Ante presidencia de Trump, Cuba va a sentir el valioso tiempo perdido
A partir del martes 8 de noviembre una nueva etapa se abre para Estados Unidos y para el resto de las naciones del planeta, mientras que para Cuba concluye un período de grandes oportunidades, que fue desaprovechado por la testarudez de la Plaza de la Revolución.
Con la normalización de relaciones entre Washington y La Habana, anunciada el 17 de diciembre de 2014, comenzó un tiempo de posibilidades para mejorar la vida de la población cubana que el Gobierno ha recibido con una prudencia excesiva. A cada paso dado por Barack Obama, Raúl Castro respondió con suspicacia, sin disminuir la represión política y, en los últimos meses, elevando el tono de la retórica ideológica.
El general presidente ha dilapidado el entusiasmo del deshielo, malgastando ocasiones y atrasando –con su terquedad– la inevitable apertura que vivirá la Isla. Ha optado por atrincherarse en vez de distender los férreos controles que atenazan la vida económica, cívica y cultural del país.
Cuando se abrió la oportunidad de que los cafetaleros cubanos pudieran vender su producto en territorio estadounidense, del lado de acá le respondió una airada Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Ante las propuestas de estrechar vínculos entre los jóvenes de ambas naciones, el oficialismo verde olivo se parapetó en una agria campaña contra las becas ofrecidas por la organización World Learning.
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Esta historia fue publicada originalmente el 10 de noviembre de 2016, 1:12 p. m. with the headline "Ante presidencia de Trump, Cuba va a sentir el valioso tiempo perdido."