Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: Conversaciones en La Habana

Desde este punto de mira tan cercano pero tan lejos de Cuba — Miami, sede de periodistas sin visas— la primera semana de las históricas conversaciones entre Estados Unidos y Cuba comenzaron con una calidad surrealista.

Desde el confort de nuestros butacones, vimos a los presentadores de las cadenas de televisión comenzar sus emocionantes noticieros con vital música de fondo desde la luz esplendorosa de La Habana.

La imagen en vivo del lugar venerado en la distancia deslumbró a muchos miamenses, animando en ellos un espíritu inicial de cauteloso optimismo ... hasta que recuerdan la misma escena y el mismo entusiasmo durante la visita del Papa Juan Pablo II en 1998. En aquel momento tal vez incluso le prendimos una vela a Cachita, santa patrona de la isla y de riesgosas travesías en el mar. Y nada.

La noticia sobre Monica Lewinsky salió entonces a la luz y la prensa estadounidense — presente masivamente allí al igual que esta semana — abandonó la historia cubana en el primer vuelo de vuelta. Lo único que quedó de esperanza y cambio en la isla fueron las palabras del Papa a los cubanos: “No tengan miedo”, y su mensaje al resto del mundo de realizar “una apertura” hacia Cuba.

Diecisiete años después de esa última gestión de convencer a Cuba que realizara cambios, la más fuerte y vehemente oposición a la dictadura de 56 años de los Castro insiste en su derecho a tener una voz en las negociaciones para reanudar relaciones diplomáticas y expandir el comercio y los viajes.

¿Cómo se desarrollará la reconciliación después de varios días de diplomacia en La Habana? Es difícil saberlo.

Pero acaso lo más alentador de la primera sesión de conversaciones fue la decisión de la delegación de Estados Unidos de reunirse con los líderes disidentes en La Habana el viernes, cuando las conversaciones oficiales habían terminado, y que hasta ahora Cuba no haya dicho nada injurioso.

La funcionaria que encabezó la delegación de Estados Unidos en las negociaciones, la subsecretaria del Departamento de Estado Roberta Jacobson, estuvo en Miami el sábado, un paso sensible de incluir la parte ausente del Estrecho de la Florida. Después de todo, mientras Cuba otorgaba visas a periodistas extranjeros como si fueran bombones — 200, según el periódico cubano Granma —la mayor parte de la prensa de Miami fue excluida.

“Esta primera conversación puso al descubierto las diferencias que tenemos, y que sabíamos que teníamos”, le dijo Jacobson al Miami Herald y a el Nuevo Herald.

Jacobson advirtió que, aunque es optimista y confía en el proceso diplomático, no se deben elevar demasiado las expectativas sobre algo que “tomará mucho tiempo, la verdadera normalización de las relaciones y el cambio. Tenemos que ser cuidadosos”.

Pero a juzgar por los informes de prensa, la atmósfera que parecía reinar en La Habana fue cordial hacia la presencia estadounidense, a pesar del barco espía ruso fondeado en el puerto de La Habana en el momento de las conversaciones.

Algo también notable: Granma, el periódico del gobierno cubano, publicó artículos directos acerca de las conversaciones, utilizando un lenguaje y técnica que casi evocaba el estilo periodístico de Prensa Asociada (AP), incluyendo este titular: “Cuba y Estados Unidos, el comienzo de un nuevo capítulo”.

Estuvo ausente la dosis usual de verborrea antiimperialista.

Y, al parecer, los periodistas estadounidenses que obtuvieron visas se tomaron a pecho la frase clave de las conversaciones: “respeto mutuo”. Según progresaban las conversaciones a puerta cerrada, la cobertura de televisión pasó a artículos benignos sobre la fabricación de tabacos y a crónicas acerca de cómo se las arreglan los automóviles viejos para seguir funcionando.

Periodismo estadounidense diplomático, algo que no se ve muy frecuentemente.

En Miami hubo una vigilia y las víctimas del régimen que se oponen a las conversaciones siguieron desconsoladas.

“Parece que, en ambos lados de este tema, los clichés nunca mueren”, lamentó un periodista cubanoamericano que ha hecho reportajes desde La Habana pero que esta vez no hizo el viaje.

Conclusiones de primera ronda: Imágenes surrealistas y más diplomacia teatral que verdadera sustancia.

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