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Opinión Sobre Cuba

Cuba y la puesta en escena revolucionaria

Espectadores asisten al Festival de Ballet en el Gran Teatro de La Habana, el 29 de octubre.
Espectadores asisten al Festival de Ballet en el Gran Teatro de La Habana, el 29 de octubre. AP

El revolucionario cabal, aquel que abandonó todo por la revolución y puso su vida en función del proceso que comenzara en 1959, es una especie en extinción.

Mis padres alguna vez creyeron en la utopía, pero poco a poco esta quimera les fue desarmando con sus propios argumentos hasta dejarlos solos.

Combatir contra lo que uno ha sido es pelear contra uno mismo, y creo que ambos, de manera distinta, padecieron esta feroz guerra interior. Es muy doloroso el modo en que terminaron sus vidas:

Albis, mi madre, magnífica poeta y productora de radio perdió la memoria luego de una existencia épica sui genéris en la que la política intermedió entre su trabajo, su vida sentimental y nosotras. Le fue negado el poder de decisión sobre el futuro de su propia hija, los nervios le fallaron y los frecuentes electroshock borraron poco a poco los archivos de su mente hasta perder la memoria a los 48 años. ¿Mi madre murió de Alzheimer a los 54 ? Posiblemente exista una demencia que derive de la ideología, de la resistencia a pensar que no todo ha sido en vano, un apagón casi voluntario, un escape por la escalera de incendio que se traduce en olvido .

Como una niña, como una mariposa perdida abatió ante mí devastada, curé las escaras y los miedos de mi madre, pero jamás logré amainar la desilusión. De la desmemoria nadie pudo regresarla.

Raúl, mi padre, un excelente dramaturgo cubano especializado en teatro infantil, entregado a la revolución a través de proyectos inolvidables como el Centro Dramático de Cienfuegos, el Grupo Teatro Escambray, La Toronjita, en la Isla de la Juventud, o el Guiñol Nacional de Cuba, tragó en silencio cada una de las etapas de incomprensión, parametración y vejación que sufrieran quienes integraron ese delicado, apaleado gremio de trabajo en conjunto. Poco a poco se fue refugiando en la bebida, perdió su eje, su familia, la mayoría de sus amigos partió al exilio y con todo ello extravió la noción de quién era verdaderamente. A pesar de su talento y brillo mi padre tuvo un trágico final. Sus últimos días los pasó pidiendo limosnas con un San Lázaro a su diestra, acurrucado en la calle Obispo, recordando, recordándolo todo… y de esa demente pesadilla ya nadie lo pudo salvar.

Hay varios tipos de revolucionarios, el que nunca renuncia a lo que fue, pero puede conversar con personas que piensan diferente. Él que no cede y sigue siendo ese ser sacrificado y convencido en sus principios, que no tiene nada y no desea nada a cambio de lo que hace. Coherente con su biografía, sufre en silencio, lucha hasta el final, pero no quiere aceptar el fracaso de sus ideas . A estos yo los respeto, aunque pueda pensar que realmente están equivocados.

Conozco de cerca ese individuo sensible y humano al que conocer la verdad le lleva mucho tiempo. Un día abre los ojos y la realidad lo supera, el dolor lo vence, avanza sabiendo que ha dedicado toda una vida a un proyecto que lo ha aplazado, olvidado, decantado. Se confiesa a sí mismo que su verdad le ha traicionado, no logra levantarse y andar porque la utopía por la que luchó se ha transformado y él no forma parte del proyecto.

Existe ese otro revolucionario que vive de la remesa familiar o que tiene un negocio privado, pero dicta, culpa, delata y rompe la vida de los otros, a esos que desprecia por no tener frescas sus ideas, por no apoyar un proceso que no permite tener la vida que él tiene, amparado de una economía ajena acoplada al salario en pesos cubanos. Casi siempre este tipo de “cuadro” tiene a sus hijos en el extranjero, los visita, pasea, se toma fotos en zonas memorables y regresa a Cuba melancólico para seguir enarbolando conceptos socialistas… ¿en los que realmente cree?

Tomás Gutiérrez Alea dijo una vez que el libreto de la Revolución era muy bueno, pero que la puesta en escena había quedado fatal. En el terreno de este largometraje hemos perdido buena parte de nuestros afectos, incluso aquellos que se fueron para no participar del drama entrando en otro igual de complejo: el exilio.

No existe un cubano que no tenga protagonismo en esta puesta en escena. Cada uno de nosotros atesora un diario personal que, al exponerlo, puede convertirse sin duda alguna en una novela cercana a la tragedia, un doloroso rol que pocos logran narrar sin desgarrarse.

Wendy Guerra presenta su novela más reciente, ‘Domingo de revolución’, en la Feria del Libro de Miami, sábado 19, 5:45 p.m., salón 8525 (Edificio 8, 5to piso), Wolfson Campus, MDC, 300 NE 2 Ave.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de noviembre de 2016, 3:00 p. m. with the headline "Cuba y la puesta en escena revolucionaria."

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