Fabiola Santiago

La Cuba post-Obama se pregunta: ¿Y ahora qué?

Un hombre envuelto en la bandera de Estados Unidos aplaude al paso del convoy del presidente Barack Obama por La Habana el 20 de marzo.
Un hombre envuelto en la bandera de Estados Unidos aplaude al paso del convoy del presidente Barack Obama por La Habana el 20 de marzo. AP

“Ustedes muchas veces vienen y dicen, ‘yo quiero oír salsa’. Yo quiero oír rock-and-roll”, dice a la prensa el cantante cubano David Rico, del grupo Aire Libre, en el club Submarino Amarillo de La Habana.


Es algo más que una simple preferencia musical de este joven roquero sobre la manera en que los norteamericanos se relacionan con Cuba en este “nuevo día” marcado por el presidente Barack Obama y al ritmo de la música irreverente de los Rolling Stones. Para los cubanos que abrigan la esperanza de construir una sociedad sobre las piedras angulares de la libertad de expresión y de reunión y elecciones libres, la canción de los Stones (No) Satisfacción resulta más adecuada que cualquier tema de salsa.

En cuanto Obama salió de la isla para bailar el tango con la historia de Argentina, el régimen cubano desató su prensa estatal para contrarrestar su mensaje inspirador, sacando a la luz una letanía de viejas acusaciones contra Estados Unidos y, particularmente, contra exiliados cubanos. La maquinaria de propaganda alababa el liderazgo de los hermanos Castro y atacaba a Obama con una sarta de quejas sobre lo que olvidó decir o hacer, incluyendo pedir “perdón por los crímenes cometidos contra nuestro pueblo”, como lo expresó un pseudoperiodista cubano.

La histórica visita presidencial propicia un formidable momento, una inyección de energía a aquellos que operan bajo la bota del aparato represivo. Especialmente, porque Obama se reunió durante casi dos horas a puerta cerrada en la embajada de Estados Unidos con 13 activistas y periodistas independientes que representan un espectro de opiniones y que salieron esperanzados de que el presidente les haya hablado con sinceridad y que continuará apoyando sus esfuerzos para democratizar a Cuba.


Pero al igual que el esperado concierto de los Rolling Stones y las visitas de los papas, el épico transcurso por La Habana de “San Obama” es un evento que viene y va. Las fuerzas a cargo de mantener el status quo en Cuba están contando con el vacío que conlleva su salida de la escena para continuar su represión.

¿Y ahora qué?

Líderes jóvenes cubanos realizan movidas atrevidas, tomándole la palabra a Obama para “construir algo nuevo”. Pero su tarea necesita aliados y apoyo.

La activista Rosa María Payá, hija del difunto líder Oswaldo Payá, exiliada después de recibir amenazas de muerte por su llamado a la comunidad internacional a investigar la cuestionable muerte de su padre en un choque automovilístico hace cuatro años, regresó inmediatamente a Cuba. El jueves, le entregó otras 10,000 firmas a la sede la Asamblea Popular de Cuba, pidiendo un referéndum democrático sobre el futuro de la nación. Su padre había recogido 25,000 firmas y estaba en la región oriental de la isla continuando esa tarea en el momento de su muerte. Un español que viajaba con Payá insiste en que un automóvil del gobierno los obligó a salirse de la carretera.


No solamente hay vidas todavía en peligro — más de 300 activistas fueron arrestados antes de la visita de Obama — sino que hay adelantos que no son lo que aparentan ser.

El centro de tecnología que Google inauguró durante la visita de Obama es un paso adelante pero de una manera controlada, agenciado mediante la vieja fórmula de beneficiar a simpatizantes de Castro. Le da un codiciado wi-fi y el prestigio de ser el anfitrión de una zona tecnológica patrocinada por Google en su estudio a Kcho, un mediocre artista oficialista que es un protegido de Castro y dice que Fidel es su padre.

Sin embargo, el gobierno cubano rechazó la propuesta de Google de conectar a toda Cuba de gratis.


Es parte de la naturaleza humana prestar atención en tiempos de crisis y giros históricos, y luego dar la espalda cuando las lágrimas, los elogios y la furia se apagan.

Pero permanezcan al tanto de los cubanos. Sin importar las notas amargas que el gobierno toque, el pueblo está listo para bailar rock-and-roll.

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