Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Miami ‘no está preparada’ para el éxodo

Un migrante cubano en un refugio en La Cruz, Costa Rica, en noviembre. Muchos de los cubanos llevan ropas con banderas norteamericanas y se valen del telefono para seguir el viaje.
Un migrante cubano en un refugio en La Cruz, Costa Rica, en noviembre. Muchos de los cubanos llevan ropas con banderas norteamericanas y se valen del telefono para seguir el viaje. AP

Las calibradas acciones diplomáticas de la administración de Obama lograron la atención de la prensa y se ocuparon de detalles tales como el efecto emocional de la ceremonia de izar la bandera de Estados Unidos en La Habana.

Pero los que apoyan a la Administración y la reconciliación subestimaron un factor esencial al procurar rápidamente relaciones diplomáticas con la isla: el deseo de los cubanos de emigrar a Estados Unidos, y la histórica disposición del régimen de Castro a abrir, en tiempos de mucha presión, una puerta para que salgan.

Un año después del histórico cambio del presidente Obama en la política hacia Cuba, la falta de visión –y la inercia– en el tema de éxodos masivos de Cuba se está convirtiendo en uno de sus errores de estrategia.

El caso de miles de cubanos varados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, y en Panamá, clamando que se les permita continuar su travesía hacia Estados Unidos, requiere atención.

Un boleto aéreo Habana-Quito, un teléfono celular y un mapa de caminos clandestinos creado por aquellos que han logrado hacer el trayecto han convertido una sostenida emigración a cuentagotas desde 2013 en un aluvión después de la reconciliación.

El número de cubanos hacinados en sitios de espera donde duermen en el piso o en cartones de espuma crece por día: más de 4,000 en Costa Rica, donde representan un reto para los limitados recursos de la pequeña y pacífica nación. Y más de 1,000 esperan en Panamá en el momento de escribir esta columna.

La Administración no quiere admitirlo, pero está enfrentando otra crisis de inmigración.

Nicaragua ha cerrado su frontera; Belice y Guatemala les han negado el paso también. Los cubanos vendieron sus pertenencias para poder los boletos aéreos y los gastos del cruce. No pueden o no quieren regresar a Cuba, y no pueden continuar su travesía. Mientras la cifra crece y los días pasan sin una solución o un plan, los temperamentos se acaloran y los niños y las mujeres encinta necesitan atención médica.

“Dígannos la verdad. Dígannos que vamos a estar aquí tres años o que nos van a ahorcar, pero díganos la verdad”, reclamó un hombre.

Lejos de darles a los cubanos una esperanza de que la reconciliación mejoraría sus vidas, el anuncio de Obama y la restauración de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana ha servido para acelerar el ritmo del éxodo a Miami antes de que se cierren las puertas otra vez.

Oír decir al alcalde de Miami que “no estamos preparados” para otra llegada masiva de cubanos es una vuelta a los días del éxodo de Mariel en 1980 y a la crisis de los balseros en 1994, cuando se hicieron pronunciamientos similares con la esperanza de captar la atención de Washington.

Si la historia nos enseña algo, la administración de Obama se va a ver obligada a lidiar con esta crisis y, con todas las demás puertas cerradas, tendrá que producir un puente aéreo, como lo hizo el presidente Clinton con los cubanos refugiados en las carpas de Guantánamo.

El gobierno de Estados Unidos anticipó que Cuba continuaría violando los derechos humanos y aumentando la represión, lo cual el gobierno cubano ha cumplido, y de manera abierta. Pero, increíblemente, la Administración no previó que otra generación, esta al amparo del resplandor de las estrellas y franjas de la bandera norteamericana –impresas en sus camisetas al salir– optaría también por escapar.

Preparada o no, Miami, ciudad de recién llegados, probablemente volverá una vez más a reubicar a esa Cuba trasplantada. La única diferencia es que esta vez lo hará en medio de un calibrado silencio de los cubanoamericanos y las plegarias de los fieles al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre.

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