Opinión Sobre Cuba

Arcoíris turbio

El canal por cable HBO hizo coincidir el estreno del documental Patria o Muerte: Cuba, Fatherland or Death, de la realizadora española Olatz López Garmendia, panorama devastador de la disfuncionalidad de la sociedad cubana sometida a casi sesenta años de dictadura, con Mariela Castro’s March: Cuba LGBT Revolution, suerte de retrato en vivo de quien dirige el centro de educación sexual CENESEX en Cuba, hija de Raúl, actual dictador en funciones, y sobrina del déspota que acaban de inhumar.

Mariela devino “sexóloga en jefe”, luego de desactivar la labor de su antecesora, la alemana Monika Krause, quien debió afrontar con bravura e incomprensión el machismo y la homofobia de la casta gobernante en la isla, durante los primeros años de la ordalía socialista, amparada por la “heroína de la Sierra Maestra” de origen burgués, Vilma Espín, progenitora de Mariela.

Casi siempre rodeada por una corte bulliciosa de miembros de la comunidad LGBT, en tanto acepten ser explícitamente revolucionarios, Mariela higieniza la saga oscura del castrismo en materia de represión sexual.

El documental la presenta como una cubana con atributos excepcionales y privilegios. Ostenta una bella sonrisa, algo de lo que no se pueden vanagloriar muchos de sus coterráneos por la crisis estomatológica que asola las dentaduras criollas.

Sabe que nada le ocurrirá cuando va por los pueblos en sus campañas contra la homofobia rodeada de pintorescos travestis para hacerle preguntas provocadoras a los campesinos sobre orientación sexual y parejas del mismo sexo.

A esos saraos se incorpora su esposo, un fotógrafo de origen italiano, quien recientemente hiciera en París una exposición con imágenes de la comunidad LGBT cubana y quien también se refiere a los mismos con lastimosa condescendencia: “Se ven obligados a ponerse senos y a hacerse el cambio de sexo, buscando ser aceptados. Pero es cierto que también otros conviven con su pene, aunque no les guste, ya que eso les permite prostituirse para subsistir. Es una vida que está llena de contradicciones”.

No obstante su felicidad manifiesta en congas callejeras y espectáculos teatrales con seguidores agradecidos, pues se trata del único reconocimiento oficial que han disfrutado, algunos testimonios del documental arañan la puesta en escena de una narrativa leve y tergiversada, para revelar aspectos tenebrosos a los cuales han estado sometidos los gay en Cuba.

Uno de los entrevistados recuerda como durante el nefasto campo de concentración de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), un joven conocido es castigado en el descampado a mirar el sol por horas y se vuelve invidente. Durante la entrevista muestra su carné de identidad donde se asienta que fuera confinado a la UMAP, lo cual le impidió durante años progresar laboral o académicamente.

En conversación directa con Mariela, quien se presenta paternalista y desprejuiciada, le dice que el régimen nunca les ha extendido una disculpa a lo cual ella responde, presurosa, que por lo pronto le ofrecía la suya, con generosa espontaneidad.

El realizador del documental Jon Alpert, quien es dueño de una filmografía investigativa prestigiosa, aquí evita profundizar en el tema y mucho menos aprovechar que está en familia para preguntarle a la Castro sobre el artífice de la UMAP, la llamada parametración de artistas e intelectuales gays y la homofobia del Congreso de Educación y Cultura, así como por la detención obligatoria de los enfermos de SIDA en el sanatorio de Los Cocos, entre otras medidas que contribuyeron al estado de opinión peyorativo que aún pervive en buena parte de la población cubana y que ahora intentan enmascarar mediante la sexóloga y parlamentaria, que no admite ni grupos ni opiniones alternativas a su prédica castrista.

Crítico y periodista cultural.

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