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Fabiola Santiago

El tiroteo masivo número 355 de este año representa “un día como otro cualquiera”

Monumento a las víctimas de la masacre de San Bernardino en California.
Monumento a las víctimas de la masacre de San Bernardino en California. TNS

“Un día como otro cualquiera en Estados Unidos de América” , dice la BBC en su reportaje del tiroteo masivo en California.

La frase llega al corazón de este problema.

Sin embargo, no hay vergüenza capaz de hacer que esto cambie en Estados Unidos, no importa cuántas víctimas inocentes mueran en esos actos de diseminada violencia con armas de fuego o cuán trágicas y atroces sean las circunstancias. El de San Bernardino fue el tiroteo masivo número 355 de este año. No, eso no es un error tipográfico. Es el número real de los tiroteos que han provocado cuatro víctimas o más en Estados Unidos este año.

Algunas personas pensaban que la locura no podía ser peor que disparar a un aula llena de niños de primer grado en un pueblecito de la encantadora Nueva Inglaterra. Pero ¿qué puede decirse de esta pareja de nuevos padres de un bebé de seis meses que balacea un local lleno de personas discapacitadas y trabajadores de la salud celebrando las Navidades?

Si sólo la sombría cobertura de la BBC del caos de esta semana en California pudiera avergonzarnos y movernos hacia menos habladuría y más hacia una acción que conduzca a cambiar nuestras leyes y nuestra cultura de la idolatría por la Segunda Enmienda constitucional hacia un realista e imperativo control de armas de fuego.

Nada hacemos para limitar el fácil acceso a armas de combate y el próximo criminal se sentirá libre de cometer un delito mayor en algún otro sitio.

En cualquier lugar de Estados Unidos.

“Poco importa ahora dónde uno viva”, lamenta Charlotte Hartford de Fort Lauderdale, que nació en Redlands, California. En ese pueblo vivía la pareja que disparó en San Bernardino, amasando armas y pistolas –compradas legalmente y que usaron en la matanza– y luego murieron ellos mismos en un encuentro a tiros con la policía.

Redlands, dice Hartford, fue una vez “un pueblecito tranquilo de naranjales y espectaculares vistas montañosas, donde vivía gente que no tenía por qué temer por sus vidas. Nuestro país ha perdido la mente en un apasionado romance con armas de fuego y todo lo que sea violencia. ¿Qué ha ocurrido? La debilidad de los que ocupan el poder y se postran ante cabilderos demuestra lo poco que nos valoran a nosotros, el pueblo, a los que se supone que representen”.

Muy cierto.

La reacción a otro tiroteo masivo ha sido una previsible rutina bien calibrada y automática de gastados clichés. “Nuestros corazones están con las víctimas”. Los líderes republicanos evocan oraciones religiosas. El rostro del presidente denota disgusto y frustración.

Si al menos la atrevida portada del Daily News de Nueva York tras la matanza –con un titular en grandes letras que dice “Dios no está resolviendo esto”– lograra provocar una reflexión profunda y efectiva.

Si al menos no fuéramos tan arrogantes para pensar que no tenemos nada que aprender de países que han reducido la violencia de armas de fuego, como Australia y Japón.

Si al menos no disparáramos declaraciones carentes de información descartando el poder destructivo de las armas de fuego.

“No pienso que esto tiene que ver con el control de armas de fuego”, dijo el actor Samuel L. Jackson después de la matanza en Newton, Connecticut, palabras que resurgieron en un meme resucitado después de lo de San Bernardino. “Yo me crié en el sur con armas de fuego dondequiera y nunca le disparábamos a nadie. Esto tiene que ver con gente a quienes no se les ha enseñado el valor de una vida”.

Jackson debe haber olvidado el bien documentado legado de violencia en el sur, y que estos matones de turno toman vidas precisamente porque conocen su valor.

Una sociedad civilizada no puede ver estas cosas y no hacer nada más que hablar en círculos. Si no somos capaces de encontrar una manera de mantener los armamentos de combate fuera de las manos de criminales furiosos, locos, vengativos y de terroristas con bases dentro del país para prevenir estas tragedias colectivas, ¿entonces qué?

Otro día como cualquier otro en los Estados Unidos de América, un país nombrado equivocadamente, dividido por la idolatría de la Segunda Enmienda.

twitter: @fabiolasantiago

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2015, 6:18 p. m. with the headline "El tiroteo masivo número 355 de este año representa “un día como otro cualquiera”."

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