Opinión Sobre Cuba

Cine de nuestro tiempo en el Tower

La obra del cineasta cubano Fernando Pérez regresa al Festival de Cine de Miami, que presenta el Miami Dade College. La vida es silbar, Suite Habana, Madrigal y El ojo del canario, anteceden en el evento a su nueva producción Últimos días en La Habana. Pérez es, tal vez, uno de los directores, con residencia en Cuba, que ha capeado todos los temporales políticos para figurar en este foro, aunque nunca lo ha hecho de manera personal.

Recientemente concedió una entrevista en Alemania donde asistía a la Berlinale. Volvió por sus fueros sobre la terrible situación que vive su país cuando comparó los protagonistas de Suite Habana con los de su nueva película: “Yo siento que los personajes siguen siendo los mismos. Lo que las actitudes ante la realidad han cambiado, se han hecho más duras, más violentas, menos comprometidas”.

En la prensa cubana estos juicios del que está considerado el más distinguido director de la cinematografía de la isla, no figuran. Ni siquiera cuando cierra su conversación con una opinión que se ha vuelto lugar común entre los artistas de izquierda, aunque sigan viviendo bajo una dictadura de 58 años: “Hay evidentemente una crisis del sistema político norteamericano. Ojalá yo pueda vivir cuando ya la era Trump no exista”.

La muerte de Fidel Castro no les ha facilitado mucho la vida creativa a los artistas cubanos. Aquel “miedo” del cual le hablara directamente un temeroso Virgilio Piñera, al principio de los años sesenta, se ha metamorfoseado en otros pánicos.

Ahora se ha dado a conocer que durante la próxima Muestra Joven del ICAIC, que reúne las obras cinematográficas más notables y, en no pocas ocasiones, contestatarias de las nuevas generaciones, se realizará una fiesta anti Trump con el lema “Contra la corbata roja de Trump, la Muestra se pone la corbata negra de Martí”.

Generalmente los cineastas cubanos tienen que recurrir a estas artimañas para que los dejen ser, circunstancia, sin duda, muy triste. En el fondo, se van anulando en su propio contexto. Pierden credibilidad y respeto del público atropellado que sirve de inspiración para sus especulaciones argumentales.

Ahora es Trump pero antes fue la mención de Miami o de algún personaje peyorativo imaginado a su sombra, la patente de corso para poder comentar la realidad cubana con alguna agudeza.

La posibilidad de la metáfora y el símbolo, tan caros al otrora cine socialista europeo, hoy resultan inapropiados en un país donde “la vida ha dejado de silbar”, para entonar la procacidad del reguetón hasta la aniquilación física y espiritual de las nuevas generaciones.

Unos pocos cineastas, sin embargo, se han llevado la seña de los nuevos tiempos, Ernesto Daranas en tono melodramático, Carlos Lechuga con un realismo crítico irreprochable, y Eduardo del Llano, en el universo desenfadado del humor y el sarcasmo, donde se cantan las cuarenta con una carcajada.

Hoy jueves se ofrece la oportunidad en el Teatro Tower del Miami Dade College, a las 7:00 p.m., de disfrutar, por primera vez en esta ciudad, del realizador Eduardo del Llano en persona. Allí se exhibirán tres de sus emblemáticos cortometrajes, Brainstorm, Casting y Epica y, de su propia voz, se sabrán los avatares de un hacer artístico sin concesiones ni trucos complacientes.

Las historias y personajes de este guionista y escritor se expresan sin tropología ni dobles lecturas. Sus cortos corren paralelo y de manera alternativa a la historia del cine cubano contemporáneo y el día menos pensado serán referencia obligada para dilucidar un tiempo, parafraseando a Fernando Pérez, cuando ya los Castro no existan.

Crítico y periodista cultural.

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