Fabiola Santiago

Marco Rubio ha vuelto a las andadas

El senador por Florida, Marco Rubio.
El senador por Florida, Marco Rubio. AP

Incluso después de fracasar en su postulación presidencial, el senador Marco Rubio no ha aprendido la lección.

Considerado en su momento el salvador y el futuro del Partido Republicano, el senador por la Florida no sabe por qué perdió en su intento de llegar a la presidencia, igual que Obama, con un sólo período en el Senado. Perdió y rápido.


Este hijo de Miami subestimó la sofisticación política de la base de la ciudad que lo vio nacer y lo cerca que mantenemos del corazón nuestra herencia y nuestras experiencias como inmigrantes. Provocó una gran desilusión cuando tomó la retórica de los elementos de línea más dura del partido e hizo suya la agenda de la NRA y los hermanos Koch, abandonando así la reforma de las leyes de inmigración para invocar un discurso dirigido a los blancos no hispanos, temerosos de los cambios demográficos en el país.

El ala ultraconservadora del Partido Republicano lo apoyó, para entonces hacerlo a un lado y favorecer a Donald Trump y Ted Cruz, cuyas candidaturas provocan tanto temor en muchas personas que incluso algunos republicanos dicen que prefieren votar por Hillary Clinton que por Trump o Cruz.


Gracias a republicanos como Rubio, que apelan a la xenofobia y los grandes intereses, el Partido Republicano está irreconocible y en crisis. Uno pensaría que al menos Rubio se dedicaría a estudiar su conciencia. Pero este senador, ausente crónico en los debates en el Congreso, no tiene idea de los problemas que afectan al país y se aferra al partidismo hasta que se convierta en un cadáver político.

Después de su larga ausencia, es posible que haya encontrado asiento en el Senado, que haya pronunciado discursos entusiastas, algo que hace bien, pero no deja de actuar en contra de su propia gente.


La gran idea de Rubio la semana pasada fue eliminar los beneficios a los inmigrantes cubanos, en medio de una crisis.

“Nadie puede defender esto”, dijo en el Senado con su tradicional soberbia.

Rubio ha vuelto a las andadas, así que a los latinos, ¡mucho cuidado!


No cabe duda que en el Congreso queda mucho por hacer ante una ola inmigratoria de cubanos que parece permanente. Hay que encontrar una solución que tenga sentido y concuerde con la política de acercamiento del presidente Obama para mejorar la vida de los cubanos en la isla y promover el cambio democrático. No cabe duda que ya es hora de modificar la Ley de Ajuste Cubano y la política de pies secos/pies mojados, pero de una manera juiciosa, no como ha propuesto Rubio, quien planteó un castigo generalizado por los pecados de algunos, y además con el martillo de un mandato unilateral del Congreso.

Retirar los beneficios a los inmigrantes en medio de la crisis migratoria de los cubanos que llegan por tierra desde América Central y por mar, crearía un gran problema en zonas como Miami-Dade, donde muchos terminan asentándose. Eso significaría un enorme peso sobre los servicios locales, me han dijo funcionarios. Llevaría a más indigencia y crearía más pobres.

Rubio, el salvador, hace un gran esfuerzo por conseguir apoyo bipartidista para controlar a los menos afortunados y ahorrar dinero al contribuyente.

¿No sería mejor que buscara el apoyo de los líderes legislativos —–y del gobierno— para plantear una estrategia actualizada e inteligente con el fin de abordar el tema de Cuba y los inmigrantes cubanos, y para entre otras cosas conseguir la financiación de un programa de reasentamiento que se necesita con urgencia?

Una estrategia que incluya, como se hizo con todo éxito durante la crisis de los balseros a principios de los años 1990, ayudar a los refugiados que ya están aquí a entender cómo es la vida en Estados Unidos. Cosas como el proceso de comprar un seguro para el carro, cómo enfrentar la vida laboral, que se abordaron en el programa de esa época, financiado con fondos federales, en recintos del Miami Dade College.

No cabe duda que no se puede permitir el fraude en los programas de prestaciones sociales, ni de ningún otro tipo, pero lo que hay que hacer es castigar a los culpables, separarlos del programa y, si resulta apropiado, enjuiciarlos. Pero lo que Rubio propone es eliminar los beneficios a todos unilateralmente, incluso antes que hayan llegado, y eso no soluciona el problema.

Afortunadamente, el Senado se negó siquiera a votar sobre la propuesta.

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