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Opinión Sobre Cuba

Exagerar la realidad cubana

Personas descansan en el malecón habanero, en enero del 2017.
Personas descansan en el malecón habanero, en enero del 2017. AP

La exageración en la narrativa es uno de los vicios más comunes en el universo de los autores contemporáneos. Encontrar una medida en la dosis del alimento narrativo de las historias es la verdadera clave para la credibilidad dramática.

El problema de lo verosímil en el cubano es que, para nosotros el superlativo es parte de nuestra sangre y nuestra idiosincrasia. El desprendimiento, la nostalgia y el abandono crean un efecto de distancia que, a la postre, nos ha hecho desmedidos en la manera de repensar nuestras vidas.

Me he preguntado muchas veces si recordamos nuestras vidas como en realidad han sido. Enmendar la plana, zurcir los agujeros e inventarnos un pasado para justificar o limpiar nuestros actos habla de esa otra literatura, la ficción de nuestra realidad personal.

La literatura de Europa del Este está bordada de autores que se confiesan culpables o conscientes de sus roles en las sociedades cerradas del siglo XX. Me pregunto si los cubanos ya estamos listos para abrir descarnadamente las puertas al drama que nos narra y trascender con rigor los límites del miedo para llegar a la autoficción.

Informe contra mí mismo, de Eliseo Alberto Diego es, sin duda alguna, una pieza esencial en la revisión rigurosa de nuestra memoria.

Por más que uno trate de edulcorar sus vivencias, lo que se deja atrás late como una amenaza bordada de testigos. Nuestros pasados son bombas que pueden explotar de un momento a otro ante el liviano paso de un niño rastreando el origen de sus padres.

Una isla es demasiado pequeña para esconder la evocación de quienes nos saben espectadores o protagonistas.

Detrás de las reacciones desmedidas en las entrevistas, los insultos irrespetuosos en los medios, la vulgaridad en los calificativos públicos se esconde siempre un culpable.

La verdad individual mirada en pasado se matiza generalmente por un efecto traicionero: la memoria emotiva. Adaptación de un pasado dramático en busca de una aceptación en el presente, acomodo de nuestras antiguas acciones hacia un futuro más ajustado a cómo queremos ser recordados.

Para una autora cubana como yo es complejo traducir a sus editores las claves de una sociedad tan particular como la nuestra, y es que la verosimilitud de los actos y personajes no tiene sustento en los códigos tradicionales por los que los lectores occidentales están acostumbrados a transitar. Lo que aquí se vive no solo tiene bases ancladas en el realismo mágico o en lo real maravilloso. Nuestra existencia se ve acosada por el aislamiento y la autofagia, es por eso que nuestros gestos, vistos desde afuera, resultan absurdos, desproporcionados, indescifrables o exóticos.

La sexualidad, el conflictivo nexo con nuestras costumbres endémicas y tradiciones, la brujería, la vigilancia, la escasez, la delación, el desapego, el drama doméstico cubano y las vivencias interpersonales fundidas en estos años de resistencia son muy complicadas de transcribir.

La relación endogámica con el poder, la política que decide tu vida entera, la censura, la música y el ron como droga cotidiana para aguantar la imposibilidad de tomar las riendas de tu existencia, la conciencia de ser una criatura propiedad del estado necesitan una estructura específica para, desde allí, ser decodificada.

El acto de exagerar nuestro diario acontecer le ha costado la credibilidad a muchos escritores del patio que, en realidad, no necesitan agrandar –para bien o para mal– lo que aquí sucede. Nuestra realidad es ya desmedida, surreal e incoherente y encontrar esa medida es el gran valor de la literatura cubana actual.

Mantener el sentido común en un contexto tan absurdo como único es el ejercicio más difícil que atravesamos diariamente.

Viendo las imágenes de la frontera entre Estados Unidos y México, donde, a punto de lograr su objetivo, padres, hijos, hermanos y esposos son expulsados del camino final, asomados ante el increíble desenlace del intríngulis “Pies secos, pies mojados”, me pregunto: ¿Existirá entre ellos algún escritor que logre captar con verosimilitud la gravedad de esta tragedia humana?

Necesitamos contar nuestra realidad de manera virtuosa. Es esa la mejor ofrenda que podemos legar a nuestros lectores cubanos y extranjeros de hoy y a quienes nos lean en varias décadas buscando reconstruir lo que hasta ahora no explica la memoria histórica.

Señoras y señores, esto es muy fuerte: no hay que exagerar.

Escritora. Reside en Cuba.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2017, 7:57 p. m. with the headline "Exagerar la realidad cubana."

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