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Opinión Sobre Cuba

El fin del imperialismo castrista

Fidel Castro (der.) con el periodista Ignacio Ramonet, autor del libro ‘Cien horas’, resultado de sus entrevistas con Castro, en diciembre del 2013.
Fidel Castro (der.) con el periodista Ignacio Ramonet, autor del libro ‘Cien horas’, resultado de sus entrevistas con Castro, en diciembre del 2013. AP

Ha desaparecido Fidel Castro, pero el castrototalitarismo comunista ha sobrevivido al cadáver de su cabeza más visible. Se aferra al poder con la única arma que conoce, la represión. De hecho, la violencia del régimen se ha intensificado desde las primeras horas posteriores a la noticia del fallecido, con detenciones, golpizas y acoso a opositoresy a la ciudadanía en general.

Ahora Castro esta muerto. Murió sin afrontar la consecuencias de sus actos, impunemente. Él, que es el responsable directo o indirecto por la muerte de más de 97,000 personas, a cuenta solo de una parte de los casos documentados.

Todos saben que fue uno de los dos hermanos dictadores, si no los dos, quien hace poco más de 4 años dio la orden de ejecutar a mi padre.

Oswaldo Payá fue asesinado por agentes de la Seguridad del Estado del gobierno cubano el 22 de julio de 2012 después de incontables amenazas de muerte. Fidel había aseverado que tomaría medidas con mi papá, Premio Sajarov del Parlamento Europeo, cuando fuera imprescindible. “Las tomaremos, pase lo que pase y cueste lo que cueste”, le respondió al intelectual francés Ignacio Ramonet ante su pregunta sobre la situación de Payá, en su libro Cien horas.

Durante estos días, uno tras otro los autoritarios del continente han proclamado su luto por la desaparición física de Fidel Castro. De ellos lo esperábamos. Pero siempre es decepcionante, si no sorprendente, ver coincidir en el supuesto sentimiento al dictador norcoreano Kim Jong-Un, junto a presidentes de países democráticos y altos líderes religiosos mundiales.

Los cubanos, por nuestra parte, tenemos el reto doble de terminar pacíficamente con una tiranía huérfana, y con la hipocresía protocolar de buena parte de la comunidad internacional, incluida la Unión Europea, Estados Unidos y el joven líder canadiense Justin Trudeau. También por eso, hemos recurrido a principios incontestables para dar forma a nuestras propuestas.

Hoy, mientras asistimos al fin de una era, cobra definitiva relevancia el valor universal del derecho a decidir nuestro futuro. Un derecho que tenemos todos los cubanos por nuestra condición de seres humanos. Un derecho que ha sido violado por más de medio siglo y que se nos niega en la Constitución cubana vigente.

Todavía los habitantes de la isla vivimos bajo un régimen excluyente a la medida del clan Castro. El mismo que engendró e incubó el llamado Socialismo del siglo XXI en Latinoamérica, ese eufemismo empleado para disfrazar y propagar los regímenes autoritarios en nuestro hemisferio, con el apoyo del aparato de inteligencia cubano y los petrodólares que proveía la Venezuela de Hugo Chávez. Ahora se especula que el próximo patrocinador del totalitarismo en Cuba sea la parte que le toca en el narcotráfico colombo-venezolano, si no lo es ya.

Los ciudadanos tenemos explícitamente prohibido por la Constitución comunista determinar como pueblo el sistema económico, político y social que queremos tener. Por eso la iniciativa ciudadana Cuba Decide invita a todos, incluso a los condolidos líderes internacionales, así como a los presidentes electos y en funciones, a apoyar la realización de un Plebiscito Vinculante sobre la opción de cambiar a un sistema democrático. Es la única herramienta que nos queda para garantizar la oportunidad de participación institucional a todos los ciudadanos, y de esa manera activar el inicio de una transición que no empezará hasta que los cubanos no seamos parte de ella.

La movilización ciudadana por el Plebiscito Vinculante en la isla es el camino que usaremos para liberarnos y liberar a América Latina de la injerencia imperial del régimen a través de la Seguridad del Estado cubana, es decir, de la voracidad del castrismo de reproducirse y perpetuarse despóticamente. Ojalá contemos con el apoyo coherente de los demócratas del mundo, no solo en el justo reclamo de nuestras libertades, sino también en la denuncia solidaria y a tiempo de todos los crímenes cometidos por quienes aún permanecen en el poder.

Las voces de la comunidad internacional son por ahora la única protección, aunque parcial, con la que podríamos contar las familias cubanas ante la represión del Estado en manos de Raúl Castro y su herederos. Ojalá no nos dejen solos a los cubanos en nuestra lucha pacífica por una vida en la verdad, pues estarían compartiendo, una vez más, la complicidad del silencio ante el asesino del próximo mártir de la disidencia cubana.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de diciembre de 2016, 1:00 p. m. with the headline "El fin del imperialismo castrista."

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