Cuba y Estados Unidos, tras la muerte de Fidel Castro
La historia demuestra que el embargo se agregó a la alianza de La Habana con la Unión Soviética para reforzar el férreo régimen marxista leninista. Desintegrado el régimen moscovita, la resistencia del castrismo ante la carencia de una evolución pragmática de la actitud norteamericana contribuyó al refuerzo de las relaciones de Cuba con sus vecinos de América Latina. El surgimiento de gobiernos populistas liderados por la Venezuela de Chávez hizo posible una nueva alianza que dio nuevas alternativas a la administración de Raúl, mientras Fidel presidía en la distancia.
Se afirmaba en los centros de análisis que la evolución notable del régimen cubano no sería posible bajo la sombra de Fidel, condicionando la conducta de Raúl y los sectores con modestos planes de reforma. No obstante, el régimen raulista lo ha estado intentando con éxitos verdaderamente merecedores de reconocimiento internacional. La Habana había llegado a convencer a sus vecinos que no era una amenaza, que podía contribuir a la estabilidad al sur de Cayo Hueso y que la implicación en incitar a movimientos peligrosos eran cosa del pasado.
Así se llegó al final de la segunda administración de Obama, al que le faltaba un anuncio verdaderamente espectacular que corrigiera las predicciones negativas del pasado. Se decía entonces que la inercia del mantenimiento del embargo se debía al convencimiento de que ningún presidente norteamericano quería pasar a la historia por ser el primero que había transigido ante los Castro a cambio de ninguna recompensa sustancial. Raúl, por su parte, reforzaría este argumento al afirmar que no se sentaría a negociar sin que se eliminara el embargo.
Ambos líderes sorprendieron a la opinión pública. Cuba asentía en negociar, aceptaba la reanudación de plenas relaciones diplomáticas y abría la puerta del país al turismo y a las condicionadas inversiones. Obama comenzaba una agenda de erosión impresionante de las condiciones del embargo, con notable riesgo de ser acusado de actuar sin concesiones notables de La Habana. Los vecinos de Cuba en América, ya en camino de una evolución en algunos países hacia una moderación alejada del populismo tras la desaparición de Chávez, se aprestaban en acoger la colaboración de Cuba en delicados procesos de estabilidad como el caso emblemático de la mediación en el proceso de paz de Colombia.
Ya desde los tiempos de Bush Jr, el gobierno norteamericano había dado muestras de pragmatismo al preferir la alternativa de la estabilidad ante la incertidumbre de la acelerada democratización. Se trataba de evitar una repetición del éxodo del Mariel. Se primaba la colaboración de Cuba en la seguridad de Guantánamo y la protección de las líneas de transporte marítimo. Si el precio era la inercia en la continuidad del régimen cubano, por cierto tiempo, el cargo era asequible.
En ese contexto, Washington y La Habana habían abandonado un guion incómodo que se repetía frecuentemente cuando parecía que había una posibilidad de cierto acuerdo en estabilidad. Raúl no optaría por episodios trágicos como el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate ni dar rienda suelta al éxodo de balseros. Estados Unidos cesaba de provocar con exigencias inasequibles para La Habana.
Este ambiente de cierta calma ha sido heredado por Raúl en los momentos coincidentes de la muerte de su hermano y el triunfo electoral de Trump. El nuevo presidente norteamericano tiene un dilema. Si opta por acosar a Raúl con exigencias drásticas que borren importantes concesiones de Obama corre el riesgo de una respuesta nacionalista que haga peligrar la estabilidad de la zona. Si elige mantenerse prudente traicionará sus promesas electorales. En cualquier caso, Raúl puede aparecer como ganador.
Trump puede entonces adaptar el método de su intención de rescatar ciertos aspectos de la agenda de Obama en los programas de salud. Pero la inconsistencia de sus planes y su cumplimiento dejan una impresionante incógnita en el aire. De momento habrá que esperar a la formación de su propio gabinete en materia exterior y quizá todo estará pendiente a que el régimen cubano ofrezca notable evolución con la salida del propio Raúl en 2018.
Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.
jroy@miami.edu
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2016, 6:29 p. m. with the headline "Cuba y Estados Unidos, tras la muerte de Fidel Castro."