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Opinión Sobre Cuba

Wendy Guerra: pido que la política no separe a los cubanos

Un grupo de personas en el Malecón habanero en noviembre.
Un grupo de personas en el Malecón habanero en noviembre. AP

Regresan los amigos.

Regresan a vivir en Cuba o de visita. Algunos vuelven dejando todo atrás o deciden tener Cuba como segunda residencia. A algunos les espera aun una familia numerosa, otros han reclamado o perdido ya a los suyos y nosotros somos su única familia en la isla.

La ciudad es la misma… solo las restauraciones o desplomes la han cambiado, nuestras almas se transforman en una lucha voraz por ser mejores, por seguir pareciéndonos a lo que, en esencia, un día soñamos ser.

Recorren las calles llenas de fantasmas, deshacen los recuerdos con la música alta, los gritos y los cables sueltos sobre el agua que drena como lágrimas desde los centenarios edificios, pero todo eso también somos hoy La Habana y sus habitantes.

Allí, en la puerta de la galería su ex mujer y él se enamoraron. En esta baranda su hermana le contó que estaba embarazada. Esta fue la escuela primaria donde aprendió a leer y escribir. Bajo las cúpulas, justo en el aula de Artes Plásticas de la antigua ENA hizo el amor por primera vez y en el Cementerio de Colón descansan todos sus antepasados.

Entonces, ya es hora. ¿Por qué no regresar? ¿De qué parte del mundo las personas se van para siempre? No, señor, lo natural es retornar con tus hijos y nietos a ocupar tu territorio, integrar ese lugar donde naciste, donde tu corazón dice pertenecer. Esto hay que reclamarlo como derecho, es hora. Volver para contar anécdotas y sentir –junto a los tuyos– la brisa suave o el torbellino de tu infancia.

Las llagas son más profundas cuando no puedes conscientemente sanar la herida, recorrer las rutas de dolor, airarlas, matar el daño que deja la distancia, naturalizando el territorio con la mirada.

Regresan para ocupar su lugar en el mundo, regresan para integrar y nutrir con lo aprendido un país que los necesita y que puede aprender de ellos, de su experiencia única.

Pero, ¿cómo conducirse en la vida práctica cubana? ¿Cómo sobrevivir a la mecánica doméstica? ¿Dónde “conseguir” o “resolver”? ¿Cuál es el ritual de resistencia?

Esa es una de nuestras ocupaciones, legar las claves de nuestra realidad para hacerles menos difícil el aterrizaje en un país que, perteneciendo a Occidente, tiene un modo poco occidental de conducirse. Lo que puede resultar cívico a muchos les parece ofensivo, lo que debe encontrarse naturalmente hay que “lucharlo”, lo que antes parecía sencillo hoy resulta imposible de lograr con las herramientas originales y lo que todo el mundo piensa es lo que nadie se atreva a gritar libremente.

Les hacemos una cartografía posible de la ciudad: en este sitio se come mal, pero puedes encontrar muy buenos dulces para llevar. Aquel restaurante es el mejor lugar para pasar una velada agradable. Aquí encuentras cemento y pintura de aceite para arreglar la casa de los padres. En esta tienda casi siempre sacan leche o pan de molde y éste es el único carpintero que restaura bien y no es carero.

Abrimos nuestras terrazas, adecentamos los patios, desempolvamos la vieja guitarra y aunque en realidad la Navidad no es ya parte de nuestro mundo real, cantamos, bailamos, cenamos celebrando juntos este fin de año. Anhelamos que el próximo regresen muchos amigos más, que su presencia cure nuestro síndrome del nido vacío, rogamos que la ausencia sea por meses y no por décadas, que ocupen su lugar quienes desaparecieron un día en “el triángulo de las Bermudas” del Aeropuerto Internacional José Martí.

Necesitamos que sea el apego y la sangre ese pulso de cohesión, que la carretera sea hoy de ida y de regreso.

Este año he visto opinar y presentarse aquí en público, micrófono en mano, amigos que llevan más de 20 años en el exilio. Sus textos, ideas, formas de expresión pertenecen de modo inseparable a nuestra nación. Rolando Prats “Cayo”, Armando Correa, Néstor Díaz de Villegas, Rafael Fornés y los hermanos Trelles (arquitectos), Armando Suárez Cobián e Iván de la Nuez (entre otros) han vuelto a expresarse en aquellos lugares de los que nunca debieron haber desaparecido.

Este es también uno de los modos de volver a casa, asaltando el vacío, aprendiendo la dura, descarnada lección.

Fui de esas niñas cubanas que nunca pidió un regalo a sus padres, nunca exigí lo imposible, no tuve Santa Claus, ni vacaciones en Varadero; supe siempre dar sin recibir nada a cambio, pero este año por primera vez yo sí pediré.

Pido que en nuestras mesas y en nuestros hogares cada cual tenga derecho a quererse, a vivir y crear juntos pensando diferente, que podamos convivir todos juntos en una nación que pide a gritos nos pongamos de acuerdo. Pido que en lo adelante la política ya no nos separe.

Escritora, reside en Cuba.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de diciembre de 2016, 7:04 p. m. with the headline "Wendy Guerra: pido que la política no separe a los cubanos."

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