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Opinión Sobre Cuba

El legado de Fidel Castro

Los niños esperan ver pasar la urna con las cenizas del líder cubano Fidel Castro por las calles de Jimaguayu, Cuba, el 2 de diciembre de 2016, durante su cuatro día de recorrido por la isla para el entierro en Santiago de Cuba.
Los niños esperan ver pasar la urna con las cenizas del líder cubano Fidel Castro por las calles de Jimaguayu, Cuba, el 2 de diciembre de 2016, durante su cuatro día de recorrido por la isla para el entierro en Santiago de Cuba. AFP/Getty Images

Fidel Castro ha sido el político que ha dejado mayor huella en la historia de Cuba y el cubano que jugó el papel más influyente en los asuntos globales. Hijo de su tiempo, fue un líder nacionalista y comunista, gestor y consecuencia él mismo del ascenso del mundo post-colonial en el sistema internacional, y de la reacción de los pueblos latinoamericanos a las dictaduras de derecha impuestas en el hemisferio con el apoyo de Estados Unidos. Identificado con los ideales de José Martí sobre la independencia de Cuba montó una resistencia fiera al intervencionismo estadounidense que había marcado la política y economía cubana desde fines del siglo XIX. Planteó desde la perspectiva de un líder de mediados del siglo XX el desarrollo económico como resultado de una fuerte intervención del gobierno, con una planificación hostil al mercado, redistributiva e inclusiva de los sectores raciales y de clase más pobres y olvidados. Para lograr tal objetivo la revolución de Castro propuso una inversión concentrada en capital humano, desde las áreas de salud y educación.

Esas ideas las implementó al crear un estado revolucionario, de seguridad nacional, en el que el principal objetivo era sobrevivir frente una política imperial-coercitiva y forzar a una reconsideración en Estados Unidos de esa estrategia, tratando a Cuba y América Latina con respeto. Eso lo logró. El acuerdo de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU el 17 de diciembre de 2014 es resultado de la resistencia nacionalista del pueblo cubano en cuyo desarrollo el liderazgo de Fidel Castro fue una pieza clave. Derrotó con hidalguía y flexibilidad cuanto plan fraguaron la CIA y los opositores cubanos en su contra, propinándoles en Bahía de Cochinos una derrota aplastante. En la crisis de los misiles, atrajo el apoyo estratégico soviético que le permitió estar en el vórtice de la guerra fría, y obtener para Cuba las garantías mínimas contra una intervención estadounidense directa en los asuntos internos cubanos.

Sería ingrato que muchos pueblos del mundo, particularmente en África y América Latina, no le rindieran tributo al Fidel Castro en su ocaso. Cuba bajo su liderazgo envió a miles de soldados, médicos e instructores a todos los confines del mundo para enfrentar las tropas racistas del apartheid sudafricano, el analfabetismo y enfermedades como el Ébola. La misión “Milagro” promovida por Cuba en varios países ha devuelto la vista a miles de ciudadanos. En Haití y varios países africanos la contribución cubana a los sistemas de salud es esencial. Al hablar de Fidel Castro y los derechos humanos, ese apoyo a la salud global y la igualdad racial de millones de seres debe tenerse en cuenta.

Fidel Castro también fue el principal artífice de la derrota de la dictadura batistiana. Así puso al sistema interamericano en alerta sobre las posibles respuestas revolucionarias a las dictaduras de derecha respaldadas por EEUU. Con la revolución cubana se propinaron golpes fulminantes al intervencionismo e irrespeto norteamericano por la soberanía e independencia cubana, el racismo, la actitud indolente de la clase política ante los serios problemas de distribución y pobreza que tenía el país. El giro cubano al socialismo fue resultado de la habilidad carismática de Fidel Castro pero encarnó un movimiento político gestado desde la primera guerra de independencia, frustrado en las primera y segunda repúblicas de 1902 y 1940. En él se fundían demandas nacionalistas radicales con otras de justicia social como el antirracismo.

¿Cometió abusos y errores? Sin dudas. Cualquiera hayan sido los logros de la revolución cubana en términos de independencia nacional y estatus internacional, ni una economía desarrollada sustentable ni el establecimiento de una democracia con derechos civiles y políticos acordes a los estándares internacionales están entre ellos. Ningún líder debe presidir los destinos de un país por cuatro décadas. Fidel Castro rompió con la tradición democrática-liberal que defendió en el juicio por el asalto al cuartel Moncada y abolió derechos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos como inalienables. Montó un modelo económico de fuerte sesgo anti-mercado que ha probado ser una barrera a la prosperidad económica del país. En el contexto latinoamericano, la orientación comunista de Fidel Castro conectó a la izquierda latinoamericana con una visión totalitaria del socialismo poco respetuosa de la libertad individual y hostil a las rutinas democrático-representativas.

En su defensa se podría decir que a un país del tamaño de Cuba enfrentado a cinco décadas de agresiones por parte de EEUU no se le puede pedir una democracia de paz. Pero ese argumento aunque válido no resistiría un escrutinio objetivo. Hay abusos como la creación de las Unidades Militares de Abastecimiento a la Producción (UMAP) donde se maltrataron a homosexuales, religiosos, artistas y jóvenes en conflicto con los valores del sistema que no tienen relación con la amenaza externa sino con el aplastamiento comunista de la autonomía de la sociedad civil por el estado en condiciones totalitarias. Aun hoy varias de las desviaciones del sistema político cubano de los estándares internacionales de derechos civiles y políticos, como por ejemplo el unipartidismo, no son fundamentados desde el gobierno cubano en términos de emergencias derivadas de la necesidad de responder a la política de agresión externa, sino como paradigmas de una “democracia socialista”, alternativa a las democracias occidentales caracterizadas por Fidel Castro como “pluri-porquería”.

Al estudiar la Revolución Rusa, el historiador británico E. H. Carr advertía: “El peligro no es que tendamos un velo sobre las enormes manchas en la historia de la Revolución, sobre su costo en términos de sufrimiento humano, sobre los crímenes cometidos en su nombre. El peligro mayor es la tentación a olvidar todo de una vez y pasar en silencio sobre sus inmensos logros”. Esa advertencia es aplicable al legado que Fidel Castro dejará a los cubanos. Fidel encarna en su vida a la revolución cubana con sus defectos, pero también con sus logros. Ningún líder cubano movilizó tanta energía en el pueblo cubano, sembrando tanto entusiasmo y lealtad entre sus partidarios y tanto encono entre sus enemigos.

Profesor en la Universidad de Texas-Rio Grande Valley y co-autor del libro Raul Castro and the New Cuba (McFarland, 2012).

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de diciembre de 2016, 8:06 a. m. with the headline "El legado de Fidel Castro."

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