FABIOLA SANTIAGO: No simpatizo con Bernie Sanders
Un anuncio político de Bernie Sanders aparece en mi página de Facebook preguntándome: “¿Podemos contar con tu participación en nuestra revolución política?”
No, gracias.
No socialismo de campiña estilo Nueva Inglaterra para mí.
Yo nací en medio de un carismático llamado a la acción y un febril apoyo a una “revolución socialista”, que se convirtió en un sistema totalitario consolidado con la ayuda de un enardecido pueblo. Toda la destrucción que vino después no funcionó tan bien. Todavía no atinamos a salir de ese hueco después de 57 años.
No me entusiasma la candidatura de Sanders y no es porque no esté de acuerdo con la mayoría de sus posiciones.
Hay corazón, sentido de la igualdad y buenas intenciones en las promesas del senador de lograr educación superior gratis, ingresos modernizados para todos e iniciativas audaces para lidiar con el cambio climático. Su récord de haber votado contra la Ley de Defensa del Matrimonio antigay y la Guerra de Irak puede incluso considerarse visionario. Puedo entender por qué los jóvenes de la generación del milenio se sienten inspirados por su agenda progresista y lo apoyan.
Pero Sanders y sus seguidores, demasiado apasionados, me asustan de igual manera que lo hacen Donald Trump, Ted Cruz, Marco Rubio y sus respectivos rebaños. Bueno, no tanto como el miedo que les tengo a los ultraconservadores que luchan por la nominación republicana cuando imagino sus versiones dogmáticas de este país. Sanders, sin embargo, padece de la misma enfermedad: extremismo y retórica radical. Demasiada ira seguida de demasiadas promesas grandiosas de virar el mundo al revés, como si hablar agresivamente y con bravuconerías pudiera mejorar las cosas.
En un mundo posterior a Obama, ¿son realmente necesarias todas esas afectadas posiciones?
¿No debía el Partido Demócrata concentrarse ahora en hacerles ajustes a los cambios que ya han ocurrido, realizando movidas graduales que representen una diferencia en la vidas de las personas y que sean sostenibles en esta sociedad fracturada? ¿No debían los demócratas preocuparse más por preparar a congresistas elegibles, dotándolos de las habilidades intelectuales y bipartidistas requeridas para obtener resultados en Washington?
Estamos lejos de tener que hacer un llamado a una profunda revolución. Sanders suena como la otra cara de la moneda de Trump, lo cual dispersa a la gente hacia los rincones para protegerse. ¿A quién le interesa que se intensifique aún más una lucha en Washington entre la extrema derecha y la extrema izquierda?
Todo indica, sin embargo, que lo que tenemos que hacer es tomar más en serio la palabra de Sanders y su candidatura.
El empate en el caucus de Iowa ha confirmado que el candidato demócrata de más años ha captado la imaginación de los votantes menores de 40 con un fervor que da miedo. Sólo algunos precintos de Iowa le dieron a Hillary Clinton una ligerísima ventaja. El conteo final equivalente al número de delegados fue de 699.57 para Clinton y 697.77 para Sanders. Las predicciones son de que él arrasará el martes 9 en Nueva Hampshire.
La nominación democrática de Sanders es una apuesta riesgosa contra los jóvenes republicanos.
En un estado que podría decidir la elección, como es el de Florida, Sanders necesitaría ganar el voto de los independientes y los republicanos de Lincoln que odian a Rubio, a Cruz y a Trump. Sanders necesitaría esos votantes, que ahora dicen que “preferirían votar por Hillary” que por ninguno de los trogloditas que quieren eliminar los derechos de la mujeres y los gays.
Pero no se oye a nadie decir que “preferirían votar por Bernie que por . . .”
Sanders trae una competitividad necesaria a lo que parecía ser una nominación segura para la más calificada y más experimentada Hillary Clinton, una candidata progresista también pero con los pies en la tierra. El ruidoso desafío de Sanders fortalece la candidatura de Clinton. Sus respetuosos debates, hasta ahora sustantivos en los temas importantes, han sido un cambio refrescante del entretenido pero no presidencial circo de ocho pistas de los republicanos.
Pero hasta ahí llega la simpatía hacia Bernie.
Es un largo camino de regreso de una revolución fracasada.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de febrero de 2016, 2:40 p. m. with the headline "FABIOLA SANTIAGO: No simpatizo con Bernie Sanders."