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Opinión Sobre Cuba

Cuba: no habrá paz sin justicia

Oswaldo Payá (centro), líder del Movimiento Cristiano Liberación, lleva una caja con las 14,000 firmas en apoyo del Proyecto Varela, en octubre del 2003, en La Habana.
Oswaldo Payá (centro), líder del Movimiento Cristiano Liberación, lleva una caja con las 14,000 firmas en apoyo del Proyecto Varela, en octubre del 2003, en La Habana. AP

Lo único que realmente lamenté la noche del 25 de noviembre al conocer la noticia de la muerte del dictador Fidel Castro fue que muriera sin ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad que cometió directamente o que ordenó en contra de miles de seres humanos. La promoción de la libertad y el respeto a los derechos humanos deben ser los dos aspectos fundamentales para diferenciar a un estadista de un tirano. Ya sabemos que Fidel Castro durante toda su vida persiguió, asesinó y encarceló a quienes osaran levantar las banderas de la libertad y los derechos del pueblo cubano.

El discurso de barricada preparado por la propaganda castrista cuando se entronizó en el poder en 1959 ha sido utilizado por el régimen desde entonces para justificar la violación sistemática a los derechos del pueblo de Cuba. La falta de derechos fundamentales en Cuba se justifica con los mitos de educación y salud gratuitos, una teoría falsa en fundamento y en la práctica.

El legado de Fidel Castro no solamente es la miseria material y moral de la nación cubana, sino la creación de uno de los sistemas de opresión más férreos e implacables que haya conocido el hemisferio occidental.

Los Castro, en su ambición de poder omnímodo, han querido aniquilar completamente la voz y el espacio de la persona, del ciudadano, en un esfuerzo feroz por convertir al ser humano en masa amorfa, alienado, sumido en la degradación más profunda, perdido en el abismo de la nulidad.

Hay una novela corta de Reinaldo Arenas, El asalto, que narra la psicología de uno de estos seres alienados y alienantes, represor y reprimido, un breve compendio sobre la infamia y el desprecio por la belleza de la libertad de esos engendros que el régimen orweliano ha llamado “el hombre nuevo”.

Es indudable que con la muerte del dictador mayor, se abren nuevamente las heridas de las víctimas de la represión, cuyos crímenes aún permanecen impunes.

Este es el momento de levantar la voz desde la libertad del destierro para denunciar lo que Fidel Castro y su hermano Raúl han hecho y siguen haciendo a la nación cubana.

Este Día Internacional de los Derechos Humanos, el sábado 10 de diciembre, más que nunca se escuchan las dignas voces de jóvenes como Virgilio Campanería o Alberto Tapia Ruano al morir frente al paredón de fusilamiento. El grito callado de los cientos de niños ahogados en el Estrecho de la Florida. La luz meridiana de Pedro Luis Boitel, Carmelo Cuadra, Orlando Zapata Tamayo entre otros cubanos muertos en huelgas de hambre en las prisiones castristas. El sufrimiento de las familias del Escambray. Los jóvenes valientes de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate.

Este Día Internacional de los Derechos Humanos veo a Laura Pollán vestida de blanco, caminando las calles de La Habana; y a Oswaldo Payá entregando las firmas del Proyecto Varela ante la Asamblea del Poder Popular, ambos asesinados de forma encubierta por el régimen castrista.

La muerte del dictador en Jefe abre una brecha para volver a traer a la opinion pública y a las instancias internacionales los casos de nuestros hermanas y hermanos ultimados por el odio y la opresión implantados por Fidel Castro. No podemos callar, no podemos dejar de creer en la justicia. No importa que Estados Unidos tenga ya desde hace tiempo una política de apaciguamiento con los victimarios del pueblo de Cuba, o que la Unión Europea haya eliminado su Posición Común, o que los hipócritas diplomáticos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU hayan guardado un minuto de silencio para honrar al asesino Castro.

Si la exigencia del respeto a los derechos humanos no es la columna vertebral de las políticas internacionales hacia Cuba, sí lo es de la lucha que lleva a cabo la Resistencia dentro de la Isla.

Jamás podrá haber paz en Cuba sin justicia. Este es el momento de levantar la voz por nuestros muertos, nuestros presos, nuestras familias separadas, nuestros sueños mutilados por el odio castrista. No es venganza, es el derecho a la verdad y a la justicia que merecemos como seres humanos, e hijos de Dios.

Escritora cubana exiliada

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2016, 7:16 p. m. with the headline "Cuba: no habrá paz sin justicia."

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