Fabiola Santiago

Algunos cubanoamericanos aún resienten a los Clinton por Elián González

Elián González es retirado de la casa de su tío en La Pequeña Habana el 22 de abril del 2000.
Elián González es retirado de la casa de su tío en La Pequeña Habana el 22 de abril del 2000. AP

Hillary Clinton, candidata presidencial, es una píldora difícil de tragar para algunos cubanoamericanos, y esa antipatía tiene una razón de base.

Y tiene un nombre: Elián González.

La administración de su esposo — y, para ser más exactos, su secretaria de Justicia, Janet Reno, una miamense — metió la pata en grande en el 2000 cuando ordenó la captura del niño de 6 años por medio de una redada en medio de la noche en la casa de parientes de La Pequeña Habana que querían que él viviera en un país libre.

Las autoridades no se limitaron a recoger a Elián o a llevárselo a su padre después de una audiencia judicial. Se lo llevaron a punta de metralleta en una operación más adecuada para el Medio Oriente que para un Miami embargado de emociones. La imagen del aterrorizado Elián, tomada por el fotógrafo Alan Díaz de la AP y que ganó un Premio Pulitzer, es inolvidable.

Delfin González habla sobre Elián. (Video por José A. Iglesias / E lNuevo Herald)

Esa odisea se cierne en la historia como una nube de tormenta, aun si uno cree que este niño, rescatado milagrosamente en alta mar tras un naufragio ocurrido el Día de Acción de Gracias, debía estar con su padre, quien lo quería en Cuba. Dieciséis años después, todo lo que temía la comunidad cubana ya se ha dado: su padre, un fiel servidor de la Cuba comunista, entregó a Elián para que lo exhibieran de un lado a otro como un títere, lo usaran como una herramienta de la Guerra Fría, y permitió que lo adoctrinaran en la idolatría de Fidel Castro.

No obstante, el niño debía estar con su padre; eso lo entendemos ahora.

Pero su violenta captura fue demasiado, y se llevó a cabo sin haber agotado otras posibilidades, lo cual resultó una afrenta a la comunidad cubanoamericana, leal y amante de la libertad.

El vicepresidente Al Gore, en su campaña por la presidencia contra George W. Bush, pagó la culpa de Reno y Bill Clinton. Muchos cubanoamericanos independientes y demócratas votaron en contra de Gore simplemente para castigar a los Clinton, y en esa apretada campaña, nuestros votos pusieron al dúo de Bush y Cheney en la Casa Blanca.

Nuestro voto tuvo un nombre: “El voto del castigo.”

El precandidato presidencial republicano, Donald Trump, explica por qué considera que Hillary Clinton no debe ser presidenta de Estados Unidos, en un discurso en Macon, Georgia, en enero del 2016.

He acabado arrepintiéndome de ese voto un millón de veces. Otro nombre salió a relucir, un tema más importante: Irak, la guerra de mis hijos.

Yo juré no votar nunca más con base en el tema de Cuba luego que el mejor amigo de una de mis hijas llamó a nuestra casa justo antes de ser movilizado a Irak, con su última llamada de un minuto. El le preguntó a mi hija: “Rápido, dime. ¿Qué hago? ¿Les disparo o no?”. Y mi hija se volvió a mí en busca de respuesta.

Yo no tuve respuesta para ella; sólo horror y angustia.

Cuando este muchachito convertido en soldado regresó a casa, ya sospechábamos que no había participación alguna de Irak en los ataques terroristas del 9/11, y que tampoco había armas de destrucción masiva. Él se veía más corpulento y endurecido, pero todavía inocente. En medio de nuestra conversación, me di cuenta de que él no tenía idea alguna de que las razones por las que estaba peleando en esa guerra ya no eran reales. No quise ser yo la persona que rompiera su corazón heroico.

Me retiré, avergonzada.

La precandidata demócrata y ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, defendió en Miami la política hacia Cuba del presidente Obama y explicó la evolución de su posición sobre el tema, pero también denunció las violaciones a los derechos humanos d

Muchos años más tarde, la primera mujer con verdaderas posibilidades de llegar a la presidencia, Hillary Clinton, tiene un persistente problema con los cubanoamericanos, a pesar del fuerte apoyo que ha conseguido en el sur de la Florida. Una encuesta recién dada a conocer muestra que Clinton podría derrotar a Donald Trump por un porcentaje de 52 a 25 en Miami-Dade, que es un baluarte demócrata. Pero la encuesta hecha por Bendixen & Amandi International para el Nuevo Herald, el Miami Herald, , WLRN y Univisión 23 muestra asimismo que Trump le lleva la ventaja en el voto de los cubanoamericanos, 41 a 29 por ciento.


La ventaja del divisivo Trump, por insignificante que parezca, es extraña en un momento en que republicanos de alto perfil están apoyando la candidatura de Clinton, y luego de que un 50 por ciento de los cubanoamericanos votaran dos veces a favor de Barack Obama, y de que otra encuesta reciente muestra que los cubanoamericanos están empezando a dar su apoyo a las relaciones con Cuba en números crecientes. Clinton se ha comprometido a continuar esa política de relaciones con Cuba.

Es posible que simplemente haya alianzas partidistas que expliquen ese voto cubanoamericano pequeño, pero significativo, a favor de Trump.

Uno de ellos es la persistente sombra de un niño llamado Elián, ahora un hombre joven que llama padre a Fidel Castro.

Pero no dejemos que eso vuelva de nuevo a convertirse en un tema de la política estadounidense; y, ciertamente, no en este momento.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

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