Cuba y Venezuela, cuesta arriba
Las perspectivas de que la oposición cubana y la venezolana logren cambiar los gobiernos que confrontan son realmente limitadas, a pesar de los muchos esfuerzos y sacrificios de los sectores que las conforman. Los resultados hasta ahora no permiten vislumbrar cambios significativos en ninguno de los dos países.
Esta consideración no es para darse por vencido, al contrario, debería ser un acicate, un látigo que al golpear impulsa a la víctima y la compromete todavía más en la destrucción de los opresores y al cambio de régimen.
Hay que tener en cuenta que sembrar la desesperanza, difundir la convicción de que no hay escapatoria, que la clase dirigente es omnipresente y omnisciente es una misión básica para los regímenes autocráticos. Entrampar a los ciudadanos es un punto clave de su proyecto.
Cierto que ambas oposiciones trabajan en escenarios diferentes, pero el enemigo es de similar naturaleza, aunque difieren en la intensidad de sus prácticas represoras y en el control que ejercen sobre la actividad económica y de la sociedad en general. El objetivo de los que detentan el poder es idéntico: conservar el control de forma absoluta y a perpetuidad.
La oposición venezolana cuenta hasta el momento con un mayor espacio operativo pero tal vez esa particularidad implica que una parte de quienes la componen consideren a los representantes del chavismo como adversarios y no lo que en realidad son, enemigos mortales de quienes osen retarles, más aun, de todo aquel que no se sume a sus designios. En este aspecto, funcionan igual que la dinastía de los Castro.
El régimen de Maduro es confrontado básicamente por una entidad capaz de movilización y gestión, la Mesa de la Unidad Democrática, pero, al parecer, esa sombrilla de organizaciones está enfrentando serios problemas operacionales y un desgaste difícil de superar motivado por la pugnacidad de las partes que la integran. También hay sectores de la oposición que no acaban de entender que el gobierno es su enemigo y no un rival respetuoso de las reglas de la contienda democrática.
La oposición se nutre de quienes comparten sus propuestas. Su liderazgo se fundamenta en la confianza que ha ganado en la población. Al no contar con los beneficios del poder para cautivar al electorado, debe evitar contradicciones y la improvisación de procedimientos cuya preparación da aliento, pero cuando concluyen, solo dejan frustración y amargura.
En Cuba el escenario de gestión del opositor es más reducido, al extremo que el régimen no le reconoce el derecho a la existencia. La labor opositora es reprimida y las posibilidades de acceder a los medios de información nacionales es literalmente imposible. El control social y económico del castrismo no tiene precedentes en el hemisferio, determinando que los opositores se enfrenten a circunstancias para las cuales no hay antídotos.
A diferencia de Venezuela en Cuba se puede decir que existen varias MUD pero ninguna tiene las posibilidades de gestión ni la dimensión de la que enfrenta al chavismo.
Hay sombrillas que agrupan a diferentes organizaciones que elaboran sus propios planes operativos, hay dirigentes políticos que constituyen una entidad y a la mayor brevedad crean otra abandonando la anterior, eso puede ser para neutralizar en alguna medida la capacidad represiva de la dictadura, pero si ese no es el motivo u otro de igual importancia, es síntoma de una inestabilidad que perjudica el objetivo final de cambiar el sistema.
En el proceso contra los Castro se ha apreciado desde los lejanos 60 pugnacidad y enfrentamientos entre los líderes, una situación que se sigue repitiendo y que la dictadura exacerba manipulando información y desprestigiando a los opositores
La situación para los dos países es compleja. Mientras más gobiernen los Maduro y los Castro, más desastroso será el futuro y la restauración de ambas sociedades. Más traumática la transición a la democracia.
El tiempo apremia. Se debe trabajar con visión de Patria, no de cabildo.
Periodista de Radio Martí.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de febrero de 2017, 7:09 a. m. with the headline "Cuba y Venezuela, cuesta arriba."