Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Cuba

El machismo leninismo en Cuba y la ausencia de mujeres en el liderazgo político

Una mujer observa el teléfono celular en el Malecón habanero.
Una mujer observa el teléfono celular en el Malecón habanero. AP

Cuando me siento a conversar con mis colegas de otras partes del continente detecto que el machismo en Cuba no se proyecta de modo semejante al del resto de América Latina.

El hombre cubano ha tenido que asumir la crianza de sus hijos al encontrarse muchas veces solo al frente de las tareas domésticas debido a las múltiples funciones que la Revolución ha destinado a las mujeres. Es bien frecuente encontrar a un padre cubano haciendo trenzas a sus hijas pequeñas al amanecer, pegando botones, planchando, lavando y llevando al colegio a sus hijos perfectamente acicalados. Estas familias, por diversas circunstancias políticas y sociales, han sido divididas y es muchas veces el padre quien hace la labor de ambos dentro de un hogar muy poco tradicional para las normas del tercer mundo latinoamericano. Estos casos nos son excepcionales pero tampoco todos los hombres soportan por mucho tiempo llevar dicha responsabilidad a tiempo completo.

Los cubanos no podemos acceder libremente a las cifras reales de fallecimiento por agresiones físicas domésticas, tampoco es público el registro policial de denuncias por maltrato de palabra o violencia física. Los artículos en los periódicos oficiales solo hablan de “estadísticas de la región” “móviles pasionales”, “problemas culturales” “rezagos del pasado”, “alcoholismo”, pero jamás se clarifican las cifras.

Escuchas que una mujer se “pegó candela” atormentada por una relación tóxica, acorralada por los celos, el acoso o el abandono de un hombre. Ves a una mujer golpeada en un centro laboral, encuentras rasgos de machismo en el modo en que se distribuye el trabajo en el hogar. Esos son los síntomas más frecuentes.

Los matrimonios cubanos ventilan sus problemas con las ventanas abiertas, y desde tu balcón, adviertes el violento desenlace de una relación amorosa que deriva en insultos, gritos, malas palabras y hasta golpes o portazos al calor del combate. La pelea y los insultos ya son parte de la banda sonora del cubano en su vida diaria, custodiada y vigilada por vecinos, familiares, amigos y las organizaciones de masas que se inician en los Comité de Defensa de la Revolución de los barrios y continúa en los centros de estudio y trabajo.

En Cuba se le sale al paso al hombre que le levante la mano a una mujer, eso de “entre marido y mujer nadie se debe meter” aquí no se cumple cuando de violencia femenina se trata.

Las mujeres y los hombres de mi generación aprendimos –desde la adolescencia– a disparar con armas de fuego, generalmente rusas, en las clases obligatorias de Preparación Militar. Sería extraño que una mujer entrenada para la “defensa de la patria” para “vencer o morir” desde su etapa formativa se dejara pegar sin responder al golpe.

La infidelidad en Cuba es parte del carácter casual de las relaciones humanas llevadas en una vida de resistencia. Las guerrillas, las movilizaciones, la convivencia en internados lejos de nuestras casas, nos han hecho –en la mayoría de los casos– propensos a relaciones inconstantes. Por eso, tanto mujeres como hombres deciden romper bruscamente sus matrimonios por haber encontrado el amor, el deseo, la admiración en otra parte; o simplemente por necesitar un cambio de vida. Para nosotros es más fácil cambiar de marido que de país, de matrimonio que de sociedad.

Es sabido que para los hombres cubanos ser infiel, mostrar una relación fuera del matrimonio es una medalla, pero en muchos casos son las mujeres quienes mantienen largas relaciones paralelas o rehacen su vida tras pedir el divorcio. La bonanza económica, las copiosas herencias, la conservación de un matrimonio por dinero no es algo usual en nuestras vidas. Por lo general cada cual se va con lo puesto, y la casa, si la hubiese, se divide a la mitad. La mujer cubana tiene una gran capacidad de reinvención, es una guerrera nata y saca a sus hijos adelante a pesar de las crisis, los exilios y el machismo disfrazado debajo del cartel de la igualdad.

¿Por qué en el mundo socialista nunca hubo presidentas mujeres? ¿Por qué no hay un movimiento feminista activo en Cuba? ¿Es acaso el feminismo contrario a los preceptos revolucionarios, marxistas, socialistas?

Si tratas de recordar la jefatura política cubana emplazada en cada acto, en cada aniversario en la Plaza de la Revolución, evocarás, en su mayoría, hombres vestidos de verde olivo situados debajo del monumento a José Martí pasando revista a un desfile militar.

El liderazgo político femenino en las altas esferas es hoy poco probable. Sería impensable tener una presidenta mujer. Claro que los cubanos quisiéramos encontrar ministras y jefas del ejército, pero la igualdad en ese sentido no ha sido posible. Estos cargos los desempeñan siempre hombres entrenados en una tradición de género al que me he animado a nombrar machismo leninismo.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2017, 3:58 p. m. with the headline "El machismo leninismo en Cuba y la ausencia de mujeres en el liderazgo político."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA