Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Miami es lo tuyo, Yulieski, ¡a jugar béisbol!

Tal como lo hacen sus compatriotas, el príncipe del béisbol cubano y su hermano menor votaron con los pies contra las falsas promesas de reformas en Cuba en la era de la reconciliación. Y se marcharon.

Apréndanse sus nombres. Los bateadores de poder Yulieski Gourriel, de 31 años, y Lourdes Gourriel Jr., de 22. Los podrán ver jugar pronto en su equipo de béisbol, no como jugadores subcontratados bajo la alianza de Cuba y Estados Unidos, sino como jóvenes libres.

Los peloteros desertaron en la República Dominicana el lunes a las 2 de la madrugada, escapándose en una camioneta negra, y con el corazón lleno de sueños de Grandes Ligas, del hotel en que se hospedaba la delegación cubana. Como en una película de la Guerra Fría, un operativo de la seguridad cubana trató en vano de detenerlos, reportó el redactor de deportes de el Nuevo Herald Jorge Ebro. El embajador cubano en Santo Domingo y uno de sus lacayos se apresuraron hacia el hotel, quejándose furiosos de que los jugadores habían frustrado un acuerdo que estaba “a punto de cerrarse”.

Bueno para los jugadores, que ahora pueden quedarse con sus millones.

Bueno para nosotros, que reforzamos nuestro béisbol.

La Federación Cubana de Béisbol, una entidad gubernamental que actúa como agente, planeaba usar a los hermanos para cerrar un acuerdo con las Grandes Ligas: jugadores a cambio de dólares. Ahora sabemos lo que los dirigentes de las Ligas Mayores de Béisbol (MLB, en su sigla en inglés) —felicísimos ante la perspectiva de recoger mango bajito— estaban haciendo en Cuba con tanto entusiasmo. Tal parece que los hermanos Gourriel rehusaron seguir viviendo y trabajando bajo lo que equivale a esclavitud voluntaria, y La Habana no demoró en injuriar a sus héroes como “traidores” vendidos a los “mercenarios” del béisbol.

Esta deserción ilustra con creces lo que los cubanos piensan de los acuerdos entre Estados Unidos y Cuba, en los cuales son las arcas de los hermanos Castro las que salen ganando. ¡Adiós! Y significa un regreso a los días de la Guerra Fría, cuando constantemente salían los grandes jugadores de Cuba y beneficiaban al béisbol americano. ¿De qué otro modo habrían podido los recién formados Marlins ganar la Serie Mundial de 1997 si no hubiera sido por el brazo del Jugador Más Valioso, el lanzador Liván (“I love you, Miami”) Hernández?

Miami está listo para recibirte, Yulieski.

¿Jugarán los hermanos Gourriel para los Marlins de Miami?

Seguro que podríamos utilizarlos.

Después de que los avariciosos dueños engatusaron a funcionarios electos a construir un estadio impresionante, para después desmantelar el costoso equipo, el ambiente beisbolero aquí se ha vuelto aburrido. El béisbol ha estado tan aburrido que casi echamos de menos al manager Ozzie Guillén, despedido por padecer la imperdonable enfermedad de ser un izquierdoso bocón.

Como la política sigue siendo lo que es, los hermanos Gourriel podrían acaso sentirse más cómodos en Tampa, donde la locura por Cuba ha movido a la ciudad a rogarle a Washington que sitúe un consulado cubano allí, mientras Miami dice que de ninguna manera. Y donde uno no tiene que aclarar su posición acerca de los hermanos Castro, lo cual les hará más fácil regresar a su país algún día.

Pero yo digo que de ninguna manera, ellos pertenecen al Miami de Liván.

Con los 40,000 cubanos que han llegado en el último año desde que cambiaron las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y otros 8,000 en camino de Costa Rica, los Gourriel cuentan con un público listo para aplaudirlos, y además tenemos todavía que pagar el techo replegable del estadio.

Hasta que el gobierno cubano pase la página y le otorgue al pueblo la libertad y la dignidad que merecen, continuarán las deserciones en medio de la noche, y tal vez tendremos también un mejor béisbol en Miami.

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