Los cubanos, condenados a pensar con el estómago
En la mesa del comedor los abuelos juegan con las dos nietas. Les preguntan qué le pedirían al genio de la lámpara en caso de que se lo tropezaran en alguna esquina. “Quiero un plato lleno de pollo y papas fritas”, responde de inmediato la más pequeña, mientras la mayor acota que le gustaría una lluvia de caramelos. El segundo pedido incluye helados a granel y un tercero se concentra en hamburguesas rebosantes de queso.
La televisión nacional transmite un reportaje sobre un campismo popular que ha sido reparado para este verano y abrió nuevamente sus puertas al público. Una clienta sonríe ante la cámara y dice: “La comida está buena”. El administrador del centro recreativo enumera las opciones gastronómicas del lugar y asegura que las ofertas culinarias “accesibles a todos los bolsillos y bien cocinadas” esperan a quienes reserven en sus cabañas desperdigadas en medio del campo.
La ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, llama a respetar moral y materialmente a los maestros para evitar el éxodo que sufre el gremio hacia otros sectores. La funcionaria recomienda hacer ferias agropecuarias, en las que se venda carne de cerdo, viandas y vegetales, en las cercanías de centros docentes, donde los educadores puedan comprar alimentos con posterioridad a su horario de trabajo.
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Codirectora de 14ymedio
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de septiembre de 2016, 6:19 p. m. with the headline "Los cubanos, condenados a pensar con el estómago."