Fabiola Santiago: El ferri Miami- La Habana, ¿a qué precio moral?
Para algunos es una idea encantadora, un sueño hecho realidad.
Empaque una maleta de fin de semana, diríjase al Puerto de Miami, tome un ferri y cruce el Estrecho de la Florida hacia, digamos, la Marina Hemingway en La Habana. Entonces se pasa el fin de semana paseando por las calles coloniales, las más pintorescas, con casas restauradas en color pastel y lejos del deterioro de los precarios solares donde viven hacinados los habaneros más humildes. Salga a cenar sin necesidad de una libreta de racionamiento en la innovadora gastronomía de los paladares que pretenden emular el estilo chic de Nueva York. Hospédese entonces en el Hotel Ambos Mundos, como lo hacía Papa Hemingway, un sitio un poco desaliñado pero histórico: la morada perfecta para eludir la realidad.
Haga ahora una pausa para escuchar el efecto de sonido como si se arañara un pizarrón con las uñas, y despiértese.
Es posible que el sombrero que lleve puesto en el Ferri Fantasía tenga un toque de esa época, pero, mis queridos lectores, no estamos en los años 1950.
La noticia de que el alcalde Carlos Giménez quiere convertir un codiciado terreno en el Puerto de Miami en una terminal de ferris –y que algunas líneas transbordadoras podrían ofrecer viajes a precios módicos y fletes de envíos entre Miami y Cuba– es una idea que contiene buenas y malas noticias.
Por el lado positivo, esto quiere decir que la administración de Giménez está abandonando un plan controversial de desarrollar más hoteles y espacios de oficinas en ese terreno, que había sido también la primera opción para el estadio de fútbol de David Beckham. El hecho de que descarten esas ideas que generan tráfico en un área ya congestionada y se abandone el plan maestro de 2011 que requería un desarrollo excesivo en ese terreno es causa suficiente para celebrar.
Un acceso más fácil y económico a Cuba es en sí mismo un adelanto en la búsqueda de ese evasivo cambio por la vía diplomática. De modo que no debe sorprender que un alcalde republicano en un cargo no partidista que procura la reelección pueda tener una actitud más relajada hacia los viajes a Cuba. Bastantes republicanos de alto nivel en Miami apoyan la política de reconciliación del presidente Barack Obama.
Un pudiente y bien conectado hombre de negocios de Miami me cuenta de un viaje que hizo a Cuba en su yate para ayudar a un amigo a cumplir los deseos de su difunto padre de llevar sus cenizas a La Habana. Se arriesgaron y simplemente se aparecieron en la Marina Hemingway con sus pasaportes de Estados Unidos.
“Fuimos bienvenidos y nos ofrecieron sus servicios”, me dijo. “Nos sorprendió que no fuera nada del otro mundo”.
Fort Lauderdale, Tampa y Cayo Hueso ya están preparados para ofrecer servicios de ferri.
¿Entonces por qué no pueden los numerosos miamenses tener acceso a Cuba por la vía de los económicos viajes en ferri cuando existen también vuelos comerciales?
Pienso que por esta buena razón: constituiría un mayor auspicio a un régimen todavía represivo y totalitario que no da señales de disminuir las palizas, arrestos y encarcelamientos de disidentes. O de cambiar sus anticuadas medidas de control como las odiadas libretas de racionamiento –que acaban de renovarse– para comprar alimentos.
Si estamos en la época de navegar frívolamente las aguas donde otros perdieron sus vidas tratando de escapar, ¿no debían nuestros deseos, nuestra maldita nostalgia, al menos alimentar a los cubanos en la isla?
Continuar avanzando y otorgando regalos al gobierno castrista –sin que nada importe– comienza a semejarse más y más a los años 1950, cuando el dictador de Cuba era el dictador favorito de Estados Unidos: nuestro hombre en La Habana, una especie de romance político.
Bajo esa luz, el sombrero estilo 1950 queda perfecto para el viaje en el Ferri Fantasía.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de enero de 2016, 1:23 p. m. with the headline "Fabiola Santiago: El ferri Miami- La Habana, ¿a qué precio moral?."