La violencia se cosecha en La Habana
La represión de la dictadura cubana contra la oposición pacífica, los periodistas independientes y los artistas libres no se rebaja o se intensifica por la ideología o la política que propongan para esa isla los inquilinos de la Casa Blanca. El terror y su modelo de gestión para controlar a quienes quieren libertad y progreso para Cuba tienen su origen mucho más temprano y en su sitio más allá de Washington: Moscú, a principios del siglo pasado. El rango de las palizas, los allanamientos, los mítines de repudio, el acoso y la cantidad de años de prisión se definen en una oficina de La Habana.
El uso de la fuerza para callar a la oposición, ya se sabe, está en el programa genético del socialismo real y sus promotores tienen que ser fieles a ese esquema para mantenerse en el poder por encima de los valores humanos, la ruina económica y la vida de los ciudadanos.
Así es que los represores se mantuvieron activos y pródigos a lo largo de todo el gobierno del ex presidente Barack Obama tal y como han actuado siempre. Y continúan con el mismo rigor después de la llegada de Donald Trump. La intensidad de la fuerza represiva se decide dentro de las fronteras, bajo el sol del Caribe, de acuerdo al nivel del temor de los comunistas ante la posibilidad de que la oposición convoque a las calles a los grandes sectores de la ciudadanía cautiva y sin porvenir.
Los jefes de aquel engendro sólo atienden a las potencias extranjeras, tanto a Estados Unidos como a los países de la Unión Europea, a la hora de recibir inversiones, ayudas y cualquier apoyo que les ayude a seguir en sus sillones y les permita garantizar una sucesión de parientes o servidores leales.
A ellos no les importa lo que opinen sus proveedores sobre la democracia, los derechos humanos y todas las libertades abolidas en Cuba. Si acaso hay que hacer algún debate público sobre esos temas escabrosos también tienen a mano una retórica traducida del ruso que sus interlocutores aceptan en silencio y siguen adelante.
Los opositores, los periodistas y los artistas libres y todo aquel habitante de Cuba que muestre un signo de resistencia o inconformidad tampoco pueden contar con los políticos que dirigen la mayoría de los países de la región. Esta semana, en una reunión en República Dominicana, hicieron –conmovidos y tristes– un minuto de silencio por la muerte de Fidel Castro.
Lo dicho. Ni en la Casa Blanca ni en ningún palacio gubernamental del mundo se aviva o se aplaca la represión. La fluctuación del terror estatal cubano es autóctona.
Poeta y periodista cubano.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de enero de 2017, 8:30 a. m. with the headline "La violencia se cosecha en La Habana."