Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Una respuesta desproporcionada

Como si el ofensivo gritón Donald Trump no les fuera suficiente carga política en las elecciones de 2016, miembros del Congreso del auto-destructivo Partido Republicano están impulsando una serie de nuevos proyectos de ley contra la inmigración.

La excusa más reciente por la que esta legislación inspirada por el odio está recibiendo aprobación en varios comités es un solo crimen: El disparo fatal que recibió Kathryn Steinle, de 32 años, cuando paseaba con su padre en San Francisco.

El sospechoso de este acto atroz y sin sentido es Francisco Sánchez, un inmigrante mexicano indocumentado con antecedentes de drogas que había sido deportado cinco veces y cada vez se las arregló para cruzar la frontera y regresar. La policía lo detuvo por posesión de marihuana, pero, siguiendo las leyes municipales sobre santuarios en San Francisco, lo soltó en lugar de reportarlo a las autoridades de inmigración.

Y es así que el Congreso, que se ha negado repetidamente a aprobar una amplia reforma bipartidista de inmigración — una que premie a buenas personas con un camino hacia la ciudadanía y que logre asegurar las fronteras para que individuos como Sánchez no puedan regresar — ha escogido ahora un crimen para justificar ataques verbales y legislativos contra una determinada clase de personas.

Si los tiroteos fueran un verdadero motivo para legislar en el Congreso, a estas alturas se hubieran aprobado medidas para el control de las armas de fuego que habrían navegado ágilmente a través de los comités y convertido en leyes.

Sin embargo, ni siquiera la matanza de 20 niñitos escolares y seis educadores en una escuela primaria de Connecticut condujo a una reforma mínima que incluyera medidas sensatas, como la de prohibir el acceso a armas de fuego a enfermos mentales y armas de gran potencia a criminales.

Siguiendo la actual tendencia, ni un solo republicano miembro del Congreso habló la semana pasada para decir: “Oh, tal vez necesitamos realmente hacer algo sobre las armas de fuego”. Ningún funcionario electo se ha quejado o lamentado, en manera alguna, de que otro ciudadano blanco nacido aquí — un tipo errante de 59 años que mató a dos mujeres e hirió a nueve personas más en un teatro de Lafayette, en Louisiana — había cometido un crimen.

Repetidamente, los teatros, las iglesias, los centros comerciales y las escuelas resultan violadas por rabiosos hombres blancos y nadie los demoniza ni se señala a tipos blancos errantes nacidos aquí, a jóvenes blancos enfermos mentales o a furiosos racistas blancos. Tampoco se aprueban leyes para darle a la policía más autoridad sobre el destino de sus vidas diarias como grupo.

Pero un solo asesinato por un indocumentado les ha dado a los políticos la oportunidad de lanzar nuevos esfuerzos para frenar a inmigrantes indocumentados o inmigrantes potenciales, no sólo mediante legislación sino mediante discursos acalorados en el Congreso y en campañas electorales que se alimentan de la paranoia y de una flagrante xenofobia.

No es un accidente que Trump esté al frente de los candidatos presidenciales republicanos en las encuestas. Él no es más que el rostro más famoso en un grupo de republicanos que ya ocupa cargos públicos.

El representante Trey Gowdy — un republicano de Carolina del Sur que debía preocuparse más de los blancos que abogan por la supremacía racial como Dylann Roof, que mató a tiros a nueve miembros afroamericanos de una congregación religiosa en Charleston — está patrocinando un proyecto de ley que pretende echar abajo la orden ejecutiva del presidente Barack Obama que protege a los jóvenes DREAMERS y a sus padres de ser deportados.

En una audiencia de la Comisión Judicial del Senado, y en una audiencia de un subcomité de inmigración de la Cámara la semana pasada, miembros republicanos del Congreso vociferaron diatribas demonizando a inmigrantes al estilo de Trump.

Empezando por el uso del vocablo en inglés “alien”, que equivale a extraterrestre, para deshumanizar, mediante una palabra cargada de cinismo, a hombres, mujeres y niños desesperados que abandonan sus patrias en busca de una vida mejor y de las libertades que Estados Unidos ofrece.

“El apetito de amnistía ha disminuido dramáticamente después de ver la carnicería en las calles de Estados Unidos a manos de los ‘aliens’ criminales que debieron haber sido expulsados del país”, dijo el representante Steve King, un republicano de Iowa que comparó el crimen de inmigrantes indocumentados con los ataques terroristas del 11 de septiembre.

¿“Carnicería” a manos de inmigrantes indocumentados? Por favor...

La misma noche que King espetó su odio hacia los inmigrantes, otra comunidad de este país, esta vez en Louisiana, sufrió otro espasmo de violencia a manos de un americano blanco armado, a quien, según los informes, le gustaba vociferar babosadas anti-gays y pro-Hitler.

Aunque sea expresado por un congresista, el lenguaje de odio no puede alterar los hechos.

La carnicería en este país tiene su propio rostro, pero no es el de un inmigrante indocumentado.

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