingeniosas maneras que has inventado para echar abajo el bloqueo cubano de la información?

Si tú llegas como Antonio Castro Soto del Valle en un mega yate con tu séquito a un centro turístico de lujo en el pueblo de Bodrum, los paparazzi te acosarán, sin importarles un bledo la camorra que te sirve de seguridad personal, y te retratarán fiesteando como un multimillonario anticomunista de Miami.

Joven cubanito, oye bien a Machadito y a sus jefes, quienes están criando y acicalando a sus hijos y nietos adultos para heredar el feudo al estilo otomano: ¡Ni se te ocurra acercarte a las cosas bonitas!

Tu único sueño permitido es utilizar la educación politécnica para construir una desvencijada balsa que surque todo el océano hasta Key Biscayne, o ahorrar todas las propinas que puedas en Varadero para comprar un boleto de avión a Ecuador (donde no se requiere visa) y caminar la larga travesía hasta la frontera de Estados Unidos.

En terreno seco aquí, o en Laredo, podrás declararte cubano y deslumbrarte ante el único lugar donde tú, exiliado del socialismo sostenible, todavía tienes algunos derechos.

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