Trump y los políticos que saben besar
Cuando yo quiero algo, yo lo consigo. Cuando yo llamo, ellos me besan el c---. Es cierto”. Ese fue Donald Trump, dejando su marca grosera como aspirante a la candidatura presidencial, en un mitin en Iowa en enero.
Aparte de su trastorno de personalidad narcisista, Trump podía hablar con semejante autoridad y seguridad en sí mismo porque funcionarios públicos como la procuradora general de la Florida, Pam Bondi, estaban haciendo aquello de lo cual él se jactaba, según reportes de Associated Press.
Bondi, la máxima funcionaria legal del estado, y, supuestamente, protectora de los floridanos contra estafadores y sinvergüenzas, pide una donación de campaña a Trump. Pasan las semanas, y su oficina anuncia que ella está considerando unirse a una pesquisa de fraude hecha por Nueva York a la Universidad Trump y sus afiliados, según reporta el Orlando Sentinel. Cuatro días más tarde, el grupo que respalda la reelección de Bondi recibe un cheque de la fundación de la familia Trump por $25,000. La oficina de Bondi cambia de idea, decide que no hay motivos suficientes para continuar la investigación. Las más de 20 quejas de floridanos contra la Universidad Trump y sus afiliados carecen de base. No hay necesidad de unirse a la demanda de Nueva York.
AP siguió el rastro del dinero entregado por una fundación de la familia Trump, en posible violación de las reglas sobre las actividades políticas de las agencias caritativas, al grupo político que respaldaba la reelección de Bondi, cínicamente bautizado como And Justice for All (Y Justicia Para Todos). La hija de Trump, Ivanka, donó asimismo $500 a Bondi una semana antes de que llegara la donación de The Donald J. Trump Foundation, y otros $25,000 al Partido Republicano de la Florida al año siguiente.
En Nueva York y California, las quejas de personas que se dejaron engatusar por la propaganda de ventas de la Universidad Trump fueron tomadas en serio. Alegan que pagaron alrededor de $35,000 por promesas de una educación sobre cómo invertir en bienes raíces, y al no recibir lo prometido o obtener resultados, acusaron luego a Trump de fraude. Trump enfrenta demandas de fraude civil, y le va tan mal que despotricó en contra del juez del caso, nacido en Indiana, diciendo que existe un “conflicto de intereses absoluto” porque él es de ascendencia mexicana y “yo voy a construir un muro”.
En la Florida, Bondi trató de explicar su retirada del caso diciendo que su oficina sólo había recibido una queja contra la Universidad Trump. Pero documentos sacados a la luz por el Orlando Sentinel y revisados por AP muestran un cuadro muy distinto. La oficina de la procuradora general había recibido numerosas quejas de personas en busca de ayuda para recibir las devoluciones de dinero prometidas por materiales e instrucción personalizada que nunca recibieron de parte del Instituto Trump y/o la Universidad Trump, ambos bajo escrutinio en el juicio de Nueva York.
Personas que habían sido cesanteadas y sufrían apuros financieros invirtieron miles de dólares, algunos llevaron al máximo sus tarjetas de crédito –como aconsejaba Trump– con la esperanza de que su costoso estilo de “educación” los llevaría a conseguir mejores ingresos. Su inversión no generó empleos, ingresos para pagar esas tarjetas de crédito, ni tampoco consiguieron aprender nada de provecho excepto el costo de dejarse engañar por las bufonadas de Trump.
Pero, ¿cómo podía esperarse que Bondi luchara por ellos después de que ella –personalmente– solicitó dinero al hombre cuyos negocios su oficina estaba considerando investigar?
Trump no se cansa de jactarse de que él da dinero a los políticos y recibe favores de parte de ellos. Su confesión de intentos de corrupción no es un problema para los líderes republicanos que están siguiendo la línea del partido de que “es la voluntad de los votantes” para respaldar, apoyar y trabajar por la elección de Trump a pesar del racismo, las mentiras y la inestable personalidad que están a la vista de todos.
Como las personas desesperadas a las que Trump convenció de que compraran su varita mágica para crear una fortuna en bienes raíces, los republicanos creen que Trump conducirá a Estados Unidos a la riqueza y la prosperidad.
Como presidente, el posible candidato republicano sería el zorro perfecto para guardar la Casa Blanca. A lo mejor él designará a la floridana Bondi, tan dispuesta a complacerlo, para que sea su secretaria de Justicia.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de junio de 2016, 6:44 p. m. with the headline "Trump y los políticos que saben besar."