Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Bravo por Tania

Si el silencio del mundo cubano del arte (tanto en Miami como en La Habana) nos parece demasiado exasperante para los tiempos, es porque la artista, aclamada mundialmente, Tania Bruguera ha sacudido — con una idea poderosa aunque frustrada — la cómoda coexistencia establecida.

Por segunda vez en su dinámica carrera, esta artista ha puesto su arte al servicio del pueblo cubano ofreciéndole lo que no ha tenido en 56 años: una voz y una oportunidad de expresarse en un espacio público reservado para los poderosos.

Fue arrestada en el momento de intentar una presentación de “micrófono abierto” que fue censurada pero no totalmente silenciada.

Como dijo el artista cubano-americano Xavier Cortada, “Le mostró al mundo lo que todos nosotros ya sabemos”.

Bravo.

Durante demasiado tiempo, los artistas y curadores cubanos, así como quienes fuera de la isla los apoyan y coleccionan sus obras, han sido cuidadosos con el régimen cubano, respetando las reglas gubernamentales a cambio de privilegios de dinero, fama, conexiones, viajes al extranjero y el derecho a regresar a la isla.

Desde finales de los 80, los artistas han puesto a prueba los límites de la censura sólo para obtener los mismos resultados. Llegan apenas a un punto antes de ser marginados, enclaustrados, perseguidos e incluso arrestados, hasta que abandonan a Cuba para siempre.

Y cuando se marchan no pueden arriesgar que los perciban demasiado severos hacia el gobierno cubano no sea que el ambiente liberal del arte en el mundo también los margine. Esta triste realidad me ha sido presentada en muchas conversaciones privadas con artistas cubanos a través de los años.

La complicidad del silencio ha funcionado en ambos lados del Estrecho de la Florida.

Bruguera es una de esos privilegiados artistas cubanos con un estatus dual y residencias en La Habana y Nueva York que se describe a sí misma como una mujer de izquierda, hija de un diplomático cubano que apoyó a Fidel Castro hasta su propia muerte en 2006.

Con su récord estelar de exhibiciones internacionales y aclamada como es por los críticos, ella no tenía que montar una obra de arte acogida por los disidentes que desafiara con tanta agudeza al gobierno cubano.

Pero tal como lo expresó en Twitter, “Lo he hecho en Occupy Wall Street y en Europa, ¿por qué no lo voy a hacer en mi propio país?”

Y así hizo un llamado a sus compatriotas cubanos a acudir a la icónica Plaza de la Revolución en La Habana a las 3 de la tarde del 30 de diciembre para una presentación de micrófono abierto. Para colmo, montó una campaña del evento en los medios sociales con el valiente y combativo hashtag #YoTambienExijo. Tal vez algo que sería normal y esperado en el mundo libre pero que constituye una afronta a una dictadura que sistemáticamente pisotea el derecho a la libre expresión.

Era la segunda vez que lo hacía.

Durante la Bienal de La Habana de 2009 Bruguera montó un podio y un micrófono en el Centro Wifredo Lam de La Habana y le dio a la gente un minuto para hablar. Mientras cubanos y visitantes extranjeros expresaban sus deseos de que se restauraran las libertades y derechos, una paloma blanca fue puesta sobre su hombro, una especie de burla de lo que ocurrió durante un discurso histórico de Fidel el día que hizo su entrada en La Habana tras el triunfo de la revolución.

Fuentes informadas me contaron que Bruguera tuvo problemas por ese evento y ha estado viajando entre sus residencias, presentando exhibiciones y dictando cursos en Nueva York, Francia, Alemania y La Habana desde entonces.

A diferencia de la Bienal, esta vez el gobierno cubano se aseguró de que Bruguera no pudiera hacer su presentación.

Fue arrestada antes de poder llegar a la plaza y en dos ocasiones más en dos días. Se reportó que había sido liberada el viernes. Disidentes, periodistas independientes, y activistas también fueron arrestados para que no pudieran participar en el evento. Algunos han sido liberados, otros no.

Tristemente, sólo tres artistas cubanos en la isla firmaron una petición, firmada por otros cientos de personas, para que soltaran a Bruguera. Y en Miami algunos artistas y curadores han criticado la audacia de su acción.

“Si los artistas se autocensuran, entonces ya no están creando arte, no están participando en el intercambio”, dice Cortada, quien recientemente participó en una exhibición de Cayo Hueso-Cuba. “Están simplemente ayudando al aparato de censura ... El arte gira alrededor de la verdad, así que ¡hay que decir las verdades!”

Una de las preocupaciones es el momento escogido para esta presentación y el contexto de la nueva relación más amistosa con Estados Unidos.

No es una exageración decir que las severas medidas del gobierno cubano pueden haber enfriado otra vez el descongelamiento entre Estados Unidos y Cuba que personas como la propia Bruguera han tratado de lograr durante tanto tiempo. Es algo irónico y tal vez desafortunado además de ciertamente incómodo a la luz de las conversaciones del Departamento de Estado de Estados Unidos que se supone que tengan lugar a fines de mes, pero que bien vale la pena.

La rigurosa realidad cubana es un componente que estuvo ausente del cambio súbito y confiado de la política estadounidense.

Después de todo, a pesar del bombo y platillo que el gobierno cubano ha generado con su censura, la intervención de Bruguera era simplemente arte. Es parte de su proyecto de Movimiento Migratorio Internacional, que conlleva la “apropiación de estrategias políticas,” una forma de arte — arte útil, o el arte como herramienta — que ella ha ayudado a crear con artistas colegas del Museo de Queens (en Nueva York) y en Europa.

Su obra— exhibida en Miami durante el evento Art Basel y en museos de arte contemporáneo, incluyendo el de Guggenheim en Nueva York, el cual invitó a personas en los medios sociales a seguir la consigna de #YoTambienExijo — siempre ha estado cargada de contenido social y político.

Esta vez, el gobierno cubano puede haberle apagado el micrófono antes de que se instalara, pero los resultados del arte experimental de Bruguera se han pronunciado en alta voz.

Una artista cubana se ha excedido, y eso ya es un cambio favorable.

Bravo.

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