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Opinión Sobre Cuba

La Habana espera

Un hombre camina por el Malecón de La Habana, el 13 de enero, un día después que el entonces presidente Barack Obama anunciara el fin de la política migratoria de pies secos, pies mojados.
Un hombre camina por el Malecón de La Habana, el 13 de enero, un día después que el entonces presidente Barack Obama anunciara el fin de la política migratoria de pies secos, pies mojados. AP

La Habana ha envejecido como novia que espera al amante, como decía Martí de las palmas. La Habana envejece esperando tiempos mejores.

La Habana en ruinas permanece intocable, como novia olvidada. Descascarada, arrugada, adolorida, maltrecha, espera el milagro de futuros alentadores. Los años la han vestido con capas de mugre, salitre, ruinas de vientos, lunas y soles cansados, hojas y aguas sucias, adoquines rajados, rejas oxidadas.

La Habana sufre y espera un amanecer de resplandores, de bríos púberes que la saquen de la agonía final.

La Habana mira hacia el norte para no perder el camino. Su brújula apunta a nuevos siglos que la cubran de luz para caminar al compás del mundo moderno. A la par de grandes ciudades que antes competían con ella.

Sus hijos la abandonan para encajar en el futuro. Huyen del retroceso, desprecian la miseria, asqueados de su mal olor; estancados en la persecución, culpan a todos menos a ellos mismos de la ignominia.

Para otros, La Habana es una tentación. Van a verla con sueños en la maleta, unos buscando el pasado, otros buscando los placeres fáciles: música, baile y carne joven para pasar un buen rato. Esos son los turistas del momento, y los que se fueron a buscar plata fuera y regresan con el baúl lleno de alimentos y esperanza. La Habana está de moda y más si tienes con qué pagarla. Para estos nuevos “turistas” es una Habana alegre y bullanguera, rítmica y vanidosa, como ha sido siempre. Eso es solo la Habana cosmética, la preparada, la maquillada y disfrazada, la ciudad turística. Detrás de la fachada, es la ciudad depravada, la que se comieron los hijos de la fuerza y el poder.

La verdadera Habana es la prostituida por las hordas extranjeras, la humillada por la limosna y la complacencia, la derruida por la indiferencia universal; la distorsionada por la inercia, la que se desintegra por fuera y por dentro. La Habana subterránea donde esconde su fetidez y araña sus entrañas.

La Habana que espera es la que aspira a parir hijos más sabios, con ojos más limpios, planes más puros; hombres y mujeres más nobles que labren una tierra más fértil. Esa Habana quiere olvidar los tambores del odio, las promesas incumplidas, los discursos mentirosos.

Hay una Habana que mira las estrellas y se baña en su luz. Permanece añorante de días más claros, hijos menos egoístas y más laboriosos que la ayuden a levantarse, curarse de tanta epidemia, y tanto dolor de ausencia.

La Habana amante y prisionera aguarda el abrazo limpio, sin odio ni envidia.

La Habana necesita el amor del enamorado, la fe del conquistador, la esperanza del renovador, la claridad del sabio.

La Habana-madre abre sus brazos a los apóstoles de la justicia, a los misioneros del trabajo, los constructores de la ética, los sacerdotes de la tolerancia, los gobernantes de la libertad.

La Habana espera en el andén. Para ser libre.

Escritora y periodista cubana.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2017, 4:07 p. m. with the headline "La Habana espera."

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