El miedo les devora el alma
El universo enrarecido que crearon a intimidación y porrazo se deshace y el miedo se trasunta en pataletas mediáticas que reparten indistintamente en la prensa electrónica e impresa del régimen. Un manojo de talibanes fidelistas tienen bajo su responsabilidad salirle el paso a los excesos que provoca la seductora proximidad americana.
Por un flanco de la contracandela, los funcionarios del régimen tratan de conversar civilizadamente con los enviados del legado del presidente de los Estados Unidos, mientras los comisarios siembran cizaña contra esa parte del mismo legado que trastabillea por unilateral e incompleto.
Ni los burócratas, ni los juglares de la revolución apuestan a la buena fe del primer mandatario negro de los Estados Unidos, cuando las calles del “imperio” se inflaman por los aplazamientos, no resueltos, de la histórica segregación racial.
El castrismo solucionó el dilema racial por decreto en 1959 y, sin tener que rendirle cuentas a ninguna organización de ciudadanos negros, los siguió excluyendo de posiciones gubernamentales y hasta de las carpetas de los hoteles. No es algo que les quite el sueño.
Cuando en Cuba los negros –y los blancos– se quejan públicamente, los arrastran, les caen a pescozones o los obstruyen con una ridícula y malsana conga. Cuando no, los “accidentan” en la carretera o envenenan con un pinchazo y desaparecen. La prensa no los puede cubrir, no existen, son no-personas. Si acaso, algunos medios “de afuera” los reportan parcialmente.
A estos cubanos valientes, denostadas como mercenarios, se suman ahora quienes escriben en la prensa alternativa –ni siquiera opositora– sino una más farandulera y con temas de sociedad, donde se retrata una Cuba futurista, de cierto glamour, al doblar de la esquina, que se abre paso en la insoportable grisura oficialista donde todo es miedo y cautela.
Algunos de estos periodistas se desenvuelven como anguilas en el oficialismo pero cobran donde pagan, que es en la otra orilla. Así los enjuician desde el órgano oficial del partido comunista: “La densa red de medios y redes sociales tejida en torno a Cuba con aliados internos y colaboradores, gente que un día es capaz de escribir en la prensa popular revolucionaria, en Granma, Juventud Rebelde, u otros y al siguiente en la prensa enemiga; gente capaz de negar lo que afirmaron con fuerza horas antes, por conveniencia; gente que piensa y escribe según el dictado de quien le pague más; gente que escribe para medios privados al servicio del capital, tiene un único fin, desacreditar al Estado revolucionario, debilitar los pilares que sostienen la institucionalidad de la revolución”.
El castrismo solo existe en la cabeza de sus últimos delirantes panegiristas. Mientras los jefes supremos se dan la gran vida, en una suerte de corte comunista, de viajes y placeres, estos escribanos rastreros de mal gusto tratan de evitar el naufragio tergiversando y faltando a la verdad.
El nuevo mundo les causa pavor y no es que pierdan prebendas porque siempre han estado en la tea. Celebran un evento para salvar los símbolos patrios ante la avalancha de la insignia americana con sus barras y estrellas y advierten que “el blanco es la Revolución y su futuro inmediato, por eso no quieren dejar piedra so bre piedra; por eso intentan sembrar la confusión, el desaliento, la desmovilización; por eso promueven el egoísmo, la falta de fe, la baja autoestima nacional”.
Palabrería cada día más hueca, distanciada de la realidad que les regresa, como un boomerang enardecido, y los retrata desnudos, desamparados, sin argumentos frente al desprecio y la indiferencia.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2016, 6:47 a. m. with the headline "El miedo les devora el alma."