Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Los viajes no son el remedio

Antes de que se relajara recientemente la política de Estados Unidos hacia Cuba, los viajes de estadounidenses a la isla se habían puesto tan de moda que la revista National Geographic categorizó las visitas a La Habana como “el mejor viaje en familia”.

Para ilustrar esta opción, la respetada revista e institución de viajes publicó en su sitio web un fragmento del libro 100 Places That Can Change Your Child’s Life (100 lugares que pueden cambiarle la vida a su hijo) de Keith Bellows, quien narra sus experiencias como padre estadounidense de exponer a sus dos hijos a “la perspectiva cubana de la vida en una sociedad socialista”.

Es una ventana hacia lo que puede esperarse cuando más estadounidenses viajen a la isla: estar expuestos solamente a personas e instituciones aprobadas por el estado, una aceptación más indulgente de la ausencia de derechos (algo que los estadounidenses no tolerarían aquí pero que a menudo admiran en otros sitios), y una enorme dosis de credulidad.

“Los niños aprenden sobre [el líder revolucionario] Che Guevara viendo frecuentemente su imagen a su alrededor”, dice el padre. “Nosotros teníamos incluso un juego sobre quién veía primero al Che”.

Me pregunto en qué momento le hablará a sus hijos sobre las ejecuciones sumarias presididas por Guevara. ¿Será cuando vean los agujeros de balas en el macabro paredón de fusilamientos de La Cabaña, la fortaleza española convertida en prisión que es ahora una atracción turística de 4 1/2 estrellas?

La historia es difícil de ocultar, y la realidad también. Esa es la belleza de viajar y hacer contacto con la gente en vez de la nada que produce el aislamiento. Sin embargo, no es probable que los viajes de estadounidenses a Cuba sean el remedio de los padecimientos de ese país. En esta coyuntura histórica valdría la pena hacer la observación de que, con excepción del área de la política, Cuba no ha estado tan aislada como muchos piensan.

Aunque muchos estaban bajo la creencia de que estaba prohibido viajar a Cuba, a juzgar por las exageradas reacciones a las nuevas guías de la administración de Obama, algunos de los catálogos turísticos a todo color que llegan periódicamente a mi casa en Miami y por correo electrónico de sitios web han incluido durante años a Cuba como uno de los destinos turísticos.

Durante años, he visto en los medios sociales álbumes de fotos de excursiones a Cuba — por ejemplo, estadounidenses saboreando tabacos en un restaurante tan sofisticado que he tenido que verificar dos veces el lugar. Y la obligada foto de estadounidenses posando junto a viejos automóviles cubanos es ya un aburrido cliché.

Ahora, tras el sello de aprobación presidencial de una mayor relación social y económica con Cuba, y bajo las directrices sobre viajes, puestas rápidamente en vigor el viernes, que hacen más fácil el corto viaje, se ha producido indignación entre los representantes de Miami-Dade ante el Congreso mientras existe júbilo entre la gente que cree que, al fin, puede viajar a la isla.

Señores, ¿dónde han estado?

Obviamente desconectados de la realidad o, en el caso de líderes políticos, aprovechando al máximo el momento político para expresar superficiales condenas de lo que ha existido desde que la administración de Clinton puso en vigor por primera vez la política de establecer contactos de “pueblo-a-pueblo”.

Lo cierto es que bajo las categorías de viajes permitidos — visitas familiares y religiosas, trabajo humanitario, investigaciones académicas y cualquier otra cosa que clasifique como “experiencias educacionales”, que viene a ser cualquier tipo de viaje — no era muy difícil para un agente de viaje obtener una licencia del Departamento del Tesoro. Y tampoco era difícil para los viajeros conectar con un proveedor con licencia, si de veras querían ir a Cuba.

Ejemplo de ello es la reiterada oferta que aparece en mi catálogo de Expediciones de National Geographic:

“Cuba: Descubra su pueblo y su cultura” promete una excursión de nueve días que comienza en la Plaza de la Revolución en La Habana, incluye la histórica ciudad de Cienfuegos y la Bahía de Cochinos, y termina con una visita a un artista de cerámica en la villa de pescadores de Jaimanitas antes de regresar a la capital para participar en una sesión de preguntas y respuestas con un periodista estadounidense y uno cubano. Luego una cena de despedida y el vuelo de regreso.

¿Qué es lo que ha cambiado ahora?

Que ya no hace falta obtener una licencia para esas categorías de viajes permitidos.

Esto a pesar de que los viajes a Cuba de estadounidenses bajo la descongelación diplomática del presidente Obama continúan sujetos a regulaciones.

Las reglas se han relajado — no hacen falta licencias para 12 categorías de viaje y existen permisos comerciales sin precedentes — pero ello no significa que todo está por la libre.

Todavía los estadounidenses tienen que viajar a la isla en grupos supervisados, algo que no alcanzo a entender, pues esto propicia viajes a sitios oficiales en lugar de contactos directos con cubanos promedio en la calle. Lo único diferente es que ahora virtualmente cualquier organización o compañía puede planear un viaje a Cuba y los estadounidenses pueden utilizar sus tarjetas de débito o crédito para sus gastos en la isla sin límites de dólares.

Si usted es un viajero mundial, los cambios son significativos. Cualquier cosa que facilite viajar a cualquier parte — y estimule la competencia entre los proveedores — es algo positivo.

Con más opciones, lo único que podría cambiar es el precio que actualmente se paga por un viaje a Cuba, mucho más alto que hacia otras islas del Caribe.

Esa excursión corta y poco sofisticada de National Geographic que promete “significativa interacción con los cubanos” no menciona su conexión con el estado, cuesta $5,995, igual que un viaje a “Holanda en primavera”, sin incluir el boleto aéreo. Un viaje más largo y más completo al lejano Perú cuesta $1,000 menos. Sin duda habrá más agencias de viaje que se lancen a ofrecer mejores excursiones y más baratas.

Pero el verdadero problema que van a encontrar los estadounidenses que viajen a Cuba es el gobierno cubano, que, por ejemplo, fija arbitrariamente un cambio de moneda que devalúa el dólar.

Ese tipo de experiencia de “vida socialista” no tiene precio, pero ofrece mejor lección que una estúpida camiseta con la trillada imagen del Che.

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