Haciendo que la política norteamericana hacia Cuba sea otra vez un chiste
¿Cómo escribir sobre una elección como esta, dada la fluidez del ciclo de noticias que cambia varias veces al día? Me resulta mas fácil escribir sobre aquello que no cambia nunca, como el rol que juegan en todas nuestras elecciones la demonización del adversario y el “Viva Cuba Libre”.
En un reciente artículo del Miami Herald –“Trump broke Cuban Embargo”, 29 de septiembre– quedó plasmada la increíble inocencia de ciertos cubanoamericanos que apoyan fervorosamente a cualquiera que los jala por donde más les gusta: el devaluado “No Castro, no problem”.
El artículo en cuestión enlaza con un video que es todo un testimonio de la estupidez insondable de esos cubanoamericanos. En dicho video el actual candidato republicano arenga en 1999 a los miembros de la Fundación Nacional Cubano Americana con sus estridencias anticastristas pidiéndoles su voto, su dinero y, de paso, el primer hotel en una Cuba gobernada por la Fundación con el respaldo de los EEUU.
Hace dos semanas y casi dos décadas después, el mismo sujeto repitió básicamente el mismo mensaje de mano dura contra los Castro, en una de tantas apariciones que hacen nuestros politiquillos en el Versailles.
La pregunta obligada, en esta época de acercamiento entre Cuba y los EEUU iniciada por el presidente Obama con el respaldo de la vasta mayoría del pueblo “americano” (incluidos los cubanoamericanos) es si esos cubanoamericanos que aplaudieron al Donald hace pocos días en Miami son capaces de aprender alguna lección de este cúmulo de experiencias. Y la respuesta es un NO rotundo… A quien le gustan los “jala bolas” (venezolanismo) –y Trump se autoproclama experto en jalar genitales, así como en muchas otras cosas– no le caben las razones ni las lecciones en su cerebro.
Ni siquiera son capaces de aprender las lecciones más sencillas. Por ejemplo: quienes dicen, y con toda razón, que el candidato republicano a la presidencia es un estafador y un amoral –un par de jóvenes senadores me vienen a la mente– pueden ser tildados ellos mismos como amorales y fraudulentos por estar dispuestos a instalar en la Casa Blanca a un amoral con el vocabulario, la mentalidad y el coeficiente emocional de una criatura de doce años.
Pero no quiero caer en la otra característica invariable de nuestros procesos electorales, la demonización del adversario, ingrediente clave en la polarización que aqueja y paraliza no solo a los EEUU sino al mundo todo. Me parece tan peligroso para una sociedad demonizar al Donald como hacerlo con Hillary, y las consecuencias son nefastas a la hora de preservar los valores que los propios demonizadores dicen defender.
Es así como llegamos a la abundancia de autoproclamados “expertos” entre nosotros que se dicen libertarios pero apoyan medidas que coartan la libertad de sus conciudadanos a la hora de viajar a Cuba o comerciar con ella. O que se autoproclaman (y hasta presiden partidos) liberales y neoliberales cuando su corazón y sus proclamas son abiertamente reaccionarias. O de moralistas que apoyan al Donald aun reconociendo su amoralidad.
Esas incoherencias se han puesto de manifiesto recientemente a través de la adulación de muchos de estos “expertos” hacia el actual Secretario General de la OEA, el uruguayo Almagro, luego de que estos mismos personajes demonizaron a su predecesor, el chileno Insulza, durante años. En mi opinión, ambos caballeros han dado muestras de su capacidad e inteligencia para conducir los destinos de la organización, aun cuando siempre han estado constreñidos por los estatutos de la misma. Es cierto que Almagro ha sido más aguerrido en sus dichos que lo que fue en su momento Insulza, pero la OEA no funciona a través de las opiniones que vocaliza su Secretario General sino de los votos de los países que la integran. Y en ese plano no existen todavía cambios significativos entre la gestión de Insulza y la de Almagro, a quien una querida amiga y aguerrida combatiente del castrismo catalogó como “un comunista más” en cuanto fue designado.
Almagro ha dicho que quiere ver a Cuba de nuevo en la OEA, y en una entrevista concedida a la revista colombiana Semana en agosto del 2015, manifestó que “Cuba lleva una agenda muy positiva, incluido el diálogo con los EEUU y el hecho de que mantiene relaciones cordiales con todos los países…”, lo que no lo convierte en comunista, al menos en la mente confusa de los “expertos demonizadores” que hoy lo proclaman como el apóstol de la democracia en nuestra región.
Hasta Carlitos Gardel puso el dedo en la llaga de mis amigos del prefijo “liber” cuando cantó aquello de “Almagro, Almagro de mi vida, tu fuiste el alma de mis sueños”…
Énfasis en “sueños”…
Abogado cubanoamericano, presidente de World Wide Title Inc.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2016, 6:33 p. m. with the headline "Haciendo que la política norteamericana hacia Cuba sea otra vez un chiste."