El Papa dejó un manual espiritual
Como nación necesitábamos sus inspiradoras palabras, sus gestos ejemplares hacia los pobres, los desamparados y los niños, en cuya compañía parecía sentirse más alegre.
Necesitábamos sus “¡Buenos días!” y su inclusiva bendición desde un balcón del capitolio dirigida no solo a los religiosos, sino también a los no creyentes. Les pidió que, si no podían orar por él, le desearan lo mejor.
Pero más que todo, necesitábamos la divinamente inspiradora intervención del papa Francisco en un Congreso dividido y en guerra que ha olvidado que su misión es servir al pueblo de este país y ser administradores del planeta en que vivimos.
No nos decepcionó.
Mostrando el esfuerzo de un inmigrante que aprende un nuevo idioma, el papa Francisco leyó su mensaje en inglés, recordándonos con palabras exquisitamente escogidas que somos una nación de inmigrantes fundada bajo principios democráticos, algo que en otras partes del mundo es solo un sueño.
Esas cualidades son las que mueven a la gente a escapar hacia nuestras costas, y es nuestro deber, urgió el papa, comportarnos de manera “humana y fraternal” y no darle la espalda a sus vicisitudes.
Desde el momento en que el papa Francisco comenzó su histórico mensaje el pasado jueves ante la sesión conjunta del Congreso, apeló a la parte esencial de nuestra identidad y nos hizo sentir orgullosos de quiénes somos y de lo que Estados Unidos significa: “La tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes”. Una frase bien escogida que trasciende partidos políticos, lugares de origen, afiliación espiritual y tantas otras cosas divisorias.
Y así, con la ayuda de la Regla de Oro –y evocando “valores fundamentales que perduran en el espíritu americano”, las libertades que Abraham Lincoln logró y los sueños por los que Martin Luther King Jr. luchó– el Pontífice se abrió paso hacia el tema que compone la ola de odio en Estados Unidos: la inmigración.
“Nuestro mundo enfrenta una crisis de refugiados cuya magnitud no se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial”, dijo. “Esto nos presenta grandes desafíos y muchas decisiones difíciles. En este continente también miles de personas viajan hacia el Norte en busca de una vida mejor para ellos y para sus seres queridos, en busca de mayores oportunidades. ¿No es esto lo que queremos para nuestros propios hijos? No debe sorprendernos lo numerosos que son, sino más bien verlos como personas, mirarles sus rostros y escuchar sus historias, y tratar de responder a su situación de la mejor manera que podamos”.
Instó a que respondiéramos “de una manera que sea siempre humana, justa y fraternal. Necesitamos evitar la tentación común de estos días de descartar cualquier cosa que nos cause problemas”.
Amén.
Las palabras a veces pierden su significado frente a tiempos bulliciosos e hipercríticos, pero con su fraternal mensaje de “esperanza, curación, paz y justicia” de cara al futuro, Francisco nos entregó un manual espiritual para lidiar con aquello que nos divide.
La fortaleza del papa Francisco es su capacidad de conectar no solo con los católicos, sino con todas las personas.
Puede que los odiadores acérrimos que están destruyendo este país no cambien su conducta, como tampoco se puede esperar que sus amables palabras logren derrocar a dictadores, pero durante el tiempo que Francisco estuvo en nuestro hogar, se respiraba compasión y humanidad en el ambiente.
Y eso es algo que
necesitábamos.
fsantiago@miamiherald.com
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de septiembre de 2015, 11:09 a. m. with the headline "El Papa dejó un manual espiritual."